El movimiento constante en las calles, el color en los corredores urbanos y la efervescencia en cada escenario deportivo marcan el pulso de la primera semana de los XIII Juegos Suramericanos Santa Fe 2026. En medio de jornadas intensas, pasillos llenos y tribunas colmadas, la gestión de la competencia demanda un seguimiento diario minuto a minuto. En este marco, Diego Sebben, subsecretario de Deporte de la Municipalidad de Rosario y director dejecutivo del evento, dio su mirada sobre la verdadera dimensión de un proyecto de gran escala que requirió años de planificación técnica y que hoy se refleja en el acompañamiento masivo del público.
“Para poder evaluar estos Juegos me tengo que ir muchos años atrás, al 2019, cuando fuimos la primera ciudad con un río y no con un mar en encarar este esquema. En realidad empezamos mucho antes, en 2014, a pensar en todo esto. Se dio en 2019, con los Juegos Suramericanos de Playa y ahí fuimos a buscar el 2022 con los Juegos Suramericanos de la Juventud, que fue muy duro con la pandemia de por medio. Abrieron las puertas 30 días antes del evento y tuvimos un millón de personas en un esquema donde recién salía el mundo a la calle. En el 2022 fuimos a buscar los Juegos de 2026, sabiendo que este camino era el correcto”, explicó Sebben sobre la evolución estratégica de la sede.
El panorama actual sobrepasa las proyecciones iniciales en materia de convocatoria y presencia de espectadores. Con sedes distribuidas en diferentes sectores —desde el Parque Nacional a la Bandera con la apertura, la Villa Suramericana, el Fan Fest, el Centro Acuático, hasta la equitación y el golf en el noroeste, junto al corazón del Parque Independencia—, la respuesta del público resulta impresionante.
“Son los juegos de la gente, son los juegos de la ciudad. El fin de semana vamos a tardar dos a tres horas en hacer 900 metros del Fan Fest por la cantidad de personas que van a venir. Es impensado que un día de semana a las 10 de la mañana haya cola de dos cuadras para entrar a los escenarios”, aseguró.
En ese sentido, el funcionario, agregó: “En el fútbol llenamos la platea baja y tuvimos que abrir la alta en Newell's. Caló en el ADN de cada uno de los rosarinos el deporte de la ciudad, y todos nos sentimos orgullosos”.
Más allá del movimiento turístico inmediato, la repercusión comercial y las obras levantadas en los predios, la máxima autoridad ejecutiva del comité organizador prioriza el valor simbólico y social que se consolida en la comunidad a lo largo de las generaciones.
“Todos hablamos de las obras de infraestructura, que es lo que la gente ve. Nosotros creemos que el legado más importante es el intangible, aquel que no se puede ver: el capital humano que tiene esta ciudad. Desde el papá que acompaña a su hijo, el entrenador que deja la vida, las subcomisiones, dirigentes y federaciones. Eso estuvo siempre en el ADN, pero este evento quebró barreras. Las obras de infraestructura tal vez dentro de 20 o 30 años sigan estando vigentes, pero la gente está toda la vida, y ahí radica la verdadera diferencia”, concluyó Sebben.