José llegó temprano al local votación de San Juan y Presidente Roca, en el colegio María Auxiliadora. Eran las 7.40. Tuvo que volver a su viejo barrio, porque se mudó hace poco y no hizo el cambio de domicilio. Calculó mal la demora del viaje y con el frío no daba para quedarse afuera, así que entró. Lo recibieron con los brazos abiertos, pero no para que votara: se convirtió en presidente de mesa.
José no fue el único. Fueron muchos los que en distintas escuelas tuvieron que pasar por lo mismo. Y además había llamados de una escuela a otra para ver si se podían conseguir autoridades de mesa.
Pero no se lo veía mal a José. Parecía disfrutar. Es que si bien se hace larga, la jornada electoral no es precisamente aburrida.
El conversaba animadamente con los auxiliares, con los fiscales y también con los que llegaban a votar. Algunos estaban todavía sumergidos en sus dudas: es que nunca falta el que llega indeciso hasta el propio cuarto oscuro.
Para colmo, el interior del cuarto oscuro no ayuda para los que no tienen las cosas claras: son muchas las boletas, hay nombres que se repiten, y para acomplicar aún más hay de todos los tamaños. "No sabe si elegir la sábana larga o la frazada corta", bromeaba José ante un ciudadano que se demoraba más que el promedio.
Sobre la mesa, un paquete de Criollitas por la mitad mostraba que al menos no había pasado hambre. Aunque, claro, faltaba algo que en ese momento lo hubiese ayudado a pasar mejor el trago: un buen mate cocido.