En la Copa Libertadores, de local, hay que ganar. Sobre todo cuando empieza la verdadera competencia, a partir de los octavos de final. No fue bueno el resultado de Rosario Central frente a Corinthians. Tendrá que ir a ganar a San Pablo, o al menos empatar para forzar una definición por penales.

La serie es cerradísima, son dos equipos parejos, aunque Central mostró un poco más los dientes en el complemento, cuando fue a buscar el resultado. Allí, el Timao, entre pifias y superpoblación defensiva, resistió y pudo arrancar un empate que lo posiciona con una mínima ventaja para la revancha. Como la que tenía Central en Arroyito y no la pudo aprovechar.

Hay una muestra sintomática en el equipo de Almirón. Cuando Ibarra es figura en el Gigante no es una buena señal. No por Franco, que es un valor importantísimo en la estructura del equipo, sino porque los encargados de consumar la ventaja en el arco de enfrente no tienen un buen rendimiento.

Y ante Corinthians, Franco fue el mejor. Si lo es en San Pablo, es probable que Central pueda traerse una sonrisa, pero allá el desarrollo será, seguramente, diferente e Ibarra deberá batallar mucho más en un lugar neurálgico de la cancha.

En la ida, Franco fue un muestrario de todas las bondades que puede ofrecer un volante central, pero no fue suficiente. Embarullado, aunque la única llave por momentos, Campaz generó las mayores expectativas de un equipo que se fue apagando al compás de los minutos.

El jueves, en San Pablo, en la misma cancha en la que Di María le dio el pasaje sobre la hora a Argentina frente a Suiza a los cuartos de final del Mundial 2014, Central deberá pasar el sofocón del primer cuarto de hora al que generalmente someten los brasileños a sus rivales y después trabajar un partido que, inexorablemente, tiene que ser diferente a partir de una postura un poco más arriesgada y un mejor rendimiento de sus jugadores clave en la gestación y concreción del juego.

Corinthians llegará con la ventaja de la localía, pero no es determinante para definir el rival de Estudiantes o Universidad Católica en cuartos de final.

En Arroyito quedó demostrado que la localía, a veces es una trampa de la que el equipo que tiene las mayores obligaciones no puede salir.

La serie está tan cerrada como abierta. Son muy parejos y cualquiera de los dos puede pasar sólo con elevar un poco el nivel de juego de sus figuras.

En Arroyito se jugó casi siempre como quiso Corinthians. Será cuestión que Central haga su parte en una cancha que trae grandes recuerdos al fútbol argentino.

Allí no sólo Angelito hizo gritar a un país, también Chiquito Romero se convirtió en héroe frente a la por entonces Holanda, hoy Países Bajos, para instalarse en la final del Mundial.

No está mal aferrarse a las señales. Sobre todo cuando el juego no fluye.