A horas del vencimiento de la conciliación obligatoria, el conflicto entre las empresas aceiteras y los sindicatos volvió a tensar el clima en el principal polo agroexportador del país. Desde la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA), su presidente Gustavo Idígoras advirtió que la negociación salarial parece haber quedado en segundo plano y aseguró que detrás de la amenaza de paralizar la actividad existe una disputa de naturaleza política.

"Hoy no vemos un objetivo real en materia salarial", afirmó el dirigente durante una entrevista con el programa Radiopolis (Radio 2) Según explicó, las empresas ya habían otorgado una actualización anticipada de ingresos y se comprometieron a ajustar los salarios de acuerdo con la evolución de la inflación durante todo el año. "Cada vez que publique el INDEC vamos a hacer eso. No hay pérdida de poder adquisitivo", sostuvo.

La posición empresaria se apoya además en los niveles salariales que exhibe el sector. Idígoras señaló que un trabajador aceitero sin experiencia difícilmente perciba menos de tres millones de pesos mensuales y que el promedio salarial ronda actualmente los 4,8 millones. Sin embargo, los gremios reclaman una recomposición del 20 por ciento retroactiva a mayo, argumentando que los índices oficiales no reflejan el verdadero costo de vida.

Para el titular de CIARA, el conflicto excede la discusión paritaria. "Estamos convencidos de que acá se dejó de lado el debate salarial", afirmó. Y fue más allá: vinculó la estrategia sindical con la construcción de un nuevo espacio gremial nacional y con la intención de utilizar actividades sensibles de la economía como herramienta de presión. "Hoy hay un debate más de cómo liderar un nuevo movimiento sindical en la Argentina", señaló.

La preocupación no es menor en una región cuya economía gira alrededor de los puertos del Gran Rosario. "Argentina juega la final todos los años en la agroindustria", graficó Idígoras. La metáfora futbolera apunta a un dato concreto: desde las terminales del cordón industrial sale buena parte de las exportaciones argentinas de granos, harinas y aceites. Para el sector empresario, un paro no sólo afectaría la actividad local sino también la competitividad internacional. "Cuando uno para, los contratos no van a la Argentina; van a Brasil o a Estados Unidos", advirtió.

La cuenta regresiva ya comenzó. Esta semana vencerá la conciliación obligatoria y el Gobierno nacional deberá intentar acercar posiciones. Mientras tanto, en la ribera del Paraná se juega una discusión que mezcla salarios, liderazgo sindical, política y millones de dólares en exportaciones. Un conflicto que trasciende las fábricas y que vuelve a poner al corazón productivo de Santa Fe en el centro de la escena.