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A 25 años del “¡Newell's carajo!” del Loco Bielsa

Se cumplen las boda de plata de aquella jornada de 1990 inolvidable para todos los leprosos. El empate en Caballito ante San Lorenzo y las atajadas del Pato Fillol en cancha de River. Y la euforia del técnico más emblemático de la historia rojinegra. El recuerdo en imágenes

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Las instantáneas de aquel 22 de diciembre de 1990 vuelven a la mente de todos los hinchas de Newell's como el recuerdo más dulce. El empate sufrido ante San Lorenzo en Caballito, la radio pegada a la oreja del Tata Martino y del Negro Gamboa palpitando los últimos minutos de River-Vélez, con aquella actuación heroica del Pato Fillol en el último partido de su inigualable carrera. Y la explosión de júbilo del Loco Bielsa llevado en andas y gritando “¡Newell's carajo!” señalando una camiseta que llevaba en sus manos.

Hace 25 años de esa jornada que consagró a Newell's en el Apertura 90 y le dio la posibilidad de vivir otro de los días más gloriosos de su historia, aquella final en la Bombonera del 9 de julio de 1991. A esta altura no se sabe qué fue más célebre; el logro deportivo en sí o aquel grito de guerra del Loco que se transformó en bandera para la Lepra.

Ese día Newell's llegó a la gran definición del primer campeonato corto con un punto de ventaja sobre River. Ganando se aseguraba el objetivo, pero San Lorenzo fue un duro escollo y el partido terminó empatado 1 a 1 con goles de Flavio Zandoná y Cristian Ruffini.

El partido en Caballito había comenzado unos minutos antes y el final fue con sufrimiento porque en el Monumental el Millonario y el Fortín empataban 1 a 1 y River era una tromba contra el arco defendido por el Pato Fillol, que con 40 años había anunciado su retiro.

Fue la gran tarde del arquero campeón del mundo. Le atajó un penal al Polillita Da Silva y voló de palo a palo como en sus mejores días.

Sobre el final, el Gallego González puso el 2 a 1 para Vélez y hubo locura en la cancha de Ferro, donde los rojinegros esperaban el final.

Los jugadores treparon al alambrado, mientras los hinchas invadían el campo de juego y subían en andas a Bielsa. Lo que pasó después no hace falta describirlo y ocupa uno de los lugares más destacados en la memoria emotiva de la Lepra.  

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