Me parece inteligente el cambio de horario propuesto, incluso sirve para paliar el grave problema de la nocturnidad, que instaló Estados Unidos, en nuestros adolescentes. El oportunismo del mercado de consumo, los fue llevando a un ritmo horario similar a las ratas o las lechuzas. Hasta las plantas purifican el aire de día y lo intoxican de noche…
Respectodel ahorro de energía y económico, me permito pensar que por algo esta medida dejó de aplicarse en la época menemista.
Desde los comienzos del 70, se documentan los efectos de las oscilaciones “circadianas” (significa alrededor del día). Los países desarrollados lo tienen en cuenta, no solo para los horarios laborales, sino para la administración de medicamentos.
Wurtman, de la Escuela Americana del Massachusetts Institute of Techonolgy, publicó las variaciones del cuerpo humano con respecto al día y la noche. Durante años se pensó que el ritmo circadiano, sólo tenía importancia en los animales, o plantas, sin embargo el EQUILIBRIO no sólo psíquico sino también físico y lógicamente social del sujeto, inevitablemente dependiente de la luz y oscuridad, inductores del sueño y la vigilia.
De esto depende la fisiología de los neurotransmisores, las variaciones endocrinas y otras “regularidades” comportamentales. Las consecuencias se encuentran, desde el aumento en la frecuencia de accidentes, hasta alteraciones de crecimiento: la somatotrofina, hormona principal, se segrega en las primeras horas de la noche, si el niño se encuentra en sueño profundo.
Fuera de la discusión de cuál es la zona cerebral que comanda estos equilibrios, está comprobado que la luz diurna, disminuye la melanotonina, y lo contrario ocurre en la oscuridad. También DISMINUYE LA CONCENTRACIÓN DE SEROTONINA, neurotransmisor que influye en la conducta agresiva, el comportamiento sexual, la reactividad sensorial, el umbral del dolor, la memoria y todo el sistema que responde a la punición o castigo.
De noche los tonos simpáticos y vagales, que regulan los latidos cardíacos, la respiración, las respuestas inmunológicas, la presión arterial, el consumo de oxígeno del músculo cardíaco y de otros músculos, el funcionamiento de las plaquetas, el movimiento de las vísceras, son distintos de día, que de noche. Las olimpíadas nunca podrían ser nocturnas.
Sólo propondría que el cambio de horario sea paulatino, para no reproducir el síndrome de “Jet Lag”, comprobado en los que viajan en avión de este a oeste o a la inversa.
Mirta Guelman de Javkin


