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Cómo evitar el estrés por mudanzas

A la sensación provocada por el inminente cambio hay que sumarle las dudas de no dejarse nada, de que no se pierda nada por el camino, de que nada se rompa…
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A continuación, una serie de consejos y claves para minimizar al máximo ese estrés por una mudanza, gracias a unas premisas que nos darán mayor sensación de control sobre el proceso de la misma. 

Organización y previsión, premisas fundamentales

No hay nada más estresante frente a una mudanza que los apuros, pues con ellos la sensación de descontrol es absoluta. Buscá un lápiz y un papel y hacé una especie de inventario de todo lo que hay que trasladar. Haciéndolo conseguirás dos cosas: cerciorarte que nada se queda, y planificar la cantidad de cajas o los recursos que vas a necesitar para trasladarlo todo.

Para que todo ello puedas hacerlo con total certidumbre, el tiempo es clave. 

Existen empresas especializadas en realizar mudanzas, poniendo personal a nuestro servicio así como sus medios de transporte. Si disponés de presupuesto, contratar una empresa de este tipo te va a quitar gran parte del estrés propio de una mudanza, pues solo tendrás que preocuparte de preparar cajas con cosas, y sacar las cosas de las cajas en el nuevo destino. Además de decirles en qué lugares deben dejar los muebles.

Aunque no tengas presupuesto para contratar una empresa de mudanzas, al menos sí debés disponer de un medio de transporte indicado. 

Estrés de los niños, cómo afrontar el problema

Los pequeños muchas veces sufren más que nosotros los cambios de domicilio, sobre todo si es a un lugar lejos de la casa original y tienen que cambiar de colegio, alejarse de sus amigos, etc. Tené en cuenta que para los chicos una mudanza es un cambio de vida radical. Para ellos su casa es su refugio, y cuesta que vean que en otra casa encontrarán un nuevo lugar seguro.

Debemos hablar con ellos en todo momento, haciéndoles partícipes de la mudanza. El cambio de casa se produce por una razón, debes intentar que entiendan que es necesario ese cambio de lugar. Escuchá sus opiniones, sus reacciones, y dialogá con ellos. De esta manera, irán asimilando el cambio. Debemos hablar con ellos con tiempo, que el cambio no sea algo repentino e inesperado.

El pequeño debe ser partícipe de la elección de la nueva casa: que elija su habitación o al menos los colores o la decoración de su nuevo dormitorio. 

Fuente: saludalia.com

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