Una abuela que enseña a su nieto un juego de su infancia. Un grupo de estudiantes que entrevista a vecinos mayores para reconstruir la historia de su barrio. Un niño que ayuda a un adulto a utilizar una aplicación del celular. Son situaciones cotidianas que muestran cómo el aprendizaje puede circular entre personas de distintas edades.
En una sociedad donde buena parte de las actividades están organizadas por grupos etarios, los encuentros intergeneracionales ofrecen oportunidades para compartir experiencias y conocimientos que difícilmente aparecen en los libros escolares.
En las escuelas, estas propuestas pueden incorporarse a proyectos de lectura, historia, ciencias sociales o educación artística. También permiten abordar cuestiones vinculadas con la convivencia, los prejuicios sobre la edad y las transformaciones culturales.
La memoria como recurso educativo
Los adultos mayores conservan experiencias personales que pueden aportar otras perspectivas sobre acontecimientos históricos, costumbres y formas de vida.
Escuchar cómo era la escuela hace cincuenta años, qué juegos compartían los chicos en las plazas o cómo se comunicaban las familias antes de la llegada de los teléfonos celulares permite acercarse al pasado desde testimonios concretos.
Estos relatos pueden complementar los contenidos curriculares, especialmente cuando se trabaja sobre historia local, cambios sociales o patrimonio cultural.
Una actividad posible consiste en organizar entrevistas a familiares o vecinos mayores. Los estudiantes pueden preparar preguntas, registrar las respuestas y comparar los testimonios con fotografías, documentos y otras fuentes.
El ejercicio también permite enseñar una distinción importante: los recuerdos personales aportan información valiosa, pero no reemplazan la investigación histórica. Contrastarlos con otras fuentes forma parte del aprendizaje.
Lo que los chicos también tienen para enseñar
El intercambio entre generaciones no funciona en una sola dirección. Los niños y adolescentes pueden compartir conocimientos, intereses y maneras de interpretar el mundo que resultan novedosas para los adultos.
El uso de herramientas digitales es uno de los ejemplos más frecuentes. Enseñar a enviar fotografías, realizar una videollamada o utilizar determinadas aplicaciones puede convertirse en una actividad compartida.
Sin embargo, las posibilidades van mucho más allá de la tecnología. Los estudiantes también pueden acercar nuevas expresiones culturales, juegos, música y formas de comunicación.
Cuando ambas generaciones participan como protagonistas, se evita presentar a los adultos mayores únicamente como transmisores de conocimientos y a los chicos como receptores.
Proyectos que pueden desarrollarse en la escuela
Las experiencias intergeneracionales no requieren necesariamente grandes recursos. Muchas pueden organizarse a partir de contenidos que ya forman parte de la planificación escolar.
En el Nivel Inicial, por ejemplo, se pueden realizar encuentros para compartir canciones, cuentos y juegos tradicionales. En Primaria, los proyectos pueden incluir la construcción de álbumes familiares, entrevistas sobre la historia del barrio o talleres de oficios y habilidades.
En Secundaria, una alternativa es desarrollar investigaciones sobre los cambios en el trabajo, la educación o la vida cotidiana, incorporando testimonios de distintas generaciones.
También pueden organizarse actividades de lectura compartida, huertas comunitarias o producciones artísticas en colaboración con centros de jubilados y organizaciones barriales.
Para que estas propuestas tengan sentido pedagógico, conviene establecer objetivos claros, preparar previamente a los estudiantes y evitar que los encuentros queden reducidos a una visita ocasional.
Rosario y los espacios de encuentro entre generaciones
Durante octubre, la Municipalidad de Rosario desarrolla Qué Grande Octubre, una programación cultural y recreativa destinada a las personas mayores, con actividades en distintos espacios de la ciudad.
La agenda incluye propuestas que promueven la participación social, el acceso a la cultura y el encuentro comunitario.
Aunque estas actividades no están necesariamente diseñadas para las escuelas, permiten poner en agenda el lugar que ocupan los adultos mayores en la vida cultural de Rosario y las posibilidades de generar vínculos con otras generaciones.
La información sobre la programación puede consultarse en el sitio oficial de la Municipalidad.
Aprender a convivir con otras edades
Los proyectos intergeneracionales también pueden contribuir a cuestionar estereotipos. No todos los adultos mayores tienen las mismas habilidades, intereses o experiencias, del mismo modo que no todos los niños y adolescentes se relacionan de igual manera con la tecnología o las tradiciones.
El contacto sostenido, cuando se desarrolla en condiciones de respeto y participación, permite conocer a las personas más allá de las ideas preconcebidas sobre su edad.
Para las escuelas, incorporar estas experiencias supone ampliar las fuentes de conocimiento y reconocer que la comunidad también puede participar en los procesos educativos.
Una entrevista, un taller compartido o una investigación sobre la memoria del barrio pueden ofrecer aprendizajes que continúen mucho después de terminado el encuentro.