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Educación básica familiar: hacerse cargo

La educación primaria y elemental del niño debe realizarse en el hogar para que, cuando el niño ingrese a la escuela, tenga los conocimientos y pautas culturales básicas para poder trabajar en el aula
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La familia es el primer transmisor de pautas culturales y el primer agente de socialización del niño. Es el primer contexto donde se pone en contacto con el mundo, donde se dan las primeras interacciones, se establecen los primeros vínculos emocionales y vivencias con las personas cercanas. Es en este medio donde el niño realiza los aprendizajes sociales básicos que le ayudarán en su relación consigo mismo y con los otros. Poco a poco irá conociendo normas, pautas de actuación y comportamiento humano.

Sin embargo, hoy en día, se evidencia un peligroso desentendimiento de la familia con respecto al rol que tiene que asumir en la educación primaria de los hijos. Hay una apatía generalizada y un reposo total en la escuela en cuanto a que ella debe cumplir ese rol.

“Uno de los problemas más importantes que está atravesando en general la escuela es la poca incidencia que tiene la familia en la educación de los chicos, es decir, los padres no cumplen su rol como articuladores entre la escuela y la casa entonces los alumnos, al ingresar a primaria, tienen una gran deficiencia de aprendizaje que luego la escuela tiene que suplir”, explica Sandra Lomello, directora de la Escuela N° 81 “Juan José Paso”, ubicada en el barrio Gral. San Martin.

En base a su experiencia como docente y directora en escuelas públicas, Sandra sostiene que en los últimos años se incrementó la falta de responsabilidad y compromiso de los padres en relación a cómo se educa el hijo y esto constituye un obstáculo muy grande en el aprendizaje del alumno ya que su trayectoria escolar le resulta más difícil. “Se delega en la escuela toda la educación que ellos deben recibir. Hay una enseñanza elemental espontánea que debe darse en la familia y que el niño no está recibiendo, ya sea desgano, apatía, ignorancia. Es un problema social y cultural”. Y explica: “La escuela tiene que hacerse cargo de todo: desde la preparación de los útiles, hasta de los conocimientos básicos que tiene que tener un chico antes de ingresar a la escuela. Vemos diariamente niños que no tienen incorporados siquiera las nociones de “arriba-abajo”, “afuera-adentro” o conductas de higiene personal. No hay estimulación temprana y luego el niño comienza la escuela muy atrasado”.

En el caso de las escuelas periféricas o vulnerables, como la que trabaja Sandra, esta brecha entre los padres y la institución escolar es más visible porque influyen otros factores socioeconómicos y culturales: “Las familias así, como reciben asistencia del Estado, esperan lo mismo de la escuela y esta no puede darles todo. Ahí es cuando el docente y la Institución Escolar deben oficiar de padres, médicos, asistentes sociales, psicólogos. El docente tiene que sustituir esa faltante de educación y lo hacen buscando información o asesoramiento o estableciendo triangulaciones con otros actores o instituciones. Por ejemplo, hablar con dispensarios para asegurarse que los niños vayan al pediatra y realizar un seguimiento hasta su curación, en algunos casos”.

La directora cuenta otros ejemplos más graves de negligencia familiar que sucede frecuentemente en escuelas de zonas marginales: “Muchos padres recién anotan a sus hijos en la escuela a los 6 años y ese chico no desarrolló el Nivel Inicial, perdiendo años claves de educación que no recibió ni en la escuela ni en la casa. Ingresa a primer grado sin saber cómo agarrar un lápiz con la mano, entonces al primer grado lo va a hacer recién en segundo. Hay casos también de padres que retiran a los hijos de clase más temprano para llevarlos a trabajar en la calle. Esto sucede porque hay mucha negiglencia cultural y falta de contención a las familias. Ahí es donde el Estado tiene que asumir su rol”.

La escuela no puede hacer todo y si bien hay muchas deficiencias en las instituciones, como poca formación de los docentes o estancamiento en cuanto a innovaciones curriculares y prácticas de la enseñanza, hay una preocupación creciente por adaptar cada vez más la escuela a la realidad actual: “Las escuelas trabajan con adaptaciones curriculares para contextualizar los contenidos al nivel de los alumnos, están incorporando nuevas tecnologías y múltiples recursos para trabajar con los alumnos motivando los aprendizajes, de modo que resulten más significativos”.

Con respecto a la relación con las familias, Lomello cuenta que desde la escuela se trata de lograr mayor acercamiento con los padres. “Los invitamos a los actos, a diversas actividades culturales, convocamos a reuniones, también salimos a la calle para mostrar lo que estamos haciendo. Pero vemos cómo en el transcurso de los años fue cambiando el interés y la participación de los padres en la educación de los hijos”.

Sandra resalta que esta carencia de la “educación elemental familiar” como ella lo denomina, se da en todas las escuelas, aún en distinto nivel y contexto sociocultural. “Hay una idea generalizada e incorporada que es que el niño se eduque como sea, la escuela se encarga de todo. Hay una falta de seguimiento del niño por parte de la familia en el proceso de escolarización. Da lo mismo: si leen o no leen, cómo usan la tecnología, qué hábitos tienen, qué valores adquirieron.

Es importante comenzar a tomar conciencia de la importancia del rol de la familia en la educación y motivar instancias de comunicación y coordinación entre maestros y padres.

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