Los hinchas de Rosario Central continuaron este domingo con los festejos por la obtención de la Copa Argentina y realizaron una nutrida caravana desde el Gigante de Arroyito hasta el Monumento a la Bandera. Pero además de la alegría y el color, hubo descontrol: colectivos tomados y pintadas y otros daños contra el mobiliario público y privado.

 

Miles de simpatizantes ataviados con camisetas, banderas y sombrillas auriazules marcharon por la tarde a pie, en bicicleta, en moto, en auto, en camiones y hasta parados sobre el techo de las unidades del transporte público que cubrían ese trayecto.

 

En el recorrido se escucharon canciones de cancha y decenas de bombas de estruendo, las cuales se replicaban hasta el anochecer de la costanera central. Hacia las 20, el tránsito seguía interrumpido en la zona del Monumento.

 

Más allá de la celebración, válida y merecida para todo el pueblo canalla, la caravana dejó a su rastro varias señales de que en la Argentina el fútbol –y más, al escudarse en la multitud– es muchas veces sinónimo de liberación en todos los sentidos.

Durante la manifestación se multiplicaron las pintadas en paredes y mobiliario público, alusivas al título de Central y también con dedicatorias a Newell’s. Según denunciaron vecinos, también hubo algunos vehículos dañados.