¿Y el Programa Médico Obligatorio? La Favorita baja las persianas, Cargill invierte, Unilever vende y textiles se ponen el overol

El cierre anticipado de La Favorita expone el derrumbe del consumo, mientras Nasini y Dyscon aceleran el parque industrial en Villa Gobernador Gálvez, Cargill invierte en trenes, Sólido y Hardfield se reinventan con ropa de trabajo y Osde profundiza su transformación

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Rosario atraviesa una transición incómoda. Una ciudad que durante años quedó atrapada entre la inseguridad, la caída de actividad y la retracción del consumo empieza a mostrar señales contradictorias: mientras algunos sectores recuperan movimiento, otros directamente agonizan.

Los datos ya no permiten hablar de una única economía. Hay dos velocidades cada vez más marcadas. La que factura en dólares, exporta y planifica inversiones; y la que depende del bolsillo doméstico, que sigue sin reaccionar.

Y en el medio aparece otra discusión que empieza a ganar fuerza silenciosamente y que podría impactar de lleno sobre millones de argentinos: qué prestaciones médicas podrán seguir pagando las empresas y los usuarios en los próximos años.

El Programa Médico Obligatorio, el PMO, parece que volverá lentamente al centro del debate.

Todavía no llegó formalmente al Congreso, pero en el sector salud el tema ya circula con intensidad creciente. Y esta vez con una profundidad distinta a otros intentos anteriores. La discusión apunta nuevamente a modularizar prestaciones.

En otras palabras: empezar a revisar qué coberturas deben seguir integrando obligatoriamente los planes de salud y cuáles podrían quedar segmentadas según edad, perfil o necesidad del afiliado.

La baja de la natalidad aparece incluso como uno de los tantos argumentos que empiezan a escucharse dentro del sector. “¿Por qué alguien que no va a tener hijos debería seguir pagando maternidad dentro de su paquete?”, resumía esta semana un referente vinculado al negocio de la salud privada. Se pone en debate la “solidaridad" del sistema.

El planteo expone hasta qué punto el sistema comienza a discutir una transformación estructural que hasta hace poco parecía políticamente imposible. Porque detrás de la discusión del PMO también aparece un fenómeno más profundo: el agotamiento económico de muchos modelos tradicionales de negocios en Argentina. La salud privada no queda fuera de esa lógica.

Y algunas señales ya empiezan a verse. La propia prepaga Osde inició a mediados del año pasado un proceso de transformación interna que ahora parece acelerarse. El cambio generacional en su conducción, con la llegada de un CEO de poco más de 40 años, marcó una nueva etapa enfocada en eficiencia, revisión de estructuras y adaptación a un negocio cada vez más presionado. También en otras numerosas prepagas aceleran cambios.

Según comentan actores del mercado local, esa reorganización de prepagas nacionales también llegaría a Rosario y la región, donde se espera una renovación y eventual achicamiento de los equipos que históricamente condujeron el negocio en la ciudad.

La discusión sanitaria se suma así a un escenario económico donde prácticamente todos los sectores empiezan a verse obligados a reconvertirse.

El caso de La Favorita se transformó esta semana en uno de los símbolos más contundentes de esa fractura. La empresa Onatisur, liderada por Guillermo Nudemberg y encargada del desarrollo comercial del histórico edificio de Sarmiento y Córdoba, rescindió de manera anticipada el contrato que mantenía vigente hasta 2027.

La decisión no solo reabre la discusión sobre el futuro del inmueble más emblemático del centro rosarino, sino que además expone el deterioro del consumo urbano y del centro de Rosario.

La caída de ventas, los locales vacíos y el escaso flujo de público terminaron por volver inviable el esquema comercial que se había intentado sostener incluso después de renegociaciones contractuales y reducciones del canon locativo. Ni siquiera la incorporación de un componente variable atado a facturación logró revertir la situación. Tampoco del desembarco de un grupo chino.

La discusión entre Onatisur y el fideicomiso propietario derivó además en acusaciones cruzadas por mantenimiento, reparaciones estructurales y pagos pendientes. Pero detrás del conflicto contractual aparece un problema más profundo: el comercio tradicional rosarino enfrenta un cambio estructural.

La escena ya se observa también en calle San Luis, históricamente refugio del consumo popular durante las crisis económicas. Comercios cerrando antes de las cinco de la tarde, menor circulación y persianas bajas empiezan a modificar incluso las zonas que durante décadas parecían inmunes a cualquier recesión.

Y el problema ya no es solamente económico. El consumo cambió. Hoy más del 18% de las compras en Argentina se realizan de manera digital. El dato expone un mercado mucho más maduro tecnológicamente y obliga a empresas y comercios a reconvertirse a una velocidad que muchos todavía no logran seguir.

Como se repitió esta semana en una colmanda Fluvial de empresarios en el Foro de Came, “podés conocer tu negocio, pero ya no necesariamente entendés el negocio”. 

La frase resume parte del desconcierto actual. Sectores históricos empiezan a asumir que sobrevivir ya no depende únicamente de vender bien, sino de adaptarse rápido. Eso empieza a verse con fuerza en la industria textil rosarina.

La presentación de líneas de financiamiento por $500 millones para empresas textiles mostró un fenómeno nuevo: marcas tradicionales que durante años compitieron en el consumo masivo ahora empiezan a colaborar y buscar nuevos nichos para no quedar atrapadas en una demanda que se achicó.

Firmas históricas como Sólido y Hardway aceleran su reconversión con líneas orientadas a ropa de trabajo, indumentaria industrial y uniformes corporativos. Ya no se trata solo de vender más prendas, sino de entrar en mercados más estables, con demanda empresarial y menos dependientes del humor del consumidor de mostrador.

La preocupación es compartida. El propio titular de Sólido admitió que “la temporada de invierno ya se perdió”, después de un abril que funcionó comercialmente “como un enero”.

El impacto sobre alquileres comerciales también empieza a abrir interrogantes incómodos. Durante meses, los alquileres fueron, junto con tarifas, los únicos precios que siguieron con la dinámica de la inflación o por encima de ella. Pero el aumento de cierres y vacancia comercial obliga ahora al mercado inmobiliario a preguntarse cuánto tiempo más podrá sostenerse esa lógica.

Mientras el comercio ligado al consumo masivo se debilita, otro mapa económico empieza a consolidarse en paralelo. 

Y ese mapa tiene epicentro en la logística, la infraestructura y el negocio exportador.

Villa Gobernador Gálvez se convirtió en uno de los puntos donde esa transformación empieza a tomar forma más visible.

Allí, Unilever confirmó a Ecos365 la venta de uno de los últimos grandes terrenos con frente industrial sobre el río Paraná. El predio, de entre 250 y casi 300 metros lineales sobre la costa, está ubicado al lado de su fábrica de jabones la planta de Cargill. Son unas 15 hectáreas. Una operación de la que participó desde Tucumán Roque Avellaneda. ¿Se viene otra inversión millonaria en ese predio? 

La operación ya despierta expectativa sobre futuros desarrollos logísticos e industriales en una zona donde prácticamente no quedan grandes lotes disponibles frente al río.

Pero el movimiento más importante pasa hoy por Cargill. La compañía confirmó a Ecos365 que avanza con distintos proyectos ferroviarios para mejorar la eficiencia logística y optimizar el acceso a sus plantas de Villa Gobernador Gálvez y Alvear. Está dentro del plan que adelantó el año pasado en Washington al ministro de Desarrollo Productivo, Gustavo Puccini.

Según pudo saber Ecos365, la obra contempla nuevos desvíos ferroviarios, ampliación de infraestructura y un sistema tipo “loop” que permitirá que las formaciones ingresen, descarguen y salgan sin necesidad de maniobras complejas. La inversión inicial superaría los 7 millones de dólares y podría ampliarse aún más con las nuevas etapas previstas.

La lógica detrás del proyecto es clara. “La reducción de presión tributaria, vigente y proyectada, genera expectativas de crecimiento en los volúmenes de cosecha, lo que requerirá mayor capacidad logística para canalizar las exportaciones. Son proyectos que apuntan a fortalecer la competitividad y optimizar la integración de nuestras operaciones con las zonas productivas del país”, apuntaron desde Cargill ante la consulta de Ecos365. Por eso la infraestructura ferroviaria vuelve a ocupar un lugar estratégico.

En paralelo, el gobierno provincial avanza con la reconstrucción integral de la ruta provincial 21 y los accesos a la planta de Cargill y a la autopista Rosario-Buenos Aires, una intervención de más de siete kilómetros que demandará cerca de $7.700 millones. El objetivo es mejorar conectividad y circulación pesada en uno de los corredores productivos más importantes del sur santafesino. Ambos proyectos permitirán descomprimir el tránsito de trenes por el ejido de Villa Gobernador Gálvez.

Ese mismo fenómeno explica otro de los anuncios de la semana: el lanzamiento formal del parque industrial Nodo. El desarrollo privado impulsado por Grupo Nasini Inversiones junto a Dyscon ya inició obras en Villa Gobernador Gálvez y apunta especialmente a industrias alimenticias y empresas que hoy operan limitadas dentro del tejido urbano.

El proyecto contempla 18 hectáreas, con espacios específicamente preparados para firmas alimenticias, uno de los sectores que más demanda viene mostrando en materia de expansión productiva.

Según confirmó Marco Nasini, el emprendimiento es además el punto de partida de una nueva unidad de negocios para el grupo financiero rosarino, ahora enfocado también en desarrollos inmobiliarios industriales y productivos: Nasini Inversiones.

El dato no es menor. Porque mientras parte del comercio urbano se achica, el negocio vinculado a infraestructura, logística y producción exportadora empieza a capturar inversiones de largo plazo. La macroeconomía también refleja esa dualidad. Los últimos informes de actividad muestran un escenario de “serrucho”: marzo fue bueno, abril cayó y mayo volvió a mejorar parcialmente.

El EMAE de marzo sorprendió con una suba mensual de 3,5% y una mejora interanual de 5,5%, rompiendo el techo de estancamiento que arrastraba la economía argentina desde hacía más de una década. Pero el problema sigue siendo el mismo: la recuperación no llega a todos.

Los sectores exportadores —energía, minería y agro— muestran crecimiento y capacidad de inversión. Mientras tanto, los sectores ligados al mercado interno continúan estancados. El salario real privado registrado cayó 4,8% en siete meses. Las ventas en supermercados bajaron 5,1% interanual y los shoppings retrocedieron 13,3%.

El crédito tampoco logra despegar y la construcción todavía permanece muy golpeada por el aumento de costos en dólares. 

Ahí aparece otra vez la imagen más clara de esta nueva economía argentina: mientras algunos sectores aceleran, otros siguen intentando simplemente no desaparecer.

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