A sus 12 años, Joaquina Benitendi está viviendo el sueño que empezó a gestar en la cancha de Villa Minetti, un pueblo ubicado a 500 kilómetros de Rosario.
La joven futbolista, que hoy es noticia por su llegada a River Plate, recuerda con claridad el inicio de su pasión: "Cuando tenía como 6 años, le dije a mi papá que me gustaba el fútbol, que quería empezar". Ante la falta de equipos femeninos en su zona, se anotó en una escuelita local donde era la única mujer, dando sus primeros pasos competitivos, luego en Atlético Rafaela y sumando experiencias en campus de figuras como el Pupi Zanetti, el Burrito Ortega y la familia MacAllister.
El desembarco en el club de Núñez se dio tras una prueba que ella encaró con mucha naturalidad. "Yo lo tomaba como un entrenamiento normal para ver el nivel en el que estoy", explicó Joaquina en diálogo con Rosario3, quien entre más de 30 chicas terminó siendo la única seleccionada para el plantel Sub-12.
El esfuerzo actual es maratónico: viaja más de 800 kilómetros desde el norte provincial hacia Buenos Aires para entrenar una vez por semana, mientras sigue un plan físico mediante una aplicación.
A pesar de la exigencia, tiene claras sus prioridades y su sentimiento: "Mi corazón es de Boca, pero yo siempre le digo a papá o a toda la gente que mientras juegue al fútbol los colores no me importan", afirmó con una madurez que sorprende.
Esa misma responsabilidad la traslada al aula, donde es abanderada. En su escuela, el apoyo es total frente a sus viajes constantes: "Las directoras ya me conocen, me conoce toda la escuela. Ya están acostumbrados a que falte porque saben que si falto es porque estoy enferma o porque me fui a jugar al fútbol", contó entre risas.
Sin embargo, el ritmo actual de viajes tiene fecha de vencimiento, ya que la familia planea mudarse a Buenos Aires para que ella asista al colegio de River. "Ya lo tenemos pensado. Capaz que este año o el año que viene tengamos que irnos sí o sí porque si vas a la escuela de River ya tenés todos los horarios organizados con los entrenamientos", detalló la jugadora.
En Villa Minetti, Joaquina se convirtió en una referente involuntaria. Ella y su padre, Diego, impulsaron la creación de espacios para niñas, aunque reconoce que todavía falta mucho camino por recorrer. "Donde estoy, soy la única chica. Hay chicas a las que les encanta jugar, pero no se anotan en ningún club porque tienen vergüenza con los varones, porque piensan que van a decir de todo. Bueno, a la vez sí te dicen, pero no... yo soy la única", relató sobre la realidad del interior profundo.
Su padre recuerda que esa determinación estuvo siempre: "Tenía 3 años y andaba con un vestido y con unos botines puestos del hermano y con la pelota al lado".
La historia de Joaquina también tuvo un capítulo con referencia a Rosario. Durante un encuentro contra un selectivo de Rosario Central, donde ella era la única nena de un equipo de Santiago del Estero, anotó un gol y deslumbró a los técnicos canallas.
"El muchacho me dijo que me comunique con él, porque me dice: «Diego, tu hija tranquilamente puede estar en Rosario Central»", recordó su padre.
Hoy, mientras Joaquina admira a Aitana Bonmatí y sueña con el profesionalismo, su familia mantiene una lucha que trasciende lo deportivo: "Ojalá que el femenino llegue al lugar donde tiene que estar, como en Estados Unidos o Europa", cerró Diego, remarcando la necesidad de que existan pensiones e infraestructura para que más nenas puedan seguir el camino de Joaquina.