El ex ministro de Economía de Santa Fe Walter Agosto salió a advertir ayer el aumento del déficit fiscal en la provincia y concluyó que “es el más alto de la última década.
Con los números oficiales del primer semestre recién publicados, el ministro que manejó las cuentas durante el gobierno de Omar Perotti destacó que en los primeros seis meses de este año se registró un déficit fiscal de 717.740 millones de pesos, equivalente al 10,2% de los recursos totales.
“Se observa una fuerte divergencia en la trayectoria de recursos y gastos durante este período: mientras que los recursos totales subieron 1,0%, los gastos totales aumentaron 9,2%, ambos casos en términos reales”, resaltó el actual diputado provincial.
Agosto también destaca que el ahorro corriente (diferencia entre recursos y gastos corrientes) prácticamente desaparece. “Se reduce 90,4% con relación al primer semestre del año anterior”, advierte el ex ministro.
Luego de que Agosto saliera a advertir el desequilibrio en la cuentas, el gobierno provincial respondió esta mañana resaltando otro dato del balance semestral de las cuentas públicas: que la provincia tuvo un superávit económico de 48.038 millones de pesos.
La diferencia principal entre ambos conceptos se explica con que el resultado económico (o primario) considera todos los ingresos y gastos operativos del Estado (incluyendo inversiones), mientras que el resultado financiero toma ese resultado pimario y luego le suma y resta los cobros y pagos de deudas financieras. El resultado de esa cuenta final es la que arroja si hay superávit o déficit fiscal
Santa Fe, entonces, obtuvo un superávit económico (primario) positivo en el primer semestre que se convierte en un déficit fiscal cuando se le suma lo que debe abonar en intereses y deudas financieras.
Sobre ese debate se montan los debates políticos y también ideológicos sobre cuál es el indicador que más fiel refleja la salud de las cuentas públicas.
Los opositores al gobierno aprovechan para cuestionar la toma de deuda del gobierno y la falta de ajustes en el gasto, mientras que el oficialismo resalta que el grueso del gasto público en por inversión en obras, seguridad y asistencia y que el gasto está por debajo de los ingresos.
En Santa Fe, el debate tiene la particularidad de que en el marco de décadas de cuentas ordenadas (alternando leves superávits o déficits), Agosto fue un cultor del superávit, algo que le valió incluso críticas del gobierno por lo reticente al gasto, mientras que su sucesor, Pablo Olivares, es más heterodoxo en materia fiscal.
Inversión productiva
“El primer semestre de 2026 concluyó con un resultado económico positivo para la Provincia: los ingresos corrientes totalizaron $ 6,998 billones, mientras que los gastos corrientes ascendieron a $6,950 billones”, señala el parte de prensa oficial.
La Casa Gris salió a resaltar que el superávit se alcanzó “pese al aumento de las prestaciones esenciales que brinda el Estado, entre ellas salud, educación, seguridad, asistencia y seguridad social, y en paralelo a un sostenido nivel de inversión pública en infraestructura”.
Los gastos corrientes incluyen principalmente las remuneraciones de los trabajadores estatales, las prestaciones de la seguridad social, las transferencias y los recursos necesarios para el funcionamiento de los servicios públicos.
Entre enero y junio, las remuneraciones representaron el principal componente del gasto corriente, con $ 3,110 billones; las prestaciones de la seguridad social alcanzaron $ 1,393 billones y las transferencias corrientes, $ 1,230 billones.
Las remuneraciones registraron un incremento interanual del 47,91%, como consecuencia del impacto de las políticas salariales implementadas desde el comienzo de 2026.
“Así, la administración provincial logró financiar con recursos corrientes los gastos necesarios para garantizar el funcionamiento del Estado, aun en un contexto económico nacional complejo”, agregan.
“El análisis de las cuentas también debe contemplar la composición del gasto. Los ingresos corrientes cubrieron la totalidad de los gastos corrientes y generaron un ahorro de $ 48.038 millones. El resultado financiero negativo, por su parte, expresa contablemente el uso de fuentes financieras -por debajo de la línea- para financiar el esfuerzo adicional destinado a la inversión pública”, explica.
El gasto de capital -obras, maquinaria y otros bienes- se financió durante el primer semestre mediante una combinación de ahorro y recursos de capital, que en conjunto representaron el 11,61 % del financiamiento; disponibilidades acumuladas de ejercicios anteriores, derivadas de los superávits de 2024 y 2025, que aportaron el 70,26 %; préstamos destinados a obra pública, con el 6,58 %; convenios bancarios, con el 5,75 %; y recupero de anticipos, con el 5,43 %.
“La inversión pública se sostiene, de este modo, con fuentes genuinas de financiamiento y recursos acumulados en ejercicios anteriores. Esta ejecución planificada se respalda, además, en que a junio no se registraban deuda flotante ni atrasos vinculados al gasto de capital”, concluyó el gobierno.