Pablo Nigro es el presidente de la Asociación de Psicólogos Deportivos de Argentina y hace treinta años que trabaja en la formación de equipos de fútbol de alto rendimiento. Desde ese lugar, analizó el desempeño de la Selección argentina de fútbol que obtuvo el subcampeonato del Mundo 2026, en particular, en las instancias finales.

Todos sabemos como hinchas que no es lo mismo ver un partido de fase de grupos de un mundial de fútbol –durante la cual todos los seleccionados buscan clasificar para la próxima etapa, de la mejor manera– que las siguientes instancias (los partidos mata-mata) en que todos los competidores están obligados a ganar para permanecer dentro de la competencia. Esa presión que vivimos como hinchas alentando al equipo, también la sienten los jugadores, aunque ellos, a diferencia de las personas comunes (incluso de los deportistas amateurs) están preparados para transitar esas situaciones definitorias y desean estar en ese lugar.

El duelo contra Inglaterra: “una final anticipada”

 

“Para tratar de interpretar algo que no sabemos en detalle porque solo lo vimos en televisión, hay que decir que pasa muy seguido esto de que luego de hacer un gran esfuerzo y haber jugado una final anticipada (como creo que fue el partido contra Inglaterra en semifinal) inconscientemente uno tiende a bajar la tensión”, dijo Nigro a Rosario3.

“Creo que en el partido contra Inglaterra dieron todo; fue una final anticipada y cuando llegó la final ya no tenían la intensidad que les permitiera rendir al ciento por ciento, lo cual es lógico, porque habían dejado mucho de esa intensidad en el partido anterior”, afirmó.

Cuando uno juega un partido tan determinante, es frecuente que el partido siguiente se haga muy difícil.

Pero eso no fue todo. “También –analizó– en la final se encontraron con un gran equipo que jugó de forma maravillosa; pero, si miramos la cantidad de lesionados que tuvimos al final, esto muestra que los de Scaloni habían dejado mucho de su físico en el partido anterior. Eso hizo que no pudieran rendir como se esperaba. No poque no quisieran, sino porque lógicamente, venían de un desgaste de un montón de partidos. Creo que el partido con Inglaterra fue el partido en el que dejaron todo, el ciento por ciento de sus energías y recuperarse en tan poco tiempo es muy difícil. Pero es común que pase algo así. Cuando uno juega un partido tan determinante, es usual que el partido siguiente se haga muy difícil”, explicó Nigro y señaló además, que en un seminario de la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) –donde ejerce la coordinación académica– el tema central fue “la dificultad de ganar después de ganar”. A tal punto es un hecho frecuente lo que vivió la Selección argentina. 

Superar el máximo después de haberlo alcanzado

 

Desde afuera de la cancha, la exposición y la tensión puede ser vista como condiciones compartidas por todos los protagonistas en la misma dimensión; sin embargo, cada persona vive estos eventos extremos de formas muy distintas.

“Hay una gran subjetividad porque en la cancha juegan diferentes personalidades. Lo que a algunos los motiva, a otros los expone a una tensión mayor. Durante muchos años, nos dedicábamos a armar videos motivacionales que les pasábamos a los equipos en el vestuario, antes de salir a la cancha. Tenían la finalidad de preparar al jugador para que entrara al campo de juego totalmente enfocado en lo que tenía que hacer y pudiera dar el ciento por ciento desde el minuto cero. Pero, cuando pasábamos el video, notábamos que a algunos jugadores se le caían las lágrimas mientras que otros enfocaban su energía en dar el ciento por ciento y a otros les costaba más la situación. Si bien el video era el mismo para todos, cada uno lo percibía de manera diferente”.

Nigro observa que en el caso de la Selección argentina, “el punto en común es la tristeza de la ilusión perdida, el hecho de no haber logrado ese un nuevo objetivo que se habían planteado consistente en superar lo máximo, que ya habían alcanzado. Ya no querían sólo llegar a lo máximo, sino superarlo. Entonces –dice– es altamente probable que esa arenga antes de salir a la cancha, cada uno la haya percibido de una manera diferente porque son personalidades diferentes y cada uno lo toma de la forma en que puede manejarlo”.

El alto rendimiento y la expectativa familiar

 

El alto rendimiento es una carrera que comienza siempre a edades tempranas. Es decir que “esa persona que vemos competir desarrolló su personalidad dentro de una carrera deportiva”.

El psicólogo describe que estos deportistas (a diferencia de quienes practican de forma amateur) empiezan a desarrollar su carrera alrededor de los seis años. “En Argentina, en el alto rendimiento, se compite a partir de los seis años. Se compite con los compañeros porque se quiere ser titular y también contra los rivales porque se quiere ganar. O sea que todos se van formando en ese nivel de alta competencia y si se observan las categorías de cinco y seis años, en alto rendimiento, se juega con un nivel de intensidad y agresividad deportiva que, quizás, un chico común de esa edad no tiene. Además, hay un desarrollo físico totalmente diferente”.

Pero aclara que hay un aspecto muy importante que no se debe descuidar, al margen del entrenamiento físico y mental: “Yo trabajé muchos años en una institución muy importante y uno de los trabajos que hacíamos era procurar que los chicos estudiasen, que fueran a la escuela porque entendíamos que la formación integral es lo que determina que el jugador tenga herramientas no sólo para llegar a primera división, sino también para sostenerse”.

Sumado a todo eso, en el fútbol por ejemplo, hay muchas expectativas puestas en esos chicos de apenas seis años. “Hay muchas familias que ven en su casa a un potencial Messi y una salvación económica", dice Nigro. "Hay muchas presiones que recaen sobre estos chicos porque saben desde muy temprana edad que sólo treinta jugadores son elegidos para jugar un mundial: objetivo de máxima de todo futbolista de alto rendimiento”.