El sol de la tarde pegaba de lleno en las tribunas del Coloso Marcelo Bielsa, pero el verdadero calor no venía del cielo, sino de los escalones. Más de 30 mil personas poblaron la cancha de Newell’s para acompañar a la Selección Argentina Sub-19 en su choque ante Uruguay por los Juegos Suramericanos. Una postal multitudinaria que transformó un encuentro juvenil con entrada libre en una fiesta popular y dejó flotando una certeza colectiva: Rosario pide a gritos, y con argumentos, volver a recibir a la selección mayor.
Desde temprano, las inmediaciones del Parque Independencia mostraron un movimiento distinto.
Chicos con camisetas de la Argentina mezcladas con las de los clubes locales, familias caminando con el mate bajo el brazo y una cola interminable para asegurarse un lugar en las tribunas. Para muchos pibes y pibas era la primera vez que pisaban un estadio de Primera División; para otros, la oportunidad perfecta de reencontrarse con el ritual del fútbol sin pagar entradas exorbitantes. La ilusión, flotando en el aire desde el primer minuto, fue el común denominador.
El marco era impecable, pero la tarde guardaba un plato fuerte. Cuando por los altoparlantes la voz del estadio anunció la presencia en uno de los palcos de Lionel Scaloni junto a su cuerpo técnico —Pablo Aimar, Walter Samuel y Roberto Ayala—, la cancha explotó. El ovacionómetro tocó su techo en un cerrado aplauso de pie.
El DT campeón del mundo, santafesino y conocedor como pocos de estas tierras, observaba desde arriba cómo la ciudad respondía cada vez que la Albiceleste la convocaba.
Más allá del resultado en la cancha —triunfo 1-0 con gol de Franco Domínguez—, la verdadera noticia estuvo en el entorno.
La convocatoria masiva, el comportamiento ejemplar de la gente, la pasión intacta y la capacidad organizativa demostraron que la logística de la ciudad está sobradamente a la altura. Rosario no solo es cuna de los mejores futbolistas de la historia; es una plaza que vive el fútbol con una intensidad única y que merece albergar no solo torneos juveniles o delegaciones ODESUR, sino también los compromisos oficiales del primer equipo de la AFA.
La jornada de este sábado no fue un evento más. Fue una demostración de amor al fútbol y un mensaje contundente sin decir una sola palabra: la ciudad está lista. La ilusión de los pibes en las tribunas ya se encendió y, en el Coloso, quedó demostrado que, si la Selección mayor decide volver a pisar suelo rosarino, la fiesta ya está garantizada.