Lo castigaron por dar una mano. O un pie, en todo caso. El futbolista argentino Adrián Bastía recibió más de una expulsión en su carrera por juego brusco, pero nunca se imaginó que vería la tarjeta roja por meter una trabada que tuvo como fin ayudar con la seguridad en un estadio, como le ocurrió este sábado en Grecia.
El Polaco pasó de héroe a villano, ya que había marcado el gol del empate para su equipo, el Asteras Tripoli, ante el Panathinaikos por la Copa UEFA. Pero al rato dejó a los suyos con diez.
Fue cuando un particular invadió el campo de juego y, mientras éste era corrido por el personal de seguridad, el santafesino no tuvo mejor idea que ayudar con una zancadilla al hincha, que cayó al suelo y fue capturado.
El árbitro del partido, con el reglamento en la mano y con cero sentido común, lo sancionó como si hubiese volteado a un rival y lo echó.