Apenas cuatro días habían pasado de la pérdida más dolorosa de su vida. Un par de horas transcurrieron desde su llegada a Estados Unidos tras el íntimo último adiós a su padre en Rosario. Sin embargo, cuando en el partido entre Inter Miami y León de México comenzaba el segundo tiempo, la imagen que devolvió la transmisión oficial quebró cualquier tipo de pronóstico: Lionel Messi se disponía a entrar a jugar.
Fue en ese preciso instante cuando las cámaras de la televisión captaron la esencia pura de lo que genera el astro rosarino: mostraron a diferentes hinchas en las tribunas, la mayoría niños, al borde del delirio al percatarse de que el número 10 estaba por pisar el césped para disputar todo el complemento.
Para muchos de los presentes, el viaje al Nu Stadium arrastraba una cuota de resignación. Turistas y fanáticos que habían sacado sus entradas con semanas de anticipación asumían, lógicamente, que Messi no formaría parte del encuentro tras el viaje de urgencia a su ciudad natal y el duelo familiar.
Por eso, el contraste de emociones fue absoluto. En el video de la transmisión se observa cómo los chicos se tomaban la cabeza, señalaban eufóricos al cuarto árbitro y se abrazaban entre sí al ver que ingresaba el capitán. La incredulidad inicial mutó en segundos a una fiesta de gritos, celulares alzados para inmortalizar el momento y miradas atónitas entre adultos que no podían creer el desenlace de la noche.
Lo que parecía una presencia meramente testimonial –desde el banco de suplentes– para acompañar a sus compañeros terminó transformándose en otro capítulo inolvidable para quienes estuvieron en las tribunas, más allá de la derrota y eliminación para el Inter en la Leagues Cup.