Las curvas de casos de dengue por año marcan un ascenso con picos cada vez más altos en este siglo, tanto en Rosario, como en Argentina y a nivel continental. No dibujan una línea aritmética predecible, se parecen más bien al caos que es la realidad. El incremento sostenido se vincula a un mismo fenómeno: la expansión del mosquito aedes aegypti. Y eso, a su vez, está ligado a las mutaciones en el ambiente, eso que definimos como cambio climático.

La comunidad científica ya probó que el planeta se calentó casi 1,2 grados por sobre los registros de la era preindustrial (1850-1900). Las mediciones de esa anomalía generada por la acción humana y las emisiones de gases, año por año, reflejan una misma evolución creciente. Desde la década de 1980, las temperaturas fueron en ascenso y desde este siglo superaron cada vez más el nivel del cero grado promedio.

La expansión de la enfermedad acompañó esa tropicalización de nuestra región: con más calor, aumento de lluvias y humedad, e inviernos más cortos.

Los gráficos que siguen con los datos de los contagios por año de Rosario y de Argentina, más la suba de las temperaturas globales, resumen lo que afirman los especialistas.

Elaboración propia en base a datos oficiales de Salud Rosario.

 

Después de muchos años sin casos registrados, Rosario reportó en 1997 un contagio de dengue por una persona que viajó (a Venezuela). Al año siguiente, la cuenta volvió a cero y esa fue la variación durante una década (entre un caso y ninguno). Recién en 2009 hubo un primer pico importante con 107 casos y de ellos 82 fueron autóctonos, el primer brote local del siglo.

El escalón siguiente llegó en 2016 con 1.606 enfermos. Los primeros detectados llegaron con el virus desde Formosa, Chaco, Misiones, Brasil y Paraguay. Después de esos casos importados, hubo 1.544 personas que fueron picadas por mosquitos en la ciudad.

Los contagios bajaron a seis en 2018 pero en 2020 hubo otro pico con 1.506 (que no llegó a superar el registro de 2016). En 2023, el brote triplicó los anteriores y la marca anual llegó a 4.249. Los autóctonos fueron 4.167 y los importados se originaron cada vez más cerca de la ciudad.

Si los primeros contagios (hace 20 o 25 años) llegaban de Venezuela, Colombia, Paraguay y Brasil, el año pasado el ingreso de la enfermedad fue desde Chaco, Corrientes, Entre Ríos, Misiones, Salta, Santiago del Estero y otras localidades de Santa Fe; además de Brasil y Perú.

De nuevo, la tropicalización no afecta solo a Rosario sino al país y a Sudamérica. El mosquito circula más en la ciudad y en las provincias del norte, en algunas de ellas no dejó de estar presente y la amenaza es constante (cuatro provincias endémicas en 2023). 

Si los 4.249 casos encendieron las alarmas el año pasado en la ciudad, este primer trimestre de 2024 generó impacto. Aquella cifra anual máxima fue superada de forma brusca este año con unos 17 mil casos hasta la semana 13 (más de cuatro veces el total del año pasado).

Fuente: Statista en base a datos oficiales.

 

Aunque con cifras distintas, el serrucho de los contagios a nivel nacional responde a una dinámica similar a la de la ciudad. Entre 1980 y 2000 casi no había casos. Las cifras comenzaron a subir de a poco. En 2009 hubo un primer pico. En 2016, otro más alto. Y uno más en 2023. 

El pico de este año llegó a los 180 mil casos en Argentina (129 fallecidos) y los acumulados hasta la semana 12 implican seis veces más lo registrado en el mismo período de 2023.

Al margen de las discusiones políticas sobre las posturas de un Estado que no interviene para cuidar a su población, como la del actual gobierno, versus otras que reclaman mayor presencia e inversión sanitaria; lo cierto es que existe una evolución de la enfermedad de muchos años que excede a ese debate y que explica las razones de fondo del brote actual.

Una de ellas es el calentamiento global que se traduce en décadas más calurosas que la anteriores de forma sucesiva. Según datos de la NOAA (Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos), 2023 fue el año más cálido del que se tengan registros.

La temperatura superficial terrestre y marina global fue 1,18° superior a la media del planeta del siglo XX (ver más información en esta entrevista con la científica argentina Carolina Vera).

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), eso incide en el aumento del riesgo de propagación de la epidemia de dengue. Enumeraron: “Los cambios en la distribución de los vectores (principalmente Aedes aegypti), sobre todo en países donde antes no estaba presente la enfermedad, las consecuencias de los fenómenos relacionados con El Niño en 2023 y con el cambio climático, que se traducen en un aumento de las temperaturas y en niveles elevados de precipitaciones y humedad, entre otros efectos”.

El mosquito muere pero el huevo no

 

En diálogo con Rosario3, el equipo de salud municipal que lidera la secretaria Soledad Rodríguez explicó cómo se dio el avance de la enfermedad en la ciudad y cuáles fueron los mecanismos de prevención y combate en los territorios más afectados (ver más en nota aparte). Sobre los motivos de la expansión en este año, diferenciaron la sobrevida del mosquito a la de los huevos.

Matías Lahitte, director de Epidemiología municipal, afirmó que el huevo puede soportar temperaturas a cero grado durante todo un año. El que no resiste al frío es el mosquito. Además, enlentece el proceso.

Con lluvias, calor y humedad, en apenas diez días el huevo se transforma en mosquita en vuelo. En cambio, con 15 grados esa etapa se prolonga a 60 días.

No se trata de esperar una temperatura que aniquile por sí misma todo el problema, sino que existen distintos niveles de gravedad y de velocidad de circulación.

“Hay una expansión del vector en lugares donde nunca había tenido presencia, como en la Patagonia y zonas con bajas temperaturas. El mosquito, que migró proveniente de África en los barcos siglos atrás, comprometió en las décadas 1950 y 1960 a Centroamérica, después bajó a Sudamérica y los países tropicales. Pero hoy se está adaptando a climas más fríos”, afirmó Lahitte.

"En la primera helada, desaparecen los insectos y termina el brote de ese año pero el huevo sobrevive”, precisó Fernando Vignoni, subsecretario de Salud y Territorio. Eso pasó en Rosario en 2023: los últimos casos se dieron en agosto y recién volvieron sobre diciembre. 

En otras provincias como Chaco, Formosa, Corrientes y Misiones, los contagios nunca cesaron y por eso, por primera vez, son zonas endémicas, es decir que la enfermedad no se va. “El huevo queda ahí y cuando se vuelven a dar las condiciones de temperaturas y humedad eclosiona y tenemos mosquitos adultos”, siguió Vignoni.

Esos mosquitos no nacen con la enfermedad (como sí se ha detectado que ocurre en otras regiones) sino que deben picar a una persona virémica y allí se renueva el ciclo. Antes, los brotes empezaban entrado el mes de enero o en febrero, y el pico se daba en otoño. Importaban el virus quienes viajaban en verano a Brasil o Paraguay y volvían enfermos. Pero ahora, con provincias argentinas endémicas, ese proceso de contagios comenzó en diciembre (cuando migrantes internos vuelven a pasar las fiestas en Chaco o Formosa u otras provincias con circulación permanente).

Rosario estaba en el borde sur de la “Isla de calor central” del dengue. Esa realidad no existe más: la ciudad salió entonces de los márgenes y hoy está en el centro de la epidemia. 

El aumento de casos es global

 

La suba exponencial de infectados en la ciudad y en el país tiene un correlato global. En la década de 1980, cuando no había contagios autóctonos en Rosario, en el mundo se registraban 1,5 millones de casos acumulados. Esa cifra saltó a 16,2 millones, se multiplicó diez veces, en la década pasada (del 2010-2019).

El mismo aumento se comprueba al comparar los años 2000 y 2019: el número de casos notificados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) subió de 500 mil a 5,2 millones. 

En 2019, se alcanzó un pico sin precedentes, con casos notificados en 129 países. El registró bajó en pandemia y volvió a subir en 2023. Este 2024, los mapas se poblaron de rojo.

Los casos de dengue se triplicaron en América (1.874.021 casos hasta la semana 8), según la OPS. Es un 249% en comparación al mismo periodo del 2023 y 354% con respecto al promedio de los últimos cinco años. Brecha que se ve semana a semana.

La subregión Cono Sur de América presenta un incremento mayor: de 314% en comparación con la misma semana del 2023 y de 410% con respecto al promedio de los últimos 5 años.

Santa Fe: 37.967 casos y 17 fallecidos

 

De regreso a nuestra provincia, el Ministerio de Salud de Santa Fe actualizó los datos de circulación viral de dengue este viernes. Desde el comienzo del año y hasta la semana 13 (hasta el 30/03/2024 inclusive), confirmaron con laboratorio 30.690 contagios y 7.277 casos por criterio clínico-epidemiológico. El total de casos es 37.967.

La epidemia se extiende en el territorio y alcanza a los 19 departamentos. La representatividad del departamento Rosario comenzó con un 80% del total y ahora bajó al 54%.

En esta semana, se sumaron cinco casos fatales, dos del departamento Rosario, una joven de 19 años y un hombre de 71. Este 2024 murieron en total 17 personas con diagnóstico confirmado de dengue y siete corresponden al departamento Rosario.

La ciudad, la provincia, el país y también la región exhiben datos al alza. Los especialistas los vinculan a las curvas de ascenso de la temperatura global, la tropicalización de nuestra región, con más olas de calor e inviernos menos densos, la lluvias y la humedad del Niño, y carencias propias de la pobreza estructural.

Las comparaciones estadísticas sirven para visualizar la dimensión (o una parte) del problema sanitario actual. Sin embargo, que la explosión de los contagios sea general y no puntual de una ciudad o país, no justifica el abandono de las políticas públicas de salud: la carencia de campañas de prevención nacionales, el desabastecimiento de repelentes en el mercado o no activar un plan de vacunación como hizo Brasil.