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La neuroplasticidad y el aprendizaje de idiomas

No hay edad para comenzar a estudiar. Aprender idiomas amplía tu ‘reserva cognitiva’, lo que te hace más resistente contra el desgaste del cerebro
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Décadas atrás, los científicos tenían un concepto mucho más rígido del cerebro. Creían que la manera como este se desarrolla en la niñez determina en mayor o menor grado la estructura que tendrá el resto de la vida.

Pero ahora sabemos que esto no es verdad. Un estudio decisivo llevado a cabo en 2000 (Macguire et al.) examinó la materia gris de los taxistas londinenses. No, no las pelusas grises que se acumulan en tu ombligo, sino lo que hay dentro de tu cerebro. Los taxistas que pasaban mucho tiempo conduciendo tenían un mayor volumen de materia gris en el hipocampo, una pequeña parte del cerebro que tiene la forma de un caballito de mar y está a cargo de la memoria (espacial). Esto era una prueba fehaciente de la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro para cambiar y establecer nuevas conexiones neuronales.

El resultado generó una gran ola de investigaciones sobre neuroplasticidad. En la actualidad sabemos que nuestro cerebro puede cambiar si lo ejercitamos, efecto que se evidencia incluso después de unas pocas sesiones. Cuanto más larga la sesión de ejercicios, tanto más potentes serán los efectos. Posteriormente, en el año 2010, un equipo de scientíficos suecos examinó durante seis meses a un grupo de jóvenes (21 a 30 años) y a uno de mayores (65 a 80 años), ‘sin detectar ninguna diferencia significativa en la plasticidad de la microestructura de su materia gris que pudiese ser causada por la edad’. Traducción: también los cerebros de mayor edad pueden transformarse.

¿Qué le sucede al cerebro de un adulto que está aprendiendo idiomas?

En 2012, los científicos examinaron durante nueve meses a un grupo de estudiantes adultos que estaban aprendiendo chino, quienes mostraron una ‘mejor cohesión de la materia blanca’ en este periodo de tiempo. La materia blanca es lo que conecta las células neuronales. Cuanto mejor estén conectadas, tanto mejor serán los resultados de nuestras actividades cognitivas.

Un resultado aún más significativo fue el aumento del tamaño del hipocampo en un grupo de intérpretes militares después de estudiar intensamente idiomas durante tres meses.

Aprender idiomas amplía tu ‘reserva cognitiva’, lo que te hace más resistente contra el desgaste del cerebro. 

Si te molesta no ser tan rápido como antes, o que tu memoria no lo sea, no te desanimés. Tienes algo a tu favor con lo que no cuenta ningún adolescente: has aprendido cómo aprender. Sabés qué estrategias funcionan en tu caso y cuáles, en cambio, son solo una pérdida de tiempo. Es posible que tu cerebro no sea tan ágil como el de alguien que tiene la mitad de tus años, pero tenés mejores ‘habilidades metacognitivas’. Otra manera de llamarlas es: ‘aprendizaje autónomo’.

Hace un par de años, unos científicos intentaron probarlo. Formaron grupos de personas jóvenes y viejas, y les mostraron palabras que tenían adherido un puntaje diferente, desde valores bajos hasta valores altos. Luego le permitieron a las personas repasar las palabras que desearan. Notaron que las personas mayores se tomaban más tiempo para las palabras de valores altos, pero su capacidad de recordar era igual de buena que la de los jóvenes.

De una manera muy interesante este estudio también demostró por qué las personas de edad avanzada no son dignas de confianza: los científicos descubrieron que los viejos, astutamente, habían revisado en secreto las palabras de alto puntaje justo antes de comenzar la prueba.

En conclusión, no existe ninguna razón para que no puedas aprender un idioma hasta una edad avanzada.

 

Fuente: es.babbel.com

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