El resonante triunfo de Ecuador por 2-1 sobre Alemania, conseguido el pasado jueves, continúa generando repercusiones. La victoria no sólo significó una de las grandes sorpresas del Mundial que se disputa en Estados Unidos, México y Canadá, sino que además le permitió al seleccionado sudamericano avanzar a los dieciseisavos de final.
El equipo dirigido por Sebastián Beccacece llegaba a este compromiso en medio de cuestionamientos por parte de la prensa y de los hinchas ecuatorianos. Las críticas apuntaban principalmente a la falta de eficacia ofensiva, una deuda que logró saldar en la última fecha del Grupo E para sellar la clasificación.
Uno de los pilares de la histórica victoria fue el rosarino Hernán Galíndez. El ex Central y actual arquero de Huracán, figura habitual en el fútbol argentino, volvió a mostrar su jerarquía bajo los tres palos y fue clave para sostener el resultado frente al conjunto alemán.
Tras el encuentro, el guardameta compartió su emoción y admitió que sintió un enorme alivio al escuchar el pitazo final. “Lo primero que sentí es un desahogo que no sabía que se podía sentir. Cuando terminó el partido lloraba abrazado con los otros dos arqueros, con Moi y con Gonza (Moisés Ramírez y Gonzalo Valle) y lo que les decía era que «no me quería ir hoy, no me quería ir hoy». Pero antes del partido no lo podía decir. Entonces me saqué una responsabilidad enorme, enorme. Lo dije: era, es mi último Mundial y probablemente podría haber sido mi último partido. Pero gracias a Dios mis compañeros me dieron la posibilidad de que sea al menos uno más”, expresó en conferencia de prensa.
Galíndez también reveló una historia desconocida hasta ahora y vinculada a Cristian “Kily” González, quien fue su compañero en Rosario Central. El arquero contó que, después del empate sin goles ante Curazao —partido en el que Ecuador generó numerosas situaciones pero no logró convertir—, recibió un mensaje que resultó fundamental desde lo anímico.
“Hay algo que les voy a contar y no saben. Cuando terminó el partido con Curazao, llegué al vestuario y estaba muy triste. Agarro mi teléfono y tenía un mensaje: el Kily González. En el audio me decía: «Gordo, -me llama Gordo- hicieron un partidazo. Te tenés que levantar. Andá a hablar con tus compañeros. Golpeales la puerta de la habitación, andá, abrazalos, deciles que los querés. No se pueden quedar afuera…». Me mandó un audio y yo le dije: «¿Cómo se te ocurre hacer una cosa así?». Y recién lo llamé para agradecerle. Porque en los momentos que no entra la pelota son pocos los que llaman, son pocos los mensajes que uno recibe”, relató.