La empresa Emerger desmintió que haya despedido a un empleado por haber hecho público la semana pasada que una ambulancia de la empresa llevaba horas con una persona que debía ser atendida de urgencia por falta de camas. Justamente, después de la difusión del caso, la paciente pudo ingresar al Hospital Centenaro.
Según la empresa, que emitió un comunicado firmado por su gerente Javier Sveda, las razones del despido “son totalmente de índole doméstica y obedecen a incumplimiento reiterados y por las causales expresadas por el ex empleado”, quien, sostiene la firma, fue varias veces sancionado con anteriroridad al despido.
El comunicado explica que “todo el equipo de operaciones de la empresa, en el hecho sucedido con esta mujer, trabajó intensamente para conseguir la cama, como ha sucedido en diferentes oportunidades. Incluso es común recurrir a la fiscalía de turno para que ordene la internación, cosa que en este caso no fue necesario. Asimismo, destacamos que la empresa ha recurrido en situaciones grave a la prensa, luego de agotar las vías normales”.
“La empresa posee en su estructura un coordinador general de operaciones, y coordinadores médicos de enfermería y paramédicos. Es competencia de las personas que están en estos cargos ocuparse de los casos excepcionales como el sucedido y no del empleado (que es telefonista), que en lugar de en esos momentos llamar por teléfono como dice hizo a los medios debería haberse ocupado de atender las llamadas telefónicas entrantes a su puesto operativo y que podían ser casos de emergencias médicas que por protocolos internacionales se deben satisfacer en menos de siete minutos”, continúa el comunicado.
La versión del empleado
Gustavo Rodríguez, el empleado en cuestión, había dicho a Radio 2 que su despido fue porque había hecho pública la situación que se vivía con esta paciente.
Según este joven de 27 años, el 23 de agosto la empresa le comunicaba, mediante telegrama, la cesantía con “justa causa” –es decir, sin indemnización– por considerarse “injuriada” y porque con su actitud puso en riesgo las “relaciones institucionales” de la firma.
“Estoy indignado, no es lo que esperaba después de resolverle el problema a una persona que estaba en riesgo”, afirmó Gustavo.
Pero desde la empresa sostienen que el muchacho en “reiteradas oportunidades ha incumplido y desobedecido órdenes”, y que esta fue “la gota que rebalsó el vaso”, ya que pasó por encima de los coordinadores que deberían haber tomado las decisiones sobre cómo actuar en este caso.


