El Banco Central estableció en 66,44 por ciento nominal anual la tasa de referencia que funcionará como límite para las financiaciones con tarjetas de crédito y de compra otorgadas por empresas no financieras durante el ciclo de facturación de septiembre.
La decisión llega en medio de un fuerte deterioro de la capacidad de pago de los hogares: la morosidad de las familias se mantuvo en junio en 12,8 por ciento de los préstamos, mientras que los atrasos específicamente en tarjetas de crédito alcanzaron el 12,6.
El valor fijado por el Banco Central (BCRA) surge del promedio mensual ponderado por monto de las tasas cobradas durante agosto por el sistema financiero para los préstamos personales sin garantía real.
La normativa establece que las empresas no financieras emisoras de tarjetas no pueden aplicar una tasa de interés compensatorio que supere en más de 25 por ciento ese promedio. Dentro de este universo se encuentran emisoras vinculadas a grandes cadenas comerciales y otros proveedores de crédito por fuera del sistema bancario tradicional.
El 66,44 por ciento, sin embargo, no constituye una tasa única que automáticamente puedan cobrar todas las tarjetas. Para las entidades financieras rige otro mecanismo: la tasa aplicada a la financiación de los saldos no puede superar en más de 25 por ciento la que cada banco cobra por sus propios préstamos personales. A su vez, la referencia informada por el Central corresponde a una tasa nominal anual y no necesariamente representa el costo financiero final que afrontará quien refinancie el resumen.
La medida adquiere particular relevancia por el deterioro que atraviesan las finanzas de los hogares. Según el último Informe sobre Bancos del BCRA, la irregularidad del crédito al sector privado bajó apenas de 7,7 a 7,6 por ciento en junio y marcó el primer retroceso desde enero de 2025. La mejora, sin embargo, estuvo lejos de revertir el salto acumulado durante el último año y medio.
El cuadro es especialmente delicado entre las familias. La irregularidad se mantuvo en junio en 12,8 por ciento de la cartera, el mismo nivel registrado en mayo, con lo que se interrumpieron 18 meses consecutivos de aumentos. En enero había sido de 10,6. En el primer semestre, el indicador acumuló un incremento de 3,5 puntos porcentuales y se ubicó 7,7 puntos por encima del nivel registrado en junio de 2025.
La estabilización, según el BCRA, estuvo vinculada, entre otros factores, con el pase a cuentas consideradas irrecuperables y fuera de balance de deudores que hasta mayo aparecían dentro de la cartera irregular. También influyó el crecimiento real del financiamiento total. Es decir, el freno de junio no necesariamente supone una recomposición de la capacidad de pago de las familias.
Al desagregar los préstamos, el deterioro aparece con mayor claridad. Los personales registraron una irregularidad de 16,4 por ciento en junio, tras aumentar 0,5 puntos respecto de mayo y 4,5 puntos desde diciembre. En las tarjetas de crédito hubo una mejora mensual de 0,5 puntos, aunque los atrasos todavía alcanzaron el 12,6 por ciento de la cartera y acumularon un incremento de 3,3 puntos durante el primer semestre.
También aumentaron los incumplimientos en otras líneas. La irregularidad de los préstamos prendarios llegó al 7,9 por ciento y en los créditos ajustados por UVA alcanzó el 11, frente al 10,5 del mes anterior. Los hipotecarios, en cambio, conservaron el menor nivel de atrasos, con apenas 1,6 por ciento.
El deterioro también alcanza al financiamiento que opera por fuera de los bancos. La cartera irregular de los proveedores no financieros de crédito había llegado al 26,9 por ciento en febrero, prácticamente el doble que seis meses antes. Allí conviven fintechs, billeteras virtuales que conceden préstamos, emisoras no bancarias de tarjetas, cooperativas, mutuales y cadenas comerciales que financian directamente las compras.
Con las empresas, el contraste sigue siendo amplio. La mora del financiamiento corporativo se ubicó en 3,5 por ciento durante junio, sin modificaciones frente a mayo, aunque acumuló una suba de un punto porcentual durante el primer semestre. Los hipotecarios destinados a empresas registraron una irregularidad de 5,2, los prendarios de 4,5, los adelantos en cuenta corriente de 3,6 y el descuento de documentos de 3,2.
El nuevo límite para las emisoras no financieras aparece así en un escenario en el que el crédito al consumo dejó de funcionar solamente como una herramienta para adelantar compras. Para una parte creciente de los hogares, las tarjetas y los préstamos se convirtieron en una vía para completar ingresos y afrontar gastos corrientes. Con una morosidad todavía en niveles elevados, refinanciar esos consumos implica trasladar hacia los meses siguientes una carga de intereses que absorbe una porción creciente de los ingresos disponibles.