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Diez mitos y verdades sobre la salud de la mujer

El cuerpo médico de la Fundación Favaloro desarrolló una lista de falsas (y no tanto) creencias sobre el bienestar femenino
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Mito 1: El cáncer es la primera causa de muerte en la mujer.

Realidad: Según la Organización Mundial de la Salud, a nivel mundial, no es el cáncer sino que son las enfermedades cardiovasculares, a menudo consideradas un problema "masculino", la principal causa de muerte entre las mujeres.

La Argentina no escapa a esa situación. En nuestro país, las enfermedades del aparato circulatorio (entre las que se incluye la insuficiencia cardíaca, las enfermedades isquémicas del corazón y las enfermedades cerebrovasculares) son también la causa número uno de muerte en las mujeres, en particular a partir de los 45 años.

Según una encuesta de Gallup Argentina realizada a pedido de la Fundación Favaloro, solo un 6 % de las encuestadas supo que la enfermedad cardiovascular es la primera causa de muerte en las mujeres.

El conocimiento es una herramienta importante de la prevención de enfermedades.

Mito 2: La mujer no suele padecer accidentes cardíacos.

Realidad: Si bien la enfermedad cardiovascular suele ser más frecuente en los hombres, el riesgo de muerte por esta enfermedad es superior en las mujeres.

Esto se debe a que la enfermedad se presenta en forma diferente en las mujeres, quienes tienen mayor probabilidad de contraer diabetes, hipertensión y valores anormales de colesterol, factores que incrementan el riesgo de esta enfermedad. Por otra parte, como las mujeres no suelen considerar la posibilidad de padecer este tipo de enfermedades, llegan a la consulta médica cuando la enfermedad está más avanzada por lo cual requieren de tratamientos más complejos.

Realizar controles periódicos de los valores de glucemia, presión arterial y colesterol es una buena manera de prevenir el riesgo cardíaco.

Mito 3: La mujer no tiene riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares antes de la menopausia.

Realidad: Si bien es cierto que las mujeres menores de cincuenta años tienen una menor incidencia de este tipo de enfermedades en comparación con los hombres de igual edad, la cantidad de casos ha ido progresivamente en aumento en las últimas décadas debido principalmente a la inclusión de la mujer en el mundo laboral y el consiguiente estrés. Los factores de riesgo aceleran la aparición de enfermedades del corazón.

Es importante tomarse los tiempos necesarios para el cuidado y prevención en salud y no postergarlos hasta el momento en que las enfermedades cardiovasculares empiezan a manifestarse.

Mito 4: Las mujeres jóvenes no necesitan realizar controles médicos para evaluar su salud cardiovascular.

Realidad: El proceso de la aterosclerosis, la acumulación de grasa en las paredes internas de los vasos sanguíneos, comienza en la niñez. Si evoluciona persistentemente, puede ocasionar la obstrucción de las arterias a partir de la cuarta década de vida, edad a la que suelen comenzar a manifestarse las enfermedades cardiovasculares.

Todas las mujeres deberían realizar controles médicos periódicos para conocer su estado de salud general y cardiovascular en particular. Solo así es posible detectar y controlar los factores de riesgo.

Las personas que llevan un estilo de vida saludable desde jóvenes presentan mejor pronóstico ante cualquier afección. Por eso es importante ocuparse siempre.

Mito 5: Solo si hay hipertensión es necesario evaluar la presión arterial.

Realidad: Muchas de las personas que tienen hipertensión pueden no saberlo y, por lo tanto, no reciben el tratamiento adecuado.

Esto se debe a que la hipertensión no presenta síntomas y la única forma de detectarla es a través de su medición. Los síntomas recién se presentan cuando la condición ya es grave.

Se estima que entre un 20 y un 30 % de la población general tiene hipertensión. A partir de los 50 años de edad, la cifra se eleva a 50 %. Desde los 65 años la presencia de hipertensión es mucho mayor en mujeres que en hombres, lo cual implica un incremento en su riesgo cardiovascular.

La presión arterial suele ser muy variable. Por ello es importante que en una misma consulta se realicen varias mediciones. La presión arterial para una persona en condicionales normales es de 120 sobre 80 mmHg. Se considera que una persona es hipertensa cuando los valores son iguales o mayores de 140 sobre 90 mmHg. Estos parámetros pueden diferir en presencia de otros factores.

Si una mujer no tiene antecedentes familiares ni personales de hipertensión, debería realizar un control de su presión arterial al menos una vez cada dos años. Las mujeres que tienen familiares con hipertensión deben realizar controles más frecuentes: al menos cada seis meses.

Mito 6: El despertar brusco siempre es producto de una pesadilla.

Realidad: El despertar brusco no siempre es producto de una pesadilla: también puede alertarnos acerca de un problema mucho más grave.

La apnea del sueño, un trastorno que se caracteriza por breves interrupciones de la respiración durante el sueño, en general es causada por la relajación de los tejidos blandos de la garganta que bloquean parcial o totalmente el paso del aire. Las personas con apnea, en su esfuerzo por respirar, se despiertan brevemente pero en forma repetitiva durante la noche.

Esta situación no es recordada por la persona a la mañana siguiente, sin embargo hay síntomas relacionados que pueden percibirse: el principal es la sensación de un sueño poco reparador, otros pueden ser somnolencia diurna excesiva, sueño inquieto, ronquidos intensos, cefaleas matinales, problemas de concentración, irritabilidad, olvido, cambios en el estado de ánimo, ansiedad y depresión. Del total de hombres, un 4 % presenta apnea. En las mujeres, el porcentaje es menor, pero igualmente significativo: el 2 % de todas las mujeres también sufre de apnea. En ambos sexos, es más frecuente a partir de los 40 años. El sobrepeso y la obesidad son factores agravantes.

Si no se recibe el tratamiento adecuado, la apnea puede causar accidentes cerebrovasculares (ACV) y, a la larga, también asociarse con enfermedad coronaria, insuficiencia cardíaca, arritmias, infarto e hipertensión pulmonar y arterial. Con un tratamiento adecuado, en general, se reducen estas complicaciones.

Mito 7: Cuanto más delgada, mejor para la salud.

Realidad: Es cierto que el exceso de peso trae aparejadas complicaciones, pero ¡cuidado! lo recomendable es tener el peso adecuado, no por debajo del normal.

Mientras que el sobrepeso y la obesidad, entre otras cuestiones, están estrechamente ligados con el síndrome metabólico (la suma de hipertensión arterial, diabetes y niveles anormales de colesterol) que causa la enfermedad cardíaca, un peso por debajo del normal complica el tratamiento en caso de accidente cardíaco.

Con una alimentación saludable y ejercicio regular es posible mantener también un peso saludable.

Mito 8: La llegada de un infarto siempre viene anunciada por síntomas claros y conocidos como el dolor de pecho y adormecimiento del brazo izquierdo.

Realidad: Es algo muy común que una mujer padezca un infarto y no se dé cuenta, ya que los síntomas pueden ser muy diferentes de los que presentan los hombres o bien ser inexistentes.

¿Cuáles son los síntomas de un ataque cardíaco en la mujer? Además de los habituales en los hombres, como dolor en el pecho y adormecimiento del brazo izquierdo, algunas mujeres presentan, en su lugar: sensación de falta de aire, transpiración excesiva, náuseas y vómitos, depresión anímica, fatiga sin causa aparente y sensación de que el corazón “se sale del pecho”.

Con frecuencia, los síntomas de la mujer no se diagnostican como un problema cardíaco, con lo cual se demora el tratamiento y empeora el pronóstico. Por eso los infartos en la mujer suelen ser más graves y con una mortalidad más elevada.

Si una mujer tiene esos síntomas debe llamar inmediatamente a un servicio de emergencias, ya que cuanto más rápido se la asista, mayores serán las probabilidades de éxito del tratamiento.

Mito 9: Un exceso cada tanto es inofensivo, en especial si “soy joven”.

Realidad: “Una sola vez” en más de una oportunidad puede resultar fatal. El alcohol, la droga, el tabaco, las bebidas energizantes, como también los fármacos legales tomados sin indicación pueden tener efectos indeseables sobre la salud física y mental de las personas, algunos de ellos, graves.

Por ejemplo, las bebidas “energizantes” no son un suplemento nutricional sino más bien un estimulante, ya que contienen importantes dosis de cafeína (que incrementa la presión arterial y contrae las arterias). Cuando se consumen junto con alcohol, tabaco u otras drogas, se transforman en un cocktail nocivo para el organismo. Este tipo de combinaciones también lleva a una pérdida de control sobre la conducta personal, con todos los riesgos adicionales que eso implica.

Contar con la información correcta nos ayuda a asumir una actitud responsable y evitar consecuencias graves.

Mito 10: Con los tratamientos actuales para las enfermedades cardiovasculares no es necesario preocuparse por adoptar hábitos sanos y realizar controles médicos preventivos.

Realidad: Es cierto que se han logrado avances notorios en los tratamientos médicos que sin duda han logrado prolongar la expectativa de vida. Sin embargo, un tratamiento solo tendrá el éxito deseado si llega en el momento oportuno. Y eso no siempre es posible.

Lo que sí podemos hacer para cuidarnos es adoptar hábitos saludables, que serán nuestra mejor herramienta para lograr y mantener una buena calidad de vida y evitar la aparición de las enfermedades cardiovasculares.

Algunas sugerencias son:

- Realizar actividad física regular: Caminar rápido, subir escaleras, bailar, ¡cualquier excusa es buena para moverse.
- Tener una alimentación saludable que incluya muchas frutas y verduras, y pocas grasas saturadas, incorporar granos integrales y pescado.
- Mantener un peso saludable.
- No fumar y evitar los ambientes donde se fuma.
- Evitar los excesos.
- Realizar consultas médicas periódicas, aunque uno se sienta bien o aparentemente no haya ningún problema de salud.

Lo bueno es que las enfermedades cardiovasculares pueden prevenirse. Y cada mujer puede ser la protagonista más importante en el cuidado de su propia salud.

Fuente: fundacionfavaloro.org

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