La marca de electrodomésticos Peabody, controlada por la firma Goldmund S.A., oficializó el cese definitivo de su producción industrial en la Argentina. A través de los últimos informes presentados por la sindicatura en su concurso preventivo, se confirmó que la empresa ya no cuenta con capacidad instalada para fabricar en el territorio nacional.

El desmantelamiento de su histórica planta de La Tablada, en el partido bonaerense de La Matanza, ya es un hecho consumado: toda la maquinaria fue trasladada a un depósito en la localidad bonaerense de San Martín y sus oficinas administrativas se mudaron a la avenida Cabildo, en la Ciudad de Buenos Aires. A partir de ahora, la compañía operará estrictamente como comercializadora e importadora mientras intenta reestructurar un pasivo que supera los $39.234 millones.

Al abrirse el concurso preventivo el pasado 20 de abril, la conducción de Goldmund S.A. ya había advertido que fabricar en el país había dejado de ser competitivo frente a la apertura de las importaciones.

Para sobrevivir, la empresa optó por mudar parte de su producción –principalmente la línea de climatización– a Paraguay bajo el régimen de maquila, donde estiman que producir resulta entre un 30% y un 35% más barato debido a menores costos laborales y un esquema tributario sustancialmente más liviano. De hecho, el propio dueño de la firma, Dante Choi, ya había anticipado esta transición al declarar públicamente que no planeaba volver a producir en la Argentina.

Éxodo productivo
 

En 2023, la compañía llegó a emplear de manera directa a más de 350 personas. Actualmente, esa nómina apenas ronda el centenar de trabajadores. Al inicio del proceso concursal en abril, la firma contaba con 158 empleados, pero tras sucesivas olas de despidos y retiros voluntarios –que en junio demandaron casi $89 millones–, la plantilla se redujo drásticamente a 111 trabajadores. Las bajas afectaron principalmente a operarios encuadrados en la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), lo que refleja el impacto de la recesión en el corazón del empleo industrial y la ausencia de nuevas contrataciones desde octubre de 2025.

El deterioro comercial del último semestre confirma que el mercado interno está lejos de reaccionar. Luego de un cierre de año relativamente activo en diciembre de 2025, con más de 62.000 unidades vendidas, el consumo se desplomó de manera consecutiva mes a mes, alcanzando un verdadero abismo en junio de este año. Durante ese mes, las ventas sufrieron un desplome superior al 52% en comparación con mayo, pasando de $2.813,7 millones a apenas $1.335,9 millones. Esta violenta contracción de la demanda obligó a la compañía a liquidar stocks a precios de remate.

Con un déficit operativo que solo en junio alcanzó los $1.501,9 millones –debido a ingresos por apenas $824,3 millones frente a egresos que treparon a $2.326,3 millones–, Peabody debe recurrir constantemente al endeudamiento de cortísimo plazo para no quebrar definitivamente.