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Desafíos para abordar la obesidad infantil

Es indudable que el entorno familiar es fundamental en el desarrollo de esta enfermedad, así como de su evolución
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A la hora de pensar cuáles son las causas de un niño obeso, los especialistas hablan de la ingesta de alimentos con alto valor calórico (azúcares simples, grasas, exceso de harinas, bebidas gaseosas azucaradas) y la falta de actividad física, como los promotores de la ganancia de peso en esta población. .

“El niño adhiere en épocas tempranas de la vida a los hábitos familiares de alimentación y de la actividad física. En la actualidad los niños tienen menos posibilidades de actividad física por distintas razones: inseguridad, padres ausentes por trabajo, facilidades tecnológicas que favorecen el sedentarismo, tales como la televisión, computadora o tablets,” describe en una charla con Hoy, la Doctora Olga Ramos, médica honoraria del Hospital Pedro de Elizalde y Directora de la Carrera de Nutrición Pediátrica de la Facultad de Medicina de la UBA.

Luego de un año de trabajo interdisciplinario, el Grupo Pediátrico de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN) presentó una Guía para el abordaje de ciertos aspectos de la obesidad en niños y adolescentes y sus comorbilidades. “La obesidad infantil es de fácil diagnóstico, difícil tratamiento y muy mal pronóstico. Está comprobado que cuanto más precoz es la aparición de la obesidad, más difícil es su tratamiento. La base del mismo debe ser un plan de alimentación moderadamente hipocalórico combinado con actividad física y educación alimentaria, tanto del chico como de su familia”, explicó la especialista. Y aclara: “Para los niños o adolescentes no se recomiendan dietas de muy bajo valor calórico, ya que estas no solo provocan rebote, es decir que el paciente gana peso rápidamente al suspender el tratamiento, sino que, además, esta población está en una edad de plena evolución y se corre el riesgo de que no sólo pierdan tejido graso sino también tejido muscular.

Los expertos de la SAN consideran que un buen plan de alimentación es aquel que el niño pueda sostener a lo largo del tiempo y al que su familia pueda adherirse. Lo ideal es que cumpla con las siguientes proporciones diarias: 50% de hidratos de carbono; 20% de proteínas (con predilección por las de origen animal); y 30% de grasas.

Fuente: bureaudesalud.com

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