La impugnación que hizo la dragadora Jan de Nul a la oferta que presentó la también dragadora belga Deme Group, en la competencia que mantienen para quedarse con la concesión de la hidrovía, expuso también otra novedad de alto impacto para el proceso: el empresario Leonardo Román, sobrino del “zar de las grúas” Alfredo Román, se convirtió en el socio local de Jan de Nul para el estratégico negocio de administrar la vía navegable. Una participación con la que el “club de la hidrovía”, como se les dice al pool de entidades empresarias que están apoyando el proceso, también se desayunó.
“Win Bosteels, en mi carácter de representante legal de la asociación integrada por Jan de Nul N.V. y de Servimagnus SA, me presento respetuosamente ante esta agencia…”, arranca el texto de la impugnación de 68 páginas a la oferta de Deme que no deja lugar a dudas del lugar protagónico del socio local. Es más, en la portada del escrito los dos logos ocupan el mismo lugar, y esa presencia llamó tanto o más la atención de los empresarios vinculados que el propio texto de impugnación a su rival.
Ocurre que, por el sistema, cuando se venció el plazo de presentación de ofertas para pujar por la Hidrovía el pasado 27 de febrero, sólo se podía observar la presencia de Jan De Nul y Deme sin poder precisarse o divisarse públicamente si tenían socios, situación que ahora se desveló.
Y la aparición de la empresa Servimagnus mueve el tablero porque su dueño, Leonardo Román, es miembro de una de las principales familias vinculadas a los negocios portuarios del país, con eje en territorio del sur bonaerense.
Originalmente, en materia de negocios, la familia Román estaba formada por tres hermanos. Alfredo, uno de los hombres más ricos del país, fue hasta 2008 el dueño de uno de los puertos de contenedores más importantes del país como era Exolgan, en Dock Sud. Entre esa fecha y 2010 vendió su participación en Exolgan y en otras empresas vinculadas, por ejemplo la transportista.
El otro hermano era Ricardo Román, hoy también retirado como Alfredo, estuvo vinculado a los negocios portuarios fundado Loginter, que ofrece servicios integrales de logística, almacenamiento, transporte y distribución nacional e internacional; y la otra es Servimagnus, que presta soluciones integrales de infraestructura portuaria como salvamento, montajes, dragado y balizamiento.
Su hijo, Leonardo, es quien hoy está al frente de ambas empresas y quien tejió el acuerdo con Jan de Nul.
El otro hermano, Walter Román, se dedicó al sector de la construcción.
Sobre la alianza con Jan de Nul, ambas empresas venían haciendo trabajos de manera conjunta y, sobre todo, Servimagnus tiene el know-how para hacer frente a uno de los requerimientos de los pliegos de concesión, como el movimiento de cascos hundidos, que iban por fuera de las tareas propias de dragado y balizamiento.
Pero, más allá de las razones técnicas, el impacto de esta asociación es político porque, en caso de ganar ese grupo, habría un empresario argentino en la conducción del sistema troncal de navegación, la principal obra de infraestructura logística del país y por la que sale el 78% de la producción cerealera y oleaginosa argentina.
Por el lado de los puertos cerealeros, con fuerza en el "up river", se trata de un jugador con el que no tienen trato regular, a diferencia de los operadores de los negocios de contenedores y cargas generales, con base en territorio porteño y bonaerense, donde juega bien de local. Si bien se desconoce públicamente la participación accionaria, de lo que no hay dudas es de que Jan de Nul es la que conduce.
La conexión china
La presencia de la familia Román en la sociedad que puja por la hidrovía también abre un capítulo sensible de la geopolítica actual: la presencia de China. El Gobierno nacional prohibió la participación de empresas de capitales estatales en la licitación por la hidrovía, todo un guiño a los Estados Unidos porque sacó del ruedo a las dragadoras del gigante asiático.
Y vaya que será un tema importante la cuestión china-estadounidense, ya que ayer, para responder públicamente a las objeciones de Jan de Nul a su oferta, la respuesta fue salir a blandir públicamente la presencia, en calidad de inversores y hasta posibles aportantes de know-how, de dragadoras de los Estados Unidos, algunas muy cercanas a la Casa Blanca.
Esa estrategia —que parecía estar diciéndole al Gobierno que no convendría descalificarlos antes de terminar el partido por la cercanía entre ambos gobiernos— no pareció surtir mucho temor, al menos entre los usuarios agroindustriales que manejaban la información de que las empresas estadounidenses habían concurrido a la Agencia Nacional de Puertos, el organismo que conduce el proceso, para contar que no iban a sumarse a la oferta de Deme por un conjunto de razones.
Pero volviendo al tema geopolítico, el dato que no pasó desapercibido de la sorpresiva presencia de la familia Román en sociedad con Jan de Nul es que hace tiempo vienen tejiendo muchos puentes con empresas chinas. Si bien se suelen magnificar los alcances políticos reales de las alianzas por negocios puntuales, es cierto que desde hace décadas la familia mantiene vínculos comerciales con empresas chinas.
Por ejemplo, cuando manejaba International Trade Logistics, gestionó gran parte del flujo comercial de contenedores que llegan desde China.
Además, el Roman Group en Uruguay forma parte de la red de distribuidores de Shantui Construction Machinery, una de las empresas estatales chinas más grandes en la fabricación de maquinaria para movimiento de tierras. Incluso la familia, mediante su fondo inversor Magna Capital, se ha asociado con diversos grupos para la adquisición de marcas tradicionales. En definitiva, los chinos sobrevuelan a los Román y los Román sobrevuelan a la hidrovía.
El socio local
La elección de un socio local en este tipo de concesiones tiene mucho de política. Es que, independientemente de sus aportes técnicos, el jugador nacional es el que suele tener las llaves y las contraseñas para acceder a círculos de funcionarios, políticos, empresarios y sindicalistas locales.
Cuando pujó y ganó el primer contrato de dragado y balizamiento del sistema troncal de navegación a mediados de los 90, Jan de Nul lo hizo junto con una empresa argentina llamada Emepa, del empresario Gabriel Romero, en una sociedad que bautizaron Hidrovía SA.
Operando en la vía navegable, Emepa —que en sus inicios era contratista de los ferrocarriles argentinos— se hizo fuerte en el balizamiento hasta lograr un expertise de clase mundial, pero en principio su punto más fuerte eran los lazos políticos que aportaba Romero, uno de los empresarios preferidos del presidente Raúl Alfonsín. No en vano, se solía encontrar en su plana gerencial de principios de los noventa a jóvenes radicales de los 80.
La relación entre Jan de Nul y Emepa se cortó cuando, en 2018, Romero, en el marco de la causa de los “cuadernos de la corrupción K”, confesó haberle pagado una coima de 600 mil dólares a Cristina por la extensión del contrato de la hidrovía en 2010 (hasta 2020, cuando el servicio volvió a manos del Estado).
Tras la confesión de Romero, Jan de Nul emitió un comunicado desligándose del escándalo. La empresa afirmó que lo de Romero fueron decisiones personales ajenas a la compañía internacional, que sólo aportaba el conocimiento técnico (know-how) del dragado de la hidrovía.
Cómo sigue el proceso
Sobre la impugnación de Jan de Nul a Deme, en la Agencia Nacional de Puertos —según averiguó Rosario3— la observación que parece más delicada es una vinculada a inconsistencias en las declaraciones juradas de Deme, ya que el resto fueron interpretadas como plausibles de ser acomodadas con documentación extra.
Hilando fino, incluso, la objeción se basa en el informe de la comisión evaluadora, sobre el que el gobierno ya había pedido documentación adicional, como los volúmenes de alguna obra de DEME que es objetada por JdN. Pero por más que sean cuestiones menores, la presentación dejó al Gobierno en situación de tener que definir si habrá la apertura de uno o dos sobres.
Habrá que esperar las respuestas de Deme y la definición de la Agencia Nacional de Puertos, pero claramente al Gobierno le conviene institucionalmente que lleguen las dos ofertas al momento definitorio de las propuestas económicas.