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Investigadores diseñan un test psicológico para la "tecnoadicción"

La herramienta evalúa el uso abusivo y patológico de las computadoras, internet, videojuegos, telefonía móvil y de tecnología en general
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La tecnoadicción es el uso patológico o la dependencia de las tecnologías de la información y comunicación (TIC). Los expertos la clasifican como del tipo enfermedades relacionadas al comportamiento, ya que si bien no es una conducta perjudicial, acarrea con problemas debido a un uso excesivo y/o compulsivo.

La investigadora de la Universidad Nacional de Córdoba y especialista en la temática, Leticia Luque, define a la tecnoadicción como un patrón de conducta que produce un malestar o deterioro en la vida del sujeto que lo ejecuta.

Si bien, hoy en día, las consecuencias están inadvertidas en la sociedad y el tema es de interés científico, aún es difícil identificar patrones propios del trastorno para poder diagnosticarlo. En este sentido se elaboró un instrumento de medición para detectar la adicción a la tecnología, clasificando a los individuos en categorías como “usuarios”, “abusadores” y “dependientes”. La aplicación es utilizada en estudios descriptivos sobre la problemática, a pesar de que aún no llegó a los consultorios psicológicos.

De igual manera, los resultados obtenidos de la herramienta, se complementan mediante la observación de comportamientos -por ejemplo las horas y el tipo de uso diario-, la indagación sobre posición y adquisición de TIC, evaluación de consecuencias físicas, sociales, vinculares, económicas y psicológicas derivadas del uso, además de una valoración del estado emocional.

La “Escala Diagnóstica de Adicción a la Tecnología” delineada por Luque consta de 37 afirmaciones, entre las que figuran algunas como “Sólo cuando uso internet (por ejemplo Facebook) me puedo olvidar de situaciones desagradables y/o conflictivas de mi realidad”; “Me siento aislado cuando no tengo o no puedo usar mi teléfono móvil”; “Considero imprescindible tener TV en mi habitación”; “Cuando me siento aburrido o solo, comienzo a enviar SMS”; “Siento que me falta algo cuando la computadora no está encendida”.

Existen cuatro tipos de usos de las tecnologías, según Luque. En el primer escalón se ubica el esporádico u ocasional, seguido del normal o instrumental (que corresponde a su uso como herramienta). El uso abusivo, en tanto, precede a una posible adicción; es el que comienza a hacerse intensivo, excesivo y sin percepción de las consecuencias negativas. Finalmente, el uso patológico se produce cuando, a pesar de tener conciencia del impacto negativo, el hábito se descontroló. Peor aun: para el paciente ser consciente de que practica un uso problemático le genera angustia y la única forma de liberarse de esa sensación es consumiendo más, lo que provoca un círculo vicioso.

Los datos demuestran que los argentinos están unas 22 horas mensuales conectados a internet. Pero son mujeres mayores de 55 años quienes pasan más tiempo online, con un promedio mensual de 25,5 horas, el segundo valor más alto de la región. En general, el 30% de las horas consumidas en internet se destina al uso de las redes sociales (hay 13 millones de usuarios de Facebook y los twitteros superan los 600 mil), mientras que un 18% del tiempo corresponde a la mensajería instantánea y otro 7% se dedica a chequear el correo electrónico.

Según estimaciones, hacia 2015, 15 mil millones los dispositivos (entre computadoras, teléfonos móviles, tablets y electrodomésticos) estarán conectados a la web. Esta naturalización que viene produciéndose a gran escala social, comienza a ser la preocupación de distintos especialistas. El conflicto radica en el gran impacto que las TIC tienen a nivel social y la “falta de conciencia del problema”. De acuerdo a la psicóloga, el entorno social por lo general no identifica la conducta disruptiva, por desconocimiento del potencial adictivo de las TIC. “El panorama se complica aún más ya que las conductas de uso compulsivo de tecnologías son reforzadas positivamente y los adictos gozan de un prestigio inmerecido”, agrega.

Fuente: Argentina Investiga

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