Son poco más de las 14.30 y afuera llueve. Adentro de la librería céntrica Oliva, una de las 150 que hay que conocer antes de morir según la escritora estadounidense Elizabeth Stamp, hay fans de Mariana Enriquez desde hace más de una hora con alguno o varios de sus libros en mano para autografiar. Mariana visitó Rosario el miércoles de la semana pasada con su show No traigan flores y un rato antes se dio cita con sus lectores.

Cuando finalmente entra -afuera quedó gente esperando bajo el agua- el aplauso es cerrado y el ingreso es de rockstar. La melena despeinada, entre negra y gris, campera de cuero, anillos y labios rojos.

El Club de Lectura de Rosario3 sentó a la “reina argentina del terror” en un trono a tono con su boca, en el rincón de literatura latinoamericana.

–En Nuestra parte de noche hay varias referencia al Litoral, estamos a la vera del Paraná, ¿qué te atrae de la región?

–Yo no tengo un interés particular, o algo que tiene que ver con mi experiencia. Mi familia es de Corrientes y yo cuando era chica iba mucho de vacaciones a Corrientes y a Misiones. Chaco también que ya no es Litoral, pero bueno, es toda la misma región y mi abuela, que era correntina, vivía en mi casa y fue la primera persona que me contó historias, sobre todo historias sobrenaturales. Algunas que yo creo que inventaba de su propia familia y cosas así, muy oscuras de verdad, y otras que tenían que ver con la mitología. Entonces los primeros libros que me compré por ejemplo, fue sobre mitología del litoral o mitos guaraníes.

Y creo que después siempre lo usé como mi primera referencia a lo sobrenatural y lo mágico, la más cercana mezclada con otras que después tienen que ver con el pop, con las películas de terror, con (Steven) Spielberg con qué sé yo... Pero para mí en ese momento estaba todo en la misma línea: eso, la mitología griega, era todo igual y tenía la ventaja de esta mujer que te contaba cosas feas.

–¿Encontrabas ahí historias más atractivas de las que podías encontrar en el conurbano bonanerense?

–Pasa que muchas de esas historias se trasladan por la migración al conurbano bonaerense. Digamos, yo las escuché primero en el conurbano antes que en Corrientes. Yo era chiquita y me las contaba mi abuela que venía de allá. Ella no era la única, mi abuelo era paraguayo. No eran los únicos inmigrantes del Litoral que vivían ahí; de hecho, el barrio era todo una mezcla. Había una cosa que hoy sería políticamente incorrecto (decir), estaban los tanos, los polacos, todos rubios, todo lo mismo. Difíciles de distinguir.

Y entonces, en realidad el conurbano, y con los años cada vez más, va teniendo por las migraciones, y sobre todo a sus alrededores, porque la Capital es muy caro... Cuando yo era chica no había ni una imagen del Gaucho Gil por ejemplo, ahora es todo. O sea, no te podés mover. Entrás a Buenos Aires, al lado del cementerio de la Chacarita sin ir más lejos hay una especie de carpa de circo del Gauchito que es impresionante. Yo vi crecer mucho esa infiltración, entonces yo lo uso un poco como una infiltración y está súper reinterpretado también. Ese encuentro a mí me copaba.

Mariana Enríquez "La mitología del litoral o los mitos guaraníes los usé como mi primera referencia a lo sobrenatural y lo mágico". (Foto: Ana Isla / Rosario3)

 

–Recuerdo la historia de "El familiar", el perro devorador de obreros de los ingenios azucareros de Tucumán, servía como una forma de disciplinamiento. ¿Sigue siendo esa la función del terror hoy?

 

–Depende. Muy depende del santo, creo. Creo que en realidad casi todos los santos populares están trabajando a favor del que le pide a esta altura. No creo que sean tan manipulados por el poder en este momento. O sea, yo creo que ya ni siquiera la religión organizada está tan manipulada, un poco más obviamente, pero no tanto. Me parece como que eso se desprendió absolutamente. Qué sé yo, viste los que se tatúan a San La Muerte son los presos para zafar de las balas o para no pasarla tan mal preso y así con todos.

Y después hay cosas raras. Estuve hace poco en Catamarca, estaba en la ruta, fuimos a ver a El Degolladito en la ruta. Es una historia rara porque no está muy claro el origen. Está como el templo. Ahí hubo una mezcla, le dejan agua lo mismo que la Difunta Correa pero el señor no sé cómo la va a tomar porque está degollado, técnicamente es medio complicado.

Pero al lado, se empezó a hacer un santuario, que ya es bastante grande, de un nenito jujeño que hubo una inundación, se levantó la tumba y el nene no estaba podrido, cosa que es relativamente normal en ese clima que es súper seco, qué sé yo. Pero claro, fue un flash y al pibe se lo exhibió durante un montón de tiempo con un vidrio arriba pero no era un santo popular hasta hace poco y creo que técnicamente este es el primer santuario, pero está como copándolo. O sea, (el santuaro) es el del Degolladito.

Pasa que El Degolladito es una leyenda del siglo XIX, un tipo que pasó, lo degollaron, nadie sabe. Lo que es impresionante es que entrás y está la foto del pibe muerto, o sea, no está muy bueno el lugar. Está el bebé ahí grandote, hicieron como una gigantografía, pero no es disciplinador de nada. Al contrario. La gente le va a pedir cosas, parás durante el viaje para poder seguir desde. Me parece que ya no y me parece que eso estaba muy relacionado con la manipulación de los gobiernos autoritarios. Ahora no se puede hacer eso, se resignificó por completo.

–¿Y para qué sirve ahora el terror? Si es que sirve para algo.

 

–Pasa que no necesariamente asocio estas historias al terror, sino más bien a la cosmogonía sobrenatural y a la mitología sobrenatural y algunos dan miedo porque algunas cosas si te las ponés a pensar racionalmente es un espanto. La Difunta Correa es un espanto: un muerto ahí, que le está dando de mamar a un bebé. Es espantoso. Pero una cosa es lo mórbido, lo macabro y otra cosa es lo que da miedo.

Para mí la función del miedo siempre es la misma, que es ensayar en la seguridad de la ficción los miedos de la vida real. Vos cuando lees algo o ves una película de lo que quieras de terror no te está pasando, pero sí sentís la sensación y de alguna manera es una forma de ensayar el miedo. Si no, yo creo que sería imposible de manejar la sensación. Por algo desde que existe el ser humano se cuentan historias de miedo, desde los cuentos de hadas hasta lo que se contaban en las cuevas. Es como una especie de función comunitaria de contarse cuentos de miedo para poder incorporar esa sensación en la vida y además finalmente para explicarse la muerte que es a lo que todo el mundo le tiene más miedo, porque la mayoría de las narraciones de miedo tienen que ver con un más allá que no se sabés si existe.

 

–¿Y a vos qué te pasa con la muerte?


–A mí me da miedo como a todo el mundo me parece.

–¿Pero creés que después pasa algo? ¿O nada, se apaga la tele?

 

–No, se apaga la tele. Por eso me gustan los fantasmas porque estaría bueno. Me cierra. Los vampiros me cierran...

–¿Cómo encontrás el denominador común de lo que le da miedo a más gente?

 

–El terror en general tiene, como todo género, tiene (los que lo hacemos le llaman) “tropos”, los espacios habituales donde transcurre el terror. Y en general son como espacios donde la realidad se deteriora. O son siniestros en el sentido de (Sigmund) Freud, algo familiar que deja de serlo. Por eso una casa abandonada.

Una casa abandonada es el lugar donde vive alguien, pero una casa sin ventanas rápidamente se convierte en un lugar que te da miedo y un miedo sobrenatural, no un miedo que haya un tipo adentro y te afane. No es, en general, el miedo más normal. Eso es porque un espacio de cobijo se transformó en un espacio abandonado, donde vos te empezás a preguntar porqué.

Y no es que a todo el mundo le de miedo una casa abandonada, pero a todo el mundo le da miedo que algo que te tiene que proteger se vuelva hostil. Y el terror, si lo pensás en ese sentido, desmenuzando cada uno de los personajes y de los tropos del terror... por ejemplo el fantasma: hace siempre lo mismo, camina de acá para acá, pide algo, a lo mejor está enterrado ahí abajo, nadie lo sabe, pide que lo levanten y que lo entierren, uno espera que lo levantan y lo entierran y se va a ir, pero probablemente no. Los que vieron suficientes películas de terror saben que vuelve, vuelve y vuelve porque es un trauma. El fantasma es un trauma. El trauma se puede calmar, puede pasar por épocas, se puede trabajar pero no se va a ir, es una cicatriz.

A vos puede no darte miedo el fantasma, pero la idea de que haya algo que te dañe de una forma tan permanente, que vos no puedas desprenderte de él o que haya algo tan dañado que vuelva y vuelva y vuelva a atormentarte de alguna manera eso sí te da miedo. No todo el mundo le tiene miedo a los fantasmas, pero sí a eso. Entonces, si vos logras que el fantasma represente eso de alguna manera no te va a estar dando exactamente miedo el fantasma, sino todo lo que implica. Yo creo que ya todos los escritores de terror modernos trabajan el terror desde ahí, no desde el monstruo que asusta ¡bu! y se acabó.

 

–¿Cuáles son tus fantasmas, esos temas que aparecen y aparecen?

 

La dictadura aparece mucho porque como es un trauma infantil largo es muy difícil de... Yo creo que la inestabilidad económica, en serio, como fantasma, pero como un fantasma que representa eso: la falta de futuro, la autodestrucción… O sea, yo trato de pensarlo complejamente, ¿qué te lleva a vos vivir una vida entera en un lugar que tiene una permanente crisis económica y que no te deja pensar en el futuro, a que vos mismo, no te pienses como una persona que tiene futuro? ¿Para qué? ¿Para qué? Entonces te reventás... A mí me gusta trabajar la consecuencia de eso.

Esos son todos temas recurrentes y casi todos tienen que ver con la realidad pero a mí no me gusta trabajarlos desde el realismo porque me parece que ya está bien trabajado, que ya está hecho y no es mi lenguaje, no es mi manera de contar. No, me aburro. Entonces si ya me aburro haciéndolo así es porque ya está.

Mariana Enríquez: "Yo creo que la inestabilidad económica es un fantasma que representa la falta de futuro, la autodestrucción…". (Foto: Ana Isla / Rosario3)

 

–¿Hay algo lúdico todavía en la escritura o es trabajo, trabajo, trabajo?

 

–No, no, no. En el periodismo sí, y por eso me gusta también seguir trabajando como periodista porque ahí puedo distinguir bien una cosa y la otra. Ayer vi de casualidad, de reojo, una entrevista con Clarice Lispector que decía yo no soy profesional y me esfuerzo por no ser profesional y escribo cuando quiero. Y yo pensaba, ¿a mí me pasa lo mismo? Y yo decía sí, lo que pasa es que no pasa con tanto glamour como a Clarice, pero si yo no tengo ganas de escribir, no escribo, literatura digo.

 

–¿Tenés obsesiones, tocs a la hora de escribir?

 

–Cero. Voy agrandando la letra a a medida que voy viendo menos nada más. Eso es todo. Pero eso es el periodismo, el periodismo te obliga a escribir de una manera tan de trabajo que después es muy difícil que te queden tocs con un jefe que te dice son 6 mil caracteres en dos horas. No podés decirle "pero yo necesito una luz tenue...". Es ridículo. Entonces cuando después pasás a tu trabajo, ya no pasás con la luz tenue.

–Ya tenés el entrenamiento, el oficio...

 

–Sí, es eso. Y además yo empecé escribiendo antes de hacer periodismo, pero escribía... cambió todo tanto, en la máquina de escribir, de noche; o sea es como que escribí esa novela en otro mundo. (Señala Bajar es lo peor). Entonces si tenía un toc en ese momento fue porque ya no tengo esas herramientas.

Mariana Enríquez: "Me gusta seguir trabajando como periodista porque ahí puedo distinguir bien (la literatura del trabajo) una cosa de otra". (Foto: Ana Isla / Rosario3)

 

–Hablando de herramientas, ¿qué te dio y qué te quitó esta nueva Internet?

 

Esta nueva Internet para mí es mucho más chica de lo que era la Internet de cuando empezaron los usuarios era el infinita en serio; ésta no. O sea, acá ahora son las redes. Y si todos nos ponemos a pensar un poco cuántas veces esta semana vimos una página fuera de las redes que no sea una página para comprar algo... que yo miro permanentemente, ¿no?

Cuando empezó Internet yo era chica. Antes de las redes sociales, pues no había, tenías las newsletter que era una cosa totalmente privada, cerrada, entonces era mucho menos odioso, te insultaban mucho menos. No había imagen, era mucho menos traumático el tema del filtro, el coso, el video, todo eso. Era muchísimo más anónima.

Hay gente con la que me escribía en 1995 27 mails por día a quien nunca más encontré. Es como si hubiese hablado con un fantasma. Y otras no, otras sé dónde están y seguimos en contacto y qué sé yo. Pero además sabía sitios web donde uno iba todo el tiempo y se subían cosas, y había videos y había cosas repugnantes que ahora todavía se pueden encontrar algunas de ellas en mi -no es una red social exactamente, pero más o menos-, favorita que es YouTube, que es la más enferma todas, es la que todavía por un tiempo por lo menos se pueden conservar ciertas cosas. Y gente con creepypastas y todo eso, o Reddit sacando las cosas más oscuras que podés encontrar, pero de lo mainstream quiero decir. Pero cuando empezó Internet era todo así.

Me acuerdo una colección de sitios, porque que se listaban sitios que llamaban de The dark side of the net (El lado oscuro de la red), y había sitios que eran por ejemplo, fotografía hospitalaria y colgaban fotos de gente muriéndose. Cosas así muy fetichistas. No es que no existe más, pero empezó a ser de pago, muchas se fueron a la dark web, muchas se volvieron subreddit que te tenés que suscribir y al principio no, era totalmente salvaje y era lógico porque todavía no estaba regulado y todavía no se sabía qué hacer. Lo que sí es notable es que empezó así. Me acuerdo las primeras épocas de Internet eran fans y psicópatas. Estaba buenísimo.

 


–De Twitter te fuiste, ¿por qué te quedás en Instagram?

 

–Primero porque tenés menos contacto con la gente, la verdad. Yo soy muy adicta en general, entonces yo me acuerdo, por ejemplo, en estos foros y esas cosas, cuando empecé a usar redes yo me iba a dormir pensando en qué le iba a contestar a la persona el otro día y me levantaba a las 3 de la mañana, lo borraba, y Twitter tiene eso, tiene esa pelea pero Instagram no tanto. Un poco me peleo pero más en chiste, ahora me estoy peleando con con los anti Djokovic, por ejemplo. Me divierto mucho. Ellos se enojan, yo no, porque la gente así vive. Aparte se toman muy en serio todo eso. Incluso la forma de hablar es “yo siento”. ¿Qué? No sentís nada, o sea, vos pensás tal cosa o te parece tal cosa, pero vos no sentís que te gusta más tal porque ahí estamos perdidos.

–¿Y si se meten con Andrey Rublev...?

 

–De Rublev que digan lo que quieran, está fuerte. Rublev me gustaría que se rompa una pierna y empiece a modelar. Como jugador no me interesa.

Mariana Enríquez: "En las redes la gente se toma muy en serio todo. Yo no, yo me divierto". (Foto: Ana Isla / Rosario3)

 

–La pregunta obligada es por tus referencias literarias. ¿Qué libros que leíste en el último tiempo te gustaron y cuáles son esos otros que funcionan como faros?

 


–Son demasiados. Un top five... William Faulkner, Toni Morrison, (Arthur) Rimbaud, me gusta mucho la poesía. (Jorge Luis) Borges a veces. A Borges lo aprendí a ser recontra fan a partir de los escritores nuevos, especialmente Neil Gaiman, porque leer Borges en la secundaria es una pesadilla absoluta. Y bueno, Stephen King, ahí está el top five.

Lo que pasó fue que yo leí Sandman, el cómic, y ahí vi que había un personaje que era ciego y vivía en un laberinto, que se llamaba Destino y era claramente Borges, además de un montón de otras ideas borgianas que aparecen en el cómic, que yo dije "¡Ah! Puede no ser un bronce y una pesadilla esto". Y ahí lo empecé a leer como el escritor más lúdico que es y yo lo vuelvo a leer a veces y no entiendo muy bien cómo es el rollo Borges porque es un juguetón, es todo una pavada. El aleph y lo miramos y se puede ver todo, es todo chistoso.

–¿Hay todavía mucha pose en la literatura?

 

–Es un plomazo.

Y nuevos, leo muchos contemporáneos, puedo decir los que me gustan. A mí me gusta mucho Diego Muzzio, de los nuevos, Luciano Lamberti, María Gainza, Maximiliano Barrientos, boliviano, Laura Fernández, que es española. Un montón.

Pero son escritores que me influyen a mí también porque a mí me gusta leer a mis contemporáneos, la verdad. No entiendo mucho a la gente que no lee lo que están escribiendo los demás porque es interesante ver con quién tenés cosas en común y cómo te pisás con cosas. Está bueno. Y es un buen momento para literatura en español.

–Sabemos de tu amor por la música. ¿hay algo que la música da que la literatura no? ¿O que la literatura da y la música no?

 

La música es mejor porque es más corta, porque puede ser perfecta, cosa que la literatura nunca es. porque te lleva perfectamente a un momento de tu vida o de algo que pasó, porque el momento de estar en un show esas dos horas... puede ser el mejor momento de tu vida. A mí me gusta muchísimo más. Pero no para hacerla, no es que soy una música frustrada, que yo quise tocar, pero... quise muchas cosas en la vida, pero no es eso, es que sencillamente me parece algo más importante.

Y es más fácil descartarlo, un libro lees 20 páginas y no sabés. La canción son tres minutos, listo. A mí me pasa mucho, me recomiendan bandas, las busco, un minuto y digo no.

–¿Y con el libro te pasa que tenés que engancharte en las primeras 20 páginas, diez?

 

–Al libro lo leo más porque estoy más acostumbrada a leer libros sobre todo por una cuestión de leer para premios, entonces se que un libro puede empezar horrible y levantar y me cuesta dejarlo, soy un poco toc en ese sentido y eso es un problema, creo que tengo que empezar a decir, bueno se acabó.

Mariana Enríquez: "Un libro puede empezar horrible y levantar". (Foto: Ana Isla / Rosario3)

 

–¿Y ahora qué estás leyendo por placer, no por trabajo?

 

–Estoy leyendo tres cosas, por placer las tres: Susana Clark, un libro llamado Piranesi, fantástico; la biografía de Openheimer, que la estoy releyendo en realidad a propósito de la película. Aparte estoy obsesionada con el Proyecto Manhattan y me viene bien. A la gente no le hablo de otra cosa. La biografía de una cantante country que me gusta que se llama Lucinda Williams.

–Y en tren de recomendaciones, si tuvieras que recomendar un libro de Mariana Enríquez a una persona que no te leyó, ¿con cuál le dirías “mirá, empezá por acá”?

 

–Yo empezaría por Nuestra parte de noche porque si ya no te gusta eso, está. Es como no pierdas el tiempo.

–¿Para vos es lo mejor que escribiste?

 

No, pero es lo más sintético a lo mejor de todo lo que yo hago. O sea, si vos ese mundo te copa después podés entrar a lo mejor. A mí hay cuentos que me parecen mejores, pero son cosas diferentes.

–Y de todo lo que escribiste, ¿qué fue lo que más placer te generó?

 

Este es el mar. La pasé súper bien porque además lo escribí en medio de los cuentos. El cuento es muy exigente técnicamente, tiene que ser de una manera, lleva mucho tiempo. Y todos los cuentos transcurrían en la Argentina, eran como medio... y dije tengo ganas de escribir de rock, de Los Ángeles, de hadas, de sirenas, un delirio. Y la pasé súper bien. Es más, no lo iba a publicar, por eso no está en Anagrama, por ejemplo. Es un libro como de otra especie.

–No es tan fácil de conseguir, quizás ahora un poco más...

 

–Sí, no es un libro que me preocupe mucho su recorrido, es para mí ese libro.

–Y quedándonos con la temática del libro, que habla de rockstars y fans, ¿cómo manejás sentirte tan reconocida y admirada, como una rockstar?

 

–Bien, mientras no me manden una carta bomba como a Björk está todo bien. Bueno, pasó eso.

Anteayer terminé de escribir un libro sobre yo siendo fan de una banda y sobre el fenómeno fan en general. Yo no sé si todos los lectores son fans, algunos son fans y otros son lectores y ya.

Con una banda me pasa también eso: hay bandas que soy fan y hay bandas que me gustan mucho que son dos cosas diferentes y me gusta distinguir eso. La gente que venga y me diga soy tu fan, joya; y la gente que es una lectora, que le gusta mucho lo que hago es distinto y está bueno que existan las dos cosas.

Yo soy fan re light, siempre fui, o sea, como que no me pongo oscura... un poco, pero no mucho. He hecho locuras, pero no locuras dark. Me fui a ver a Manic Street Preachers a Cuba con mi última plata y me gasté toda la plata en eso. El año pasado me fui de gira por Australia con Nick Cave, que no da. Australia es grande.

Mariana Enríquez: "Yo soy fan re light, no me pongo oscura... un poco, pero no mucho. He hecho locuras, pero no locuras dark". (Foto: Ana Isla / Rosario3)

Pero son como normales. No hice nunca nada muy... Y hago muchos papelones. Aparte yo me enamoro de gente rara, no de gente obvia, entonces uno de mis grandes amores era el tecladista de Suede que nadie lo conoce. Es una belleza de hombre y un inútil, pero ahora no. Pero en esa época era como un inútil y lo fui a ver a Suede y lo esperamos afuera con una chica amiga mía de Singapur.

Me hice amiga de fan ahí porque además había perdido la ropa, British Airways me perdió la valija, hacía mucho frío, entonces ella me prestó ropa y andábamos ahí y lo estábamos esperando a él. Éramos dos viejas así re enamoradas y él salió tan lindo. Y yo me acuerdo, era una nena de vuelta, y teníamos todo un plan para que nos dé bola que era decirles que veníamos de lejos, que yo venía de Argentina, que ella venía de Singapur y lo íbamos a decir juntas y ella se quedó muda la tarada, entonces tuve que hablar yo. Y me acuerdo y es el horror. Y después nos quedamos como ahí orbitando.

Después vinieron fans re seguras, todas esas inglesas hijas de puta que los ven todos los fines de semana. Y me acuerdo ese día que él es hincha de Aston Villa, ¿entendés lo que es la cabeza?, y (Marcelo) Bielsa, que dirigía a Leeds, había hecho como una cosa, no sé qué, que favoreció Aston Vila y yo dije bueno, Bielsa es argentino y ahí fui y le digo ¿viste el partido de Aston Villa hoy? El chabón se enganchó porque claro, estaban todas éstas que se lo querían llevar a la casa y yo le hablaba de fútbol, de Bielsa y me salían cosas como "Bielsa es argentino". Por eso te digo, soy re light, no me pongo densa, me pongo papelón.

Foto: Ana Isla / Rosario3

 

Obras de Mariana Enríquez

 

Bajar es lo peor (1995)

Cómo desaparecer completamente (2004)

Los peligros de fumar en la cama (2009)

Chicos que vuelven (2010)

Cuando hablábamos con los muertos (2013)

Alguien camina sobre tu tumba. Mis viajes a cementerios (2013)

La hermana menor. Un retrato de Silvina Ocampo (2014)

Las cosas que perdimos en el fuego (2016)

Este es el mar (2017)

Nuestra parte de noche (2019)

Ese verano a oscuras (2019)

El otro lado. Retratos, fetichismos, confesiones (2020)

El año de la rata (2021)