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Efrain Hutt

Notas Anteriores
09:42 | jueves, 18 de diciembre de 2008
   
Carácter social
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Tomando la definición de ese gran maestro Humanista, psicosociólogo y filósofo, que fuera Erich Fromm, diremos que el carácter social se construye sobre la base de hombres adaptados a la sociedad en que viven, haciendo lo que deben hacer y sintiendo que esa conducta es la que corresponde al grupo social para su normal funcionamiento.

De cualquier manera, este hacer lo que se “debe” hacer, no frena en muchos casos aquello que el individuo “quiere” hacer y que la sociedad enferma le impide. Así nacen las frustraciones y la violencia, en sus diferentes etapas, que van desde la violencia reactiva, muchas veces en pro de la vida, a la violencia destructiva, desde donde suele ser casi imposible regresar. No interesa si esa Sociedad es sana o enferma. En un pueblo pacífico, el violento constituye un ser desviado del patrón de esa sociedad. En un pueblo guerrero, el pacífico es alguien a quien se siente no adaptado.

En una sociedad solidaria el egoísta es un inadaptado, como lo es el solidario en una sociedad egoísta. La sociedad solidaria, que es aquella tras la cual va el ser humano en su búsqueda incesante, va eliminando su narcisismo que le impide ver las diferencias con los demás y aceptarlas como hechos de una realidad que es innegable. También está claro que vivimos en una etapa de la evolución donde predomina el carácter acumulativo de las sociedades. La misma economía de mercado nos mueve a pensar que lo viejo no sirve y que lo nuevo es mejor, haciéndonos correr de manera permanente, sobre los nuevos deseos que van apareciendo como necesidades propias.

Lejos se está de tratar de influir, a través de los medios de comunicación para que las satisfacciones buscadas por los individuos sean dirigidas hacia las necesidades óptimas en vez de la satisfacción de las “aparentes necesidades” máximas a la que nos empuja nuestro tipo de economía, que fomenta ese carácter acumulativo. De esas sociedades portadoras de esa tendencia decadente que significa dicho narcisismo y que impide el crecimiento, van naciendo cada una de las tantas discriminaciones hacia los diferentes. No interesan cuales discriminaciones sean las predominantes; lo están las dogmáticas confesionales, las supuestas “raciales”, las del poderío económico o intelectual, la de tal o cual sexualidad.

El discriminador hace del diferente un inferior a su puesto desde donde observa hacia abajo al diferente, menospreciándolo. En una sociedad donde se sostienen reales valores humanos de honestidad, (y no las "leyes morales y/o jurídicas", impuestas por los poderes de turno, muchas veces inhumanas), no solo por temor a reglas y penalidades de convivencia establecidas, la sociedad tiende a crecer. Ellas nacen de la convicción interior, que no necesita ser dirigida o penalizada desde su exterioridad, porque constituye la esencia de ese ser humano así desarrollado.

Ese es el marco de referencia Ética del comportamiento imprescindible para la vida de relación con otros seres humanos, y que constituye la mejor relación con nuestro propio interior, que nos hará alcanzar verdadera dimensión humana, en remotos tiempos por venir. En las sociedades corruptas como la actual, (a nivel mundial, sustentadas por un sistema que "dignifica" la corrupción), el hombre medio hace su adaptación a la misma, transformando su carácter en algo que contenga al menos, algunas condiciones que lo hagan no obstaculizar el funcionamiento de esa sociedad y le den cierta pertenencia a la misma. Se adapta en sus conductas pasivas, no lucha por cambiar nada y mantiene ese “statu quo” que le tranquiliza su conciencia superficial.

Por cierto que quienes se oponen a esa situación, son grandes mayorías, pero no de hombres con una convicción fuerte que los impulse a luchar de manera activa (ello no quiere decir violenta), y se transforman solo en rebaños acompañantes. Como dice el Dr Juan Tealdi en uno de sus libros, a todos nos cabe alguna responsabilidad por la falta de acción que tienda modificar lo que está mal, o simplemente por omisión y falsa tranquilidad espiritual que lo hace decir,”yo me porto bien y pago los impuestos”.

Lo que está saliendo a la luz en el momento actual, no es nada más que funcional, ya que los responsables mantienen fuentes de poder, ya sea desde el mismo gobierno o desde el mismo poder corporativo (reunificador de "los elegidos", con algunas honrosas excepciones), que sustentan una forma de gobernar. Ni los mismos gobernantes son los dueños del poder, ya que estos navegan por un cyber espacio, que maneja Gobiernos, Políticos e Instituciones y a la sociedad en su conjunto, haciéndonos creer que somos dueños del destino de nuestros países, y que realmente estamos en una adaptación de las leyes jurídicas, con las leyes realmente humanas para conducir hacia una sociedad sana futura.

En los momentos de grandes tensiones sociales, para evitar que la maquinaria explote, conceden graciosamente algunas libertades que nos suelen dar un respiro transitorio y que siguiendo teorías mecanicistas, solo dejan escapar algo del vapor acumulado, para que el aumento de la presión interior que se acumula en esa olla social, no haga explotar el sistema actual. Pero podemos afirmar, que para evitar la violencia reactiva, es imprescindible que quienes gobiernan, vayan tomando conciencia de que las cosas pueden llegar por este camino, a situaciones que no sean las deseadas y con resultados imprevisibles, que hagan perder el control de las evoluciones de los procesos históricos, hacia el anhelado crecimiento de la humanidad.

En la etapa actual, donde luego de varias generaciones de excluidos, se han conformado seres humanos con códigos diferentes a los de épocas mejores, la violencia destructiva se va adueñando poco a poco de las formas de actuar, ya que a quienes han llegado a este estadío, les da lo mismo matar que vivir, ya que se sienten muertos y sin las posibilidades de concretar algún proyecto de vida que les permita sentirse seres humanos.

 
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