La entrada en vigencia en enero de la nueva exigencia de la Unión Europea de sólo permitir importar soja para fabricar harina que tenga certificación ambiental generó una fuerte distorsión en el mercado de granos, que escaló hasta que –en una reunión en la Bolsa de Comercio de Rosario pedida por el Centro de Corredores de Rosario– las partes lograron un entendimiento.
La semana pasada los grandes exportadores multinacionales empezaron a pasar el mensaje a corredores, acopios y cooperativas que dejarían de comprar soja sin la certificación ambiental que exige el reglamento de la Comisión Económica Europea 1115/23.
Como el grueso de la producción argentina reúne los requisitos ambientales exigidos por el viejo continente, pero no los tiene certificados, todo el comercio se trabó y se generó mucha preocupación en productores e intermediarios. En paralelo, como siempre ocurre en estos casos, el mercado interno se distorsionó y se tensionó la situación entre los distintos actores de la cadena comercial, que tuvo epicentro en Rosario.
Ocurre que la exigencia ambiental de la UE solo es para soja destinada para la elaboración de harina no estando alcanzado el resto de los usos que tiene el poroto. Tampoco alcanza a otros mercados destino de la oleaginosa que no ponen esas condiciones. Por esa razón, la decisión de querer recibir sólo soja certificada cayó mal entre vendedores de soja.
Además, también hubo un impacto en los precios ya que la soja certificada era comprada a unos 10, 15, 20 mil pesos más por tonelada. Así que hubo vendedores que se encolerizaron por la combinación de no poder vender y al mismo tiempo ver pasar mejores precios por el costado.
Incluso, como suele ocurrir, asoman otras tensiones comerciales del momento, como los precios de las fijaciones de la soja ya entregada sean más caros que los que se comercializan diariamente (en la condición spot o disponible) para entrega posterior, en principio porque las plantas dicen necesitar liberar espacio en los silos de almacenamiento ya que tienen muchos granos acumulados.
Ante esta situación, y para evitar que la tensión siga escalando en el mercado de granos, el Centro de Corredores de Rosario le pidió a la Bolsa de Comercio de Rosario que convoque a una reunión en la que todos los eslabones de la cadena comercial puedan plantear sus posturas y tratar de lograr un acercamiento institucional. Asistieron ejecutivos de todas las casas exportadoras, quienes dialogaron con referentes del corretaje, los acopios y las cooperativas.
Según las voces que fue recogiendo Rosario3 de parte de referentes de todos los eslabones, la reunión fue muy provechosa y se logró un entendimiento que permitió bajar los decibeles y lograr cierto entendimiento.
Por un lado, los exportadores pudieron poner sobre la mesa la situación de que ante la exigencia de la UE no pueden hacer otra cosa que exigir la certificación a sus proveedores, lo que no implica desconocer que estos requerimientos suelen operar como barreras para-arancelarias de los grandes países compradores.
Explicaron que como la soja que llegue en enero a Europa tendrá que ya tener la certificación, ahora mismo deben empezar a abastecerse del grano con papeles para poder cumplir con los compromisos de embarque tomados hacia fin de año que arribarán al viejo continente a partir de esa fecha.
Y si bien defendieron su postura, finalmente terminaron cediendo anunciando la mayoría que volverían a activar compras de soja sin la certificación; aunque hay firmas –como Dreyfus– que se mantuvo firme y dijo que a partir de octubre sólo recibirá soja con certificación para la UE.
Igual, los traders aclararon que –al igual que pasa con la soja que se vende a los Estados Unidos y exige desde hace años otra certificación– tendrá un precio especial superior al convencional. A esta soja, precisamente, en la jerga del mercado ya se le dice “soja EUDR”, mientras que a la que reúne exigencias pedidas por el país del norte se la conoce como “soja EPA”
Los exportadores no dejaron pasar la oportunidad para recordar que vienen avisando desde hace años de la entrada en vigencia de los requerimientos europeos, y que incluso financiaron una plataforma, la bautizado Visec, que permite la trazabilidad y gestión de información agroindustrial diseñada para certificar que la producción de granos proviene de áreas libres de deforestación. Así y todo su uso no se masificó y los productores no se preocuparon en certificar la calidad ambiental.
Los productores, por su parte, mantienen el ceño fruncido porque más allá del Visec (que otorga trazabilidad) deben contratar servicios de certificación que estiman caros en tiempos de márgenes muy justos, sobre todo los de la firma Control Union, la preferida de los traders.
Finalmente, quedó la idea entre los asistentes al encuentro que el mercado se deberá empezar a adaptar a un “multi esquema” en el que convivirán sojas sustentables, con distintos certificados, y granos que no lo tendrán.