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10:10 | domingo, 06 de mayo de 2007 |
Noticias | Ciudad y Región |
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El café filosófico: un intento de democratizar el conocimiento |
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La movida que tiene más de 20 años de antigüedad en Francia, ya vio la luz en Rosario y atrae a público tan diverso como fluctuante. Con pocas reglas y pocos límites, el diálogo científico se abre a la gente, café de por medio |
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El origen de este movimiento se remonta indistintamente a la antigüedad clásica o al siglo XVIII en Francia, pero su reactivación se produjo en los años 90 en París. Desde entonces, numerosas ciudades del mundo lo adoptaron como una forma de popularizar el debate sobre las ideas, fuera de los ámbitos académicos y escolares.
El denominado “café filosófico” o “café científico” se inscribe en un movimiento cultural con difusión a nivel mundial que tiene como objetivo principal difundir la filosofía en forma abierta a todos aquellos interesados en participar, sin obligación de poseer conocimientos previos.
Parten de la idea de reunir a la gente con los científicos en un ámbito no formal, como es un bar, para desentrañar entre todos y con la coordinación de un animador o conductor, temas relacionados con la ciencia, la tecnología y las situaciones cotidianas de la vida.
En Rosario, la primera experiencia se gestó hace un año con la iniciativa del grupo “Tomátelo con filosofía” (www.tomaloconfilosofia.com.ar) que se reunió primero en un bar del paseo ribereño y hoy repite la experiencia en otro bar ubicado en Tucumán 1.816, donde los segundos martes de cada mes, a las 19, se encuentra un heterogéneo grupo de personas de ambos sexos de entre 25 y 60 años.
“La idea surgió como una necesidad de responder al planteo que podría hacerle un chico que quiere estudiar filosofía, a su padre”, explica Claudio Altisen, profesor de Filosofía y Ciencias de la Educación, y uno de los responsables del proyecto a Rosario3.com–. Quizás retomando su propia experiencia de vida que lo obligó a buscar un medio de vida, además de estudiar aquello que le gustaba –la filosofía– Claudio, junto a Eduardo Ruano, también docente, dieron origen al café filosófico que hoy conducen.
“Tratamos de no adoptar una actitud catedrática como la que podríamos tener en la facultad, dice Altisen, aunque a veces es el mismo público asistente el que hace preguntas como si fuesen alumnos y toman apuntes de la respuesta que da el coordinador del debate, en lugar de pensar por sí mismos una respuesta a su interrogante y someterla a debate, pero entendemos que es un ejercicio que mejorará con el tiempo”.
Los encuentros que se extienden durante aproximadamente dos horas constan de una breve introducción que funciona como disparador del tema del día después de la cual se toma el café o lo que los asistentes elijan, para dar paso finalmente a la discusión del tema con los aportes de todos.
“Aunque no tenemos el objetivo de tratar problemas particulares relacionados más con el aspecto psicológico de los asistentes, sino cuestiones filosóficas que apuntan a la búsqueda del sentido –remarca Eduardo Ruano– a veces surgen planteos de esa índole que se suman a la charla”.
Como los primeros filósofos, ya hay quienes se animan a exponer sus ideas y a someterlas a debate público, sin obligación de inscribirse en la facultad o militar en un partido político, porque la búsqueda del conocimiento –dicen ellos convencidos– va más allá de los claustros académicos. |
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