Camiseta argentina, una valija casi vacía y una mezcla difícil de disimular entre felicidad, emoción y preocupación. Así encontró Juanchi Funes, enviado especial de Televisión Litoral al Mundial, a un hincha argentino que acababa de llegar a Nueva York sin entrada para la final, sin alojamiento y prácticamente sin equipaje.

El hombre, de 41 años y oriundo de Concepción del Uruguay, Entre Ríos, había aterrizado apenas cuatro horas antes y estaba solo en Times Square. Era la primera vez que visitaba Nueva York y su contacto inicial con la ciudad no había resultado precisamente sencillo: tardó cerca de media hora en encontrar la salida del subte y tuvo que recurrir a Google Maps para llegar hasta uno de los puntos más emblemáticos de Manhattan.

“Estoy contento, emocionado, preocupado, pero feliz”, resumió, todavía con la valija en la mano y sin tener demasiado claro cuál sería el próximo paso.

La historia comenzó apenas terminó la semifinal que Argentina le ganó a Inglaterra. Todavía no habían pasado 40 minutos cuando su mujer, Tamara, pronunció la frase que terminó de empujarlo hacia Estados Unidos.

“Me dijo: «Andate». Automáticamente agarré el teléfono y me sacó un pasaje”, contó.

El viaje tuvo una logística tan veloz como improvisada. Llamó a sus padres para que lo acercaran hasta Uruguay, cruzó por Paysandú y desde allí continuó hacia Montevideo para tomar el avión. En el apuro, guardó apenas tres prendas y se olvidó prácticamente todo lo demás.

“No tengo ni siquiera champú, no tengo toalla, no tengo absolutamente nada”, admitió. La valija, según explicó entre risas, estaba más de relleno que otra cosa.

Tampoco tenía reservado un hotel ni sabía dónde iba a pasar la noche. Mucho menos contaba con una entrada para la final, cuyos precios en la reventa alcanzaban cifras de varios miles de dólares. Pero ninguna de esas dificultades alcanzó para frenar el impulso.

“No tengo un mango. No sé dónde voy a parar, no sé nada, no tengo entrada, no sé ni dónde queda nada. No tengo expectativas de nada”, enumeró.

El entrerriano reconoció que la emoción acumulada durante el Mundial terminó por decidirlo. Cada partido y cada gol de la selección lo habían conmovido de una manera difícil de controlar. Cuando el equipo de Lionel Scaloni consiguió el pase a la final, dejó de preguntarse si el viaje tenía sentido.

“Esa emoción me hizo venir acá sin tener la menor idea de qué estoy haciendo”, confesó.

No será su primera experiencia mundialista. También viajó a Brasil en 2014, cuando Argentina llegó a la final ante Alemania. Esta vez, sin embargo, dijo sentir una confianza especial.

“La sensación que tengo es que se nos va a dar. Por algo vine”, afirmó, antes de imaginar a miles de argentinos celebrando en las calles de Nueva York como si estuvieran frente al Obelisco.