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Edith Michelotti
¿Reflexionamos?
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08:42 | jueves, 06 de noviembre de 2008
   
Convivir en armonía
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Desde el matrimonio, o la simple decisión de compartir la vida cotidiana, los seres humanos adultos decidimos un día formar una pareja.

Comenzamos así con uno de los desafíos más importantes en la vida del hombre, "la convivencia".
Tomados de la mano, de cara al futuro, nos potenciamos mutuamente para llevar adelante nuestros más caros objetivos.

La sexualidad plena, los hijos, la economía equilibrada, la formación de un "hogar" tal como lo soñamos.
Parece sencillo y natural y hasta aquí absolutamente posible.

Claro que suena casi como una película hollywoodense, aquellas que al salir del cine nos hacían pensar en que los protagonistas "vivirían felices por siempre jamás"...
 
Mas nos hemos olvidado del león...

Ese felino audaz y persistente que acecha nuestra valentía desde el comienzo, como poniendo a prueba nuestro coraje de enfrentar la vida con grandeza y optimismo.

Lo vamos a llamar "rutina".
 
Rutina que no queremos, que penetra en nuestras vidas sin permiso, que nos obliga a postergar deseos sexuales por el llanto de un bebé, una visita inoportuna, o el "cansancio del otro".
Se adueña de nuestra libertad individual, y aunque quizás los más capaces puedan transformarla en "libertad en pareja", siempre limita, conduce.

Convivimos "desnudos". Nos hemos quitado el traje romántico y engalanado de la espera.
Nos empezamos a conocer profundamente, y muchas veces en ese mutuo andar descubrimos absortos las virtudes o miserias del otro.

Simplemente somos. Y si ambos lo notamos y nos sentimos bien con ello, podríamos llegar a ser protagonistas de aquella película de final feliz.
 
Pero el león continúa agazapado.

Pone a prueba nuestra sabiduría.

Quiere hacernos creer que por muy conocido el otro va perdiendo encanto y seducción, y que lo desconocido, atrae como si fuera de mayor calidad, distinción o belleza.

Comienza la fantasía de lo “que podría ser” junto a un ocasional tercero, haciéndonos perder en su justa medida la realidad lograda pese a las garras del omnipresente animal.
 
Convendría quizás no desviar la senda por la que empezáramos un día.

El amor, la seducción, la persona que nos enamoró, no tendrían que perderse, solamente transformarse.
Sumarle los nuevos roles adquiridos que nunca deberían ir en desmedro  de la natural condición de “hombre” o “mujer”.

En esa búsqueda y permanencia tan difícil, hermanados sin convertirnos en “hermanos”, en ese “encuentro” cotidiano, podría estar el rumbo que soñáramos.

 

www.hepatitis-c.com.ar

 
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