"¿Quieren sacarse fotos?”, pregunta Elon Musk. Javier MIlei toma posición, se bate la “peluca” y posa con los pulgares arriba. El hombre más rico del mundo le sigue el juego, mientras el mandatario argentino se desenvuelve con una expresividad corporal y facial más próxima a la de un fan que a la del presidente de un país. Hay una mezcla ahí de genuina admiración con un poco de sobreactuación, aunque no tanta como la semana anterior cuando recibió en Argentina a Laura Richarson, la jefa del Comando Sur de los Estados Unidos.

La visita a la fábrica Tesla en Texas tuvo instantáneas propias del emocionante encuentro de alguien que finalmente, después de mucho esperar, conoce a su ídolo. Pero lo importante es la cuestión de Estado detrás de esa simpática puesta en escena. Milei apuesta a atraer a la Argentina inversiones globales. Y Elon Musk no es solo un señor con plata. Es, además, un potente producto publicitario global.

La retórica y las acciones que usan Milei y el gobierno remiten inevitablemente a la política de relaciones carnales del ex presidente Carlos Menem, pero sin el distinguido encanto de un canciller como Guido Di Tella. 

Lo de Milei es más “bárbaro” (en la acepción sarmientina del término). Son relaciones carnales “con falta de talento”, como dijo una colega porteña en un chat. El metamensaje que sobrevuela es: “Vengan, hagan lo que quieran, pero vengan a civilizar a este país fracasado, que todo lo que hace lo hace mal”

Mientras Lula y la Justicia le tratan de poner reglas de juego a Elon Musk para jugar en Brasil, Milei elige el camino opuesto y despliega un menú pantagruélico de beneficios simbólicos y materiales. 

En ese plan se inscribe la versión corregida del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) que se lleva 64 de los 265 artículos de la nueva ley Bases y el alineamiento incondicional con los Estados Unidos, que incluye el respaldo acrítico a cualquier acción que encare Israel como respuesta al espantoso ataque con toma de rehenes del que fue víctima el 7 de octubre pasado. El último ingrediente de ese delicado combo internacional en el que Milei hace jugar a la Argentina pareciera ser el fallo fulminante contra Irán en la causa Amia que se conoció esta misma semana. No deja de llamar la atención la coincidencia temporal que ata todos estos eventos.


Servidos en bandeja

 

El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) será uno de los puntos de mayor fricción con las provincias cuando se trate la nueva versión de la ley Bases.

En Santa Fe, el gobierno de Maximiliano Pullaro acogió el alerta de sectores productivos de la provincia, en especial industriales de distintas ramas, y mandó a armar una mesa de análisis técnico que este lunes reunirá a sectores empresarios con funcionarios de los ministerios de Economía y Producción para estudiar el impacto.

Empresarios y funcionarios sostienen que el gobierno nacional, en el afán de atraer inversiones, no parece medir los efectos no deseados que un programa de incentivos de esos alcances puede provocar en lo que ya está clavado y plantado. 

El problema radica en que podrían instalarse empresas (o directamente comprar firmas locales) disponiendo de un montón de beneficios y competir con las empresas que ya están trabajando pero que no tienen acceso a esas prerrogativas. “Está bien incentivar inversiones, pero dale igualdad de condiciones a las firmas del mismo rubro que ya funcionan”, sintetizan.

El RIGI, según el proyecto, garantiza excepciones impositivas a largo plazo, permite pagar el IVA con crédito fiscal, la alícuota de Ganancias es más reducida, toma a cuenta de ese gravamen el impuesto a los débitos y créditos, y desgrava retenciones en cualquier caso.

Lo más potente son los beneficios arancelarios, que no salo abaratan la importación de bienes de capital sino los insumos para fabricar. Entonces van a producir con insumos más baratos que el que ya está acá y tiene que pagar aranceles. Además no habrá restricciones a acceso a divisas, distribución de dividendos ni para importar y exportar.

El RIGI correría también para adquisición de empresas ya establecidas, lo que en ciertos casos permitiría, según quienes conocen el tema, hacer un diferencial de dinero solo en el negocio de comprar barato y vender luego.

“Lo que nos plantean nuestros empresarios es que si vas a dar beneficios a los que importan hay que darle las mismas condiciones a los que ya están también. No nos oponemos de por sí, queremos hacer aportes y propuestas”, explicó la posición el ministro de la Producción Gustavo Puccini. El gobernador prometió seguir muy de cerca el tema y hacer los planteos necesarios en la ley.

Ley bases, política y cálculos

 

El debate por la ley Bases ganará centralidad en las próximas semanas a nivel nacional. El gobernador Maximiliano Pullaro mantiene su línea: no entrar en discusiones si no afectan los intereses de Santa Fe, como fueron el aumento de retenciones y los biocombustibles en la versión de enero, y el blanqueo de capitales y el posible impacto del RIGI ahora.

Pullaro ya dijo que la ley es mucho mejor que la anterior y dará su apoyo en general, sin resignar los planteos en los temas puntuales sobre los que mantiene diferencias.

No deja de moverse con cautela, porque es lo que le permite cuidar su capital político, dotado de adhesiones que se superponen con las que tiene Milei en la provincia. Para ninguno de los dos es negocio la confrontación abierta, pero menos para el santafesino. Quien entra en el golpe a golpe con el endemoniado tuitero que usa bastón y banda presidencial sabe de antemano que algún magullón se va a llevar, al margen de quién tenga razón o qué tan razonable sean sus argumentos.

Pullaro no tiene apuro –“ni interés”, asegura él– en instalarse en la escena nacional. Dice que no se siente cómodo y que hay muchos temas de los que no está empapado ni los conoce en profundidad, a diferencia de los asuntos provinciales para los que se siente muy fino y preparado. Jura que no buscará reelección, impedida por la actual Constitución santafesina, ni una proyección nacional.

Es una diferencia sustancial con otros líderes provinciales, como el cordobés Martín Llaryora o el entrerriano Rogelio Frigerio, con los que esta semana se verán las caras en Paraná y Santa Fe. El martes Pullaro asumirá la presidencia de la Región Centro, momento que está esperando desde que llegó a la Casa Gris. El radical le da mucha importancia al papel que pueda tener la región en el concierto nacional.


El escenario político que se perfila

 

Pullaro cuida su capital cuando mide qué peleas dar y cuáles no, pero también cómo ocupa el tablero político con sus posicionamientos. Con especial celo patrulla y les habla a los sectores medios sin desentenderse de la agenda de la derecha, un sector muy activo en la agenda pública, con una capacidad nada despreciable de interpelar y vetar.

Su prioridad número uno es fortalecer Unidos, alambrar la provincia, cuidar a todos y cada uno de sus integrantes. El escenario nacional está revuelto, es poco claro todavía. Lo único claro es que lo que se rompió no vuelve atrás.

El peronismo se desenvuelve desorientado y sin dirección. Juntos por el Cambio estalló cuando Milei les ganó la elección que creían tener en el bolsillo y el macrismo sufre porque le quitaron las banderas y el discurso. El radicalismo adolece de cohesión y proyecto conjunto. 
Milei necesariamente comenzará a construir –y de hecho su hermana Karina ya ordenó los primeros movimientos– poder territorial para darle encarnadura a su proyecto de poder, con la prioridad puesta en sumar bancas en las elecciones intermedias de 2025. 

En Santa Fe no muestra sus cartas todavía. Apenas la decisión de armar partido propio para dejar de pagar alquiler y no mucho más. A los legisladores del palo, como Romina Diez, Nicolás Mayoraz, la familia Bonacci, entre otros, se los ve más enfocados en fidelizar con las terminales de poder del gobierno libertario que en construir territorialmente.

De todos modos, la posibilidad de una alianza electoral entre Milei y Macri en 2025 sigue latente. Si se concretara, ¿cuál sería el correlato en Santa Fe? Probablemente el sector del PRO que lidera Federico Angelini juegue ahí, porque de hecho él es funcionario del gobierno nacional. El problema en el que está metido el PRO es que Milei los necesita poco. Y a medida que se consolide, si lo consigue, lo necesitará menos.

Será además un escenario electoral de choque entre el gobierno de Milei y la oposición encarnada en el peronismo, que a su vez es probable que tenga distintas expresiones. PJ por un lado, Frente Renovador por el otro. 

El resto jugará a defender lo propio: el radicalismo pondrá los esfuerzos en la fortalecer los gobiernos comunales más que la lista de diputados nacionales; el socialismo que dirige Mónica Fein casi seguro jugará su patriada repitiendo sociedad con el cordobés Juan Schiaretti y las izquierdas irán por la banca pendiente.