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La ecografía en las enfermedades tiroideas

El diagnóstico por imágenes permite determinar con mayor precisión el tamaño glandular, sus contornos  y su textura, en la búsqueda de cambios de forma o la presencia de nódulos
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La tiroides es una glándula endócrina (significa que las hormonas que produce, se liberan y circulan en sangre)  ubicada en la cara anterior de la base del cuello y cuya función  regula el metabolismo de nuestro organismo. Las dos alteraciones mayores que afectan este órgano son: trastornos del funcionamiento y trastornos de su forma y tamaño.

Las anomalías de la función tiroidea pueden darse en una glándula de apariencia normal o en una que perdió su anatomía original por agrandamiento, disminución de tamaño, irregularidad de su tejido o presencia de lesiones nodulares.

Una forma normal no necesariamente significa función normal. Por otro lado, las alteraciones de la morfología tiroidea pueden coexistir con  exámenes de laboratorio que demuestran correctos niveles hormonales.

La función glandular alterada producirá signos y síntomas al paciente que no siempre hacen sospechar patología tiroidea. Por ejemplo, en el hipotiroidismo (disminución de la actividad tiroidea)  puede aparecer cansancio, desgano, sueño, aumento injustificado de peso en relación a la ingesta, retención de líquidos, caída del cabello o sequedad del mismo, uñas quebradizas, sensibilidad al frío, retrasos menstruales, elevación de los niveles de colesterol, entre otros síntomas. En el hipertiroidismo (aumento de la actividad hormonal tiroidea) el paciente  puede presentar un cuadro  de ansiedad, nerviosismo, taquicardia, hipertensión arterial,  adelgazamiento, temblor de las manos, intestino irritable, bocio o nódulos en el cuello, exoftalmia (ojos saltones), entre otros síntomas.

La visita médica, efectuando un correcto interrogatorio y examen físico hará que el profesional sospeche o confirme enfermedad tiroidea. Sin embargo, para descartar otras patologías no tiroideas o determinar el nivel de alteración de la glándula, serán necesarios exámenes complementarios de laboratorio y en algunos casos, de diagnóstico por imágenes (Ecografía, Tomografía Computada, Resonancia Magnética, Gammagrafía, PET CT).

La ecografía, habitualmente el método por imágenes más empleado inicialmente, podrá determinar con mucha precisión el tamaño glandular, sus contornos y su textura, en la búsqueda de cambios de forma o la presencia de nódulos.

Enfocándonos en los nódulos tiroideos, haremos las siguientes consideraciones. Son más frecuentes de lo que la población cree. Al examen palpatorio se detectan nódulos solo en el 4 al 7% de la población general, más frecuentes en mujeres. Pero si utilizamos Ecografía, con un operador entrenado y equipos de alta resolución, se manifiestan  nódulos hasta en el 40% de la población general. La mayoría de los nódulos hallados son benignos, pero es de destacar que entre el 5 y el 10% de ellos son malignos.

Algunas características clínico-palpatorias (dureza, tamaño, fijación a planos vecinos, ritmo de crecimiento, edad, sexo, antecedentes familiares o de irradiación en cuello), los harán sospechosos.  De igual modo, los datos ecográficos tanto en la  modalidad  clásica como el Doppler color podrán dar indicios que hagan sospechar malignidad, evaluando además el resto del cuello en la búsqueda de ganglios comprometidos con la enfermedad nodular tiroidea.

Para ello será necesario efectuar un procedimiento denominado PAAF (punción aspirativa con aguja fina) bajo guía ecográfica. Es mínimamente invasivo, se realiza de manera ambulatoria, con anestesia local y se emplean agujas muy delgadas. Este estudio se lleva a cabo con la presencia  de un médico especialista en Anatomía Patológica  en la sala de procedimientos para asegurar  ue el material extraído sea suficiente para el diagnóstico y  se obtengan solo las muestras necesarias (para evitar punciones innecesarias).

El segundo rol que cumple la ecografía es controlar la evolución de nódulos en pacientes tratados medicamente por enfermedad benigna y, en el caso de las personas que han sido operadas por  haber padecido enfermedad maligna tiroidea, se busca recidivas locales y, de encontrarlas, se realiza un PAAF. En este aspecto, otros métodos de imagen más sofisticados (Tomografía, Resonancia Magnética, PET CT) brindarán su ayuda en los pasos previos a la cirugía para evaluar extensión de la enfermedad y en los ya operados se utilizará para determinar recidivas locales o en otras regiones anatómicas  del organismo.

 

Fuente: grupoorono.com.ar

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