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“En la educación virtual para existir, tenés que hacer”

Gabriela Sabulsky, directora de la Maestría en Procesos Educativos del Centro de Estudios Avanzados, Facultad de Ciencias Sociales de la UNC, sostiene que la educación a distancia implica una mayor autonomía, producción e intercambio por parte del alumno que lo que proponen las propuestas presenciales
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En medio de debates en torno a la incorporación de las nuevas tecnologías en las aulas y de la proliferación de propuestas de aprendizaje virtual, Gabriela Sabulsky,  directora de la Maestría en Procesos Educativos mediados por tecnologías del Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba , realiza un análisis del impacto de estas transformaciones en el ámbito de la educación superior y de la importancia de que las instituciones incorporen  áreas de innovación tecnológica para el diseño de materiales educativos.

Desde el año 2000, cuando internet empezó a tener más visibilidad y ser más accesible económicamente, comenzaron a aparecer en primera instancia las plataformas virtuales en educación superior y más tarde se fueron expandiendo a todos los niveles. Hoy en día, la oferta de propuestas educativas a distancia, gratuitas y pagas, en soportes abiertos y cerrados, es cada vez mayor y con ellas surge la necesidad de diseñar materiales educativos que interpelen al nuevo tipo de sujeto educativo inmerso en entornos digitales, modificando el modo de enseñanza y aprendizaje.

“En la escuela media existió desde siempre la tradición de los manuales con contenidos y propuestas de trabajo en el aula, pero en la educación superior lo metodológico estuvo siempre relegado a lo teórico.  Se da la clase expositiva y se dan textos para que luego el alumno lea por su cuenta, ´que se las arregle solo´. En cambio, cuando el docente diseña el material educativo es un momento en el que piensa cómo hace el alumno para comprender ese texto que se le da y ahí surge una propuesta de actividades específica. Antes no existía esta instancia. Es una opción valiosa para mejorar la calidad de la educación superior. A través de los contenidos digitales abiertos los alumnos se encuentran con mucho más que una clase expositiva”, explica la profesora y cuenta acerca de un proyecto realizado en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Córdoba, “Eco- book”, en el que diseñaron materiales educativos y bibliografía de acceso digital para que los estudiantes puedan incorporar sus dispositivos portátiles en las clases teóricas y prácticas, una experiencia inédita en relación a otras universidades públicas del país.

El campo de investigación y producción de contenidos educativos  es un ámbito interdisciplinar que incluye la participación de comunicadores, diseñadores y programadores, además de especialistas en educación: “En todas las universidades del país se están armando equipos de producción que los denominan áreas de tecnología educativa, áreas de innovación conformados por equipos interdisciplinarios. Hay un reconocimiento de que es necesario que exista a nivel institucional áreas que se dediquen a apoyar a los profesores en cuanto a la producción de material educativo. Y esto está sucediendo también a nivel de formación docente en los terciarios, a nivel provincial y nacional”, afirma Sabulsky, quien además de ser licenciada y profesora en Ciencias de la Educación de la UNC posee un Master en Multimedia Educativo de la Universidad de Barcelona y es parte de la asignatura Diseño, Producción y Evaluación de Materiales Educativos en la  Maestría en Comunicación Digital Interactiva de la Universidad Nacional de Rosario.

Con respecto a qué tipo de materiales educativos se encuentran actualmente disponibles en internet, la especialista cuenta: “La producción de contenidos educativos pasa por dos ámbitos: los abiertos y los cerrados. Los cerrados son las aulas virtuales. Se usan mucho porque tienen una continuidad con al ámbito cerrado del aula, lo que se hace es tratar de reproducir lo que se genera en las cuatro paredes.  Se traslada lo presencial a lo virtual. Pero también hay una tendencia a trabajar en entornos abiertos como redes sociales, en los que se aprende de modo colaborativo y el alumno va tejiendo sus propios caminos. Los contenidos se encuentran en plataformas de contenido abierto, como por ejemplo Prezi que permite trabajar colaborativamente. Existen numerosas aplicaciones y herramientas de este estilo, que no te piden registración o permiso para que trabajes en línea. El aula virtual en cambio, tiene un carácter más institucionalizado”.

En un contexto en el que los Moocs (Cursos Online Masivos Abiertos) se expanden cada vez más en todo el mundo, con cursos gratuitos y pagos, con o sin certificación, Gabriela sostiene que en Argentina aún estamos muy arraigados a lo presencial: “Si bien hoy en día la educación virtual no tiene esa carga negativa que tenía anteriormente, que la consideraba educación de segunda, la mayoría de las personas eligen la modalidad presencial a la hora de estudiar. Existen ciertos preconceptos que es necesario romper”. Sin embargo, la especialista sostiene que hay que ser muy cuidadoso a la hora de plantear cuestiones comparativas entre ambas propuestas de aprendizaje: “Lo que hay que comparar es la calidad de las propuestas en general, no si son a distancia o presenciales. Que sea presencial no es garantía de que sea buena y que sea virtual no significa que sea de menor calidad. Y viceversa.  Lo que hay que comparar es qué está haciendo el estudiante para aprender”.

“Hay personas que son más aptas para hacer tareas virtuales y otras no, porque tiene un mayor nivel de autonomía, de deseo genuino de dedicar el tiempo libre a eso, y un menor control o rigor en cuanto a cumplir horarios. No cualquiera puede sostener este tipo de propuestas de aprendizaje.  En la educación presencial el alumno pasa horas sentado en un banco, se le toma asistencia, pero puede estar pensando en cualquier cosa. En lo virtual el estudiante no tiene que cumplir con esas rigurosidades, cuando se conecta es porque tiene que realizar tareas, o necesita consultar algo, por cuenta propia. Hay una voluntad de hacerlo. En la educación virtual para poder mostrar que estás, algo tenés que hacer, tenés que producir, generar diálogo con contenido”, expone Sabulsky y continúa: “En una clase presencial, tenés alumnos enfrente tuyo, callados, mirándote pero en realidad no sabés si te escuchan, te siguen, te comprenden. Esto en la virtualidad no sucede. Vos no ves a tus alumnos, los ves únicamente cuando hacen algo en esa plataforma, cuando hacen una consulta, comentan en un foro, mandan contenido, etc. Para existir, tienen que hacer.  Desde el punto de vista educativo, eso es mucho más valioso, porque los alumnos para probar su presencia tienen que actuar”.

En su experiencia en la Maestría en Procesos Educativos Mediados por Tecnologías, con modalidad virtual, Gabriela cuenta que trabajan con la idea de “comunidades de aprendizajes”: “Lo que tratamos es que se conforme un grupo de personas que interactúan, que se conocen, que generan vínculos, porque es un elemento más que permite contribuir a que el alumno ingrese a un entorno virtual. Vos no sos un anónimo, sos una persona con nombre y apellido en un espacio que dialoga con los demás. Entonces el alumno siente la necesidad de entrar a ese aula porque si no siente que se está perdiendo algo o tienen un compromiso con el resto del grupo en alguna actividad que no pueden abandonar”.

Por último, la investigadora sostiene que hoy en día ya no se encuentra la dicotomía virtual-presencial, si no que el alumno va oscilando entre uno y otro ámbito, en una mixtura: “Los que asisten a cursos presenciales son también alumnos de plataformas virtuales, simultáneamente o alternativamente. Las universidades deben ser conscientes de este movimiento para pensar estrategias para enriquecer el aprendizaje”.

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