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Adolescencia: “El primer encuentro ginecológico”

Definir el inicio de los controles ginecológicos en la adolescencia no es tan sencillo
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La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que 70% de las muertes prematuras en el adulto se deben a conductas iniciadas en la adolescencia, durante la cual las acciones en salud tienen posibilidad de generar cambios sostenidos en el tiempo. Las adicciones, los embarazos no esperados de adolescentes, infecciones de transmisión sexual, la malnutrición, plantean desafíos para las políticas sobre la juventud.

Siguiendo la OMS, la adolescencia es el período comprendido entre los 10 y los 19 años. De acuerdo con el Comité de Derechos del Niño, la adolescencia es “un período caracterizado por rápidos cambios físicos, cognoscitivos y sociales, incluida la madurez sexual y reproductiva; la adquisición gradual de la capacidad para asumir comportamientos y funciones de adultos, que implican nuevas obligaciones y exigen nuevos conocimientos teóricos y prácticos”.

El desarrollo de la autonomía, por parte de la adolescente, es un proceso que se inicia a temprana edad y no guarda relación directa con la misma, ni con los tiempos transcurridos; sino con las características individuales, contextuales y sociales. Es por ello que el acompañamiento de las familias (en su enorme diversidad), la comunidad (referentes de confianza de las/os adolescentes como amigas/os, vecinas/os, parientes, etc.) y el Estado debe adecuarse a las necesidades, capacidades y deseos de cada adolescente.

Los profesionales de la salud nos encontramos, por lo general, con personas que no acuden por una enfermedad, sino que están sanas y necesitan tomar decisiones sobre un aspecto íntimo, delicado y complejo de la propia vida, como es la sexualidad.

El espacio del consultorio debe también considerar la promoción, prevención y asistencia como parte del proceso de atención de salud, no como instancias separadas.

Las alteraciones del ciclo menstrual, infecciones genitales (vulvovaginitis), anticoncepción y embarazo son los motivos de consulta más frecuentes en la adolescencia.

Alteraciones del ciclo menstrual: la oligomenorrea, aquella en la que los ciclos son de duración superior a 45 días e inferior a 6 meses, es la de mayor incidencia. La causa más frecuente en la adolescente es la anovulación por inmadurez del eje que regula el ciclo (hipotálamo-hipófiso-ovárico) y en menor frecuencia, entidades como el síndrome de ovario poliquístico (SOP). Otras posibles causas son las alteraciones del peso, por exceso o defecto, el estrés, el ejercicio físico excesivo y otros trastornos hormonales. 

Vulvovaginitis: consultan principalmente por flujo vaginal y prurito (picazón). Es importante hacer hincapié en las medidas higiénicas y realizar una evaluación de los genitales externos y/o internos, según haya iniciado o no relaciones sexuales.

Búsqueda de métodos anticonceptivos:

La entrega de información es prioritaria para que cada adolescente pueda, de acuerdo con su orientación y preferencias sexuales, proteger su salud.

“La salud sexual requiere un acercamiento positivo y respetuoso a la sexualidad y las relaciones sexuales, así como la posibilidad de tener experiencias sexuales placenteras y seguras, sin coacción, discriminación ni violencia”.

Si bien los anticonceptivos orales son los más usados, debe brindarse información de todas las posibles vías de administración, como inyectables, parches o anillos, para que las adolescentes puedan elegir el método que se adecue más a sus necesidades y de esta manera mejorar la adherencia. Enfatizar el uso del preservativo asociado a otro método, ya que de esta manera se garantiza la doble protección.

Brindar información sobre la anticoncepción hormonal de emergencia (AHE) como herramienta disponible para evitar un embarazo en caso de fallar o no usar preservativo en esa relación.

Otros temas de  importancia que quizá no formen parte de un motivo de consulta de la adolescente, pero que deben promocionarse en el espacio del consultorio son la vacuna contra el HPV y la prueba de Papanicolaou.

Prueba de Papanicolaou (PAP): es una prueba de tamizaje, no es un testeo para detectar cáncer. Es decir, es un método de prevención que consiste en detectar dentro de una población sin síntomas, lesiones precancerosas que si no se tratan pueden transformarse en cáncer. Diferentes estudios han comprobado que la infección por el Virus Papiloma Humano (VPH) es causa necesaria del cáncer cérvico-uterino (CCU). Se ha demostrado una asociación de más del 99% entre el VPH y el CCU.  La infección por VPH es muy común en mujeres sexualmente activas, afecta entre el 50 y el 80% de las mujeres al menos una vez en su vida. La principal vía de infección es la transmisión sexual y el preservativo no es del todo eficaz, ya que el virus puede ubicarse en los genitales internos y externos, incluidas las zonas que no están cubiertas por el mismo. Igualmente debe promoverse la utilización del profiláctico en todas las relaciones sexuales para prevenir infecciones de transmisión sexual, como sífilis, gonorrea, VHI, VHB, etc.

Se recomienda la realización de PAP a partir de los 21 y hasta los 65 años o a partir de los 3 años posteriores al inicio de relaciones sexuales. La frecuencia recomendada  por el Programa Nacional es  la realización de un PAP cada  3 años luego de dos anuales consecutivos negativos. El profesional deberá evaluar situaciones especiales tales como la existencia de condiciones de riesgo de contacto anterior con el virus del VPH (abuso o violación, concomitante o no con episodios de adicciones) para modificar la fecha de inicio de la detección.

Vacunación contra el HPV: A partir de 2011, la vacuna contra el HPV se incorpora al Calendario Nacional de Vacunación de manera gratuita y obligatoria para todas las niñas de 11 años (tengan o no cobertura de obra social). Permite inmunizar contra dos tipos de VPH de alto riesgo oncogénico (genotipos 16 y 18), responsables del 77% de los casos de cáncer de cuello uterino.  Cada niña debe recibir 2 dosis y ambas son necesarias para que la vacuna sea efectiva. Luego de la primera dosis, la segunda debe aplicarse a los 6 meses. En el caso de las niñas y mujeres no incluidas en esta estrategia será necesaria la evaluación individual por parte de un profesional médico, quién definirá en cada caso la necesidad de su adquisición y aplicación en el sector privado.

Por: Dra. Cintia Azurza - Médica Tocoginecóloga - Mat 19.631 / Reg. Esp 50/0379   

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