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Mitos y verdades sobre el consumo del agua

¿Tomar demasiada agua se puede volver peligroso? ¿Existe realmente una adicción a esta bebida? ¿Es verdad que se deben consumir dos litros por día? ¿Es mejor si viene embotellada? ¿No debe mezclarse con sólidos?
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Existen diversos mitos y verdades alrededor de este elemento vital para los seres humano. El Dr. Silvio Schraier, médico especialista en nutrición, expresidente de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN) y Director de la Carrera de Médicos Especialistas en Nutrición de la Facultad de Medicina de la UBA, se encargó de despejar estas dudas una a una.

Cuánto tomar

“En personas sin enfermedades de base no hay ningún peligro en tomar más agua que la sugerida por las distintas guías, porque el cuerpo tiene todos los recursos para eliminar ese exceso”, indicó Schraier, quien especificó que se recomienda ingerir entre 2 y 2,5 litros de líquido por día y que de ese total, unos ocho vasos sean de agua pura, lo que equivale a un poco más de 1,5 litros.

El  nutricionista indicó que la tarea puede parecer difícil, en especial para las mujeres, que toman menos agua que los hombres, pero que en realidad, con adoptar estrategias como consumir dos vasos con cada comida, más dos infusiones o caldos en invierno se llega a esta meta con facilidad.

Quienes deben cuidarse con el consumo de líquidos son los pacientes que sí tienen patologías de base como por ejemplo, insuficiencia renal, en donde deben seguir las estrictas indicaciones del médico.

Cuándo tomar

Los expertos concuerdan en que no se debe esperar a tener sed para tomar agua. Es que la sensación de boca seca aparece cuando la pérdida de líquido corresponde a un 3% del peso corporal o más, por lo que este llamado de atención llega tarde. Para el nutricionista, se debe prestar especial atención a la hidratación de los ancianos, porque les cuesta percibir las diferencias en la temperatura y se les debe recordar tomar los ocho vasos diarios.

Por otra parte, en verano, síntomas como el mal humor, el cansancio y el desgano podrían estar asociados al bajo consumo de agua, según un estudio publicado en la revista PLOS One. De acuerdo con este trabajo, la deshidratación leve repercute específicamente en el estado de ánimo: beber más agua mejora el humor, reduce la tensión, aumenta la calma y las sensaciones positivas de felicidad.

Es que cuando se pierde entre el 1 y el 2% del peso corporal por falta de líquidos se pueden tener dolores de cabeza, falta de energía o disconfort, síntomas muy frecuentes que no pueden asociarse a priori con la deshidratación.

Schraier recordó que un mito muy arraigado es el de no tomar líquidos tres horas antes y tres horas después de ingerir sólidos, algo que carece de utilidad y que de por sí imposible de lograr en la práctica ya que las horas de vigilia no serían suficientes para lograr la meta.

Es que beber agua durante las comidas no dificulta los procesos digestivos, ya que su evacuación gástrica es rápida y tampoco posee ninguna interacción que dificulte la absorción de un macro o micronutriente.

¿Existe una adicción al agua?

Según explicó el nutricionista, existe un trastorno llamado “potomanía” que es la necesidad urgente y exagerada de beber agua. “Las personas que la sufren toman entre 5 y 10 litros por día y hasta incluso tienen botellas escondidas en su cuarto, por lo que este problema es también una adicción”, relató. Pero aclaró que quienes la sufren son conscientes de ello y que los individuos que toman ocasionalmente un poco más de los dos litros de líquido sugeridos diarios no deben preocuparse.

La potomanía suele asociarse a otros trastornos alimentarios como la anorexia y acarrea efectos muy perjudiciales para la salud, según explicó el nutricionista. En sus palabras tanto líquido “lava y barre sales del cuerpo, por lo que la persona suele no tener fuerza”.  

Sin embargo, la necesidad de beber más agua no siempre está relacionada con un comportamiento adictivo. “Si una persona de un momento para otro necesita más líquido y va a orinar con más frecuencia debería consultar al médico, porque esas manifestaciones podrían delatar, por ejemplo, el inicio de una diabetes”, aclaró.

¿Agua corriente o embotellada?

Schraier explicó que el agua de la canilla es apta para el consumo, por más que muchos puedan sufrir reticencia al ver que su color no es del todo transparente. “Si el líquido no es completamente incoloro y tiene un tinte amarronado se debe a la grava por donde pasa como filtro, pero bajo ningún concepto es tóxica”, indicó. Por ende, elegir agua corriente o la que se comercializa obedece sólo a preferencias de consumo. 

Fuente: docsalud.com

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