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Comida rápida: riesgos en el aprendizaje

Además de problemas de obesidad, los chicos pueden ver alterado su rendimiento escolar

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Un consumo excesivo de comida rápida, además de ser perjudicial para la salud, puede afectar en el rendimiento escolar. Según un estudio que se publica en «Clinical Pediatrics», los niños que consumían habitualmente este tipo de comida con 10 o 11 años de edad (5º de primaria) habían experimentado un retraso en su aprendizaje a los 13-14 años (2º de la ESO).

“Los efectos más graves se vieron en aquellos niños que consumían este tipo de comida todos los días”, asegura Kelly Purtell, de la Universidad Estatal de Ohio (EE.UU.). Según el estudio, que revisó cuestionarios y las puntuaciones de los exámenes de más de 8.500 estudiantes, estos niños obtenían puntuaciones hasta tres y cuatro veces más bajas que aquellos que eran menos asiduos a este tipo de alimentación. Los expertos también tuvieron en cuenta otros aspectos, como el ejercicio físico, el número de horas que pasaban viendo la televisión, los niveles de ingresos y las características de cada uno de los colegios.

El estudio también muestra un dato preocupante: más de dos terceras partes de los encuestados reconocieron haber comido algo de comida rápida, y uno de cada cinco la había comido al cuatro veces durante la semana anterior.

Obesidad

La proliferación del consumo de “fast-food” es preocupante debido a la epidemia de obesidad que afecta a todo el mundo. En Europa se prevé que la obesidad será una epidemia en 2030 si no se toman las medidas necesarias y en países, como EE.UU., la obesidad ya es un grave problema de salud pública, ya que se asocia como muchos tipos de enfermedades, desde la cardiovasculares, la diabetes o el cáncer.

Sin embargo, a pesar de que este estudio establece un vínculo entre las personas que consumían más habitualmente comida rápida y una menor capacidad de aprendizaje, lo cierto es que, reconoce Purtell, es que no prueba que la comida rápida sea la causa directa de ello. Ahora bien, otras investigaciones ya han relacionado las dietas ricas en azúcar y grasas con un efecto adverso sobre los procesos de aprendizaje que requieren prestar atención. Otra posibilidad, señalan, es que los “adictos” a la comida rápida quizá no reciban los nutrientes necesarios para un buen aprendizaje.

En cualquier caso no se trata de “demonizar” este tipo de comida, pero sí de aconsejar su consumo con moderación. “Una vez a la semana semana, o menos, no estaría mal”, concluyen.

 

Fuente: abc.es

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