Este sábado 21 de febrero, los trabajadores de lácteos La Verónica volvieron a reclamar el pago de sus salarios adeudados desde diciembre y expusieron la incertidumbre con la que viven tras la parálisis de la empresa y la ausencia de respuestas por parte de los empresarios. En ese contexto, más de treinta mujeres se organizaron y acompañaron a los trabajadores en el reclamo con un rol activo.
Son esposas, madres e hijas. Cada una sobrevive a la crisis de una manera distinta pero todas lo sufren, no sólo por el silencio de los propietarios de la industria que alarga la desazón, sino también por ser quienes escuchan la angustia de sus esposos y padres, y acompañan y sostienen a toda la familia en medio de la desesperación y de su propio malestar.
Ese punto en común fue lo que las convocó a romper con el silencio y organizarse. “Ellos están profundamente angustiados y desesperados. Hay distintas realidades, pero no se aguanta más”, dijo Ana Castillo en diálogo con Rafaela Noticias. “Duele ver una estructura tan grande y moderna y que no haya sensibilidad hacia el ser humano, hacia empleados que trabajaron tantos años con respeto. Uno termina pensando cualquier cosa por la desazón que se vive”, sumó la compañera de uno de los perjudicados.
Además, exigió que el “señor Espiñeira se ponga la mano en el corazón y resuelva esto, sea blanco o negro” porque tanto ella como las demás familias necesitan "saber si salimos a buscar el plato de comida por otro lado y seguir con nuestra vida”.
Sobre el rol de la organización entre esposas e hijas, Castillo fue franca. "Nos acompañamos, nos fortalecemos y apoyamos a los maridos. Participamos en marchas pacíficas, con respeto, pero queremos que esto se haga visible a nivel provincial y nacional. Alguien tiene que convocar a los dueños”, dijo.
“Veíamos a los hombres esperando con respeto, con fe y confianza en los dueños, que venían y mentían. Nosotras nos hartamos y salimos a apoyarlos. Agradecemos la difusión y vamos a seguir convocando para encontrar una solución”, señaló y aseguró que “cada familia tiene su historia y sus gastos. Saber que te podés quedar sin trabajo de un día para otro es terrible. Una como esposa llora en los rincones, reza, y trata de fortalecerse junto a otras mujeres”, contó.
Más de dos meses sin cobrar el sueldo que en la mayoría de los casos representa el ingreso principal de la casa, desgasta el bolsillo y también las emociones. Frente a esto, la mujer indicó que los dueños de La Verónica “duermen tranquilos” mientras que sus trabajadores y familires, "hace días que no dormimos pensando si pagamos una cuenta o compramos comida”.