En el mundo del fútbol, las cábalas y las supersticiones son moneda corriente, pero Raymond Domenech llevó esta creencia a un nivel sin precedentes.

El técnico que comandó a la Selección de Francia entre 2004 y 2010 no solo analizaba el rendimiento físico o táctico de sus dirigidos, sino que consultaba los astros antes de armar cada lista de convocados. Para el entrenador, la posición de los planetas el día del nacimiento de un jugador era un factor determinante para saber si ese deportista sería un aporte o una bomba de tiempo dentro del vestuario.

La víctima más célebre de este sistema fue Robert Pires. El histórico volante del Arsenal, que brillaba en la Premier League, quedó fuera del Mundial de Alemania 2006 de manera inexplicable para la prensa francesa.

Robert Pires se quejó públicamente por las controvertidas decisiones del exseleccionador francés. Foto: Sky Sports 

Tiempo después, el propio Domenech admitió que su desconfianza hacia los de Escorpio fue clave en la decisión. El DT consideraba que los nacidos bajo este signo son "suicidas" por naturaleza y que, en momentos de máxima tensión, terminan perjudicando al equipo o a ellos mismos por su carácter impulsivo y destructivo.

Pero los escorpianos no eran los únicos que sufrían el rigor del horóscopo del entrenador. Domenech también tenía entre ceja y ceja a los jugadores de Leo. Según su particular visión, un defensor central del signo del León era un riesgo constante para la seguridad del equipo; creía que su necesidad de protagonismo y su ego los llevaban a cometer errores fatales por intentar lucirse en situaciones innecesarias.

De igual manera, miraba con recelo a los de Cáncer, a quienes consideraba demasiado sensibles y emocionalmente inestables para soportar la presión de una cita mundialista. Lo que comenzó como una excentricidad que lo llevó a la final en 2006, terminó en un caos absoluto durante el Mundial de Sudáfrica 2010.

Aquella campaña quedó marcada por el motín de los jugadores en Knysna, donde el plantel se negó a entrenar tras la expulsión de Nicolas Anelka.

Al final, parece que ni la alineación de los planetas pudo salvar a un ciclo que terminó estrellado, demostrando que, en el fútbol, el orden del vestuario suele depender mucho más de la gestión humana que de lo que dicten las estrellas.