La inteligencia artificial puede resumir un texto, explicar un concepto, traducir, generar ideas y resolver problemas en cuestión de segundos. Pero hay algo que todavía no puede hacer por los estudiantes: decidir qué hacer con una respuesta, cuestionarla, cambiar de estrategia cuando algo no funciona o entender cómo llegaron a una conclusión.
Ese es uno de los puntos que pone sobre la mesa una investigación realizada por Nord Anglia Education junto con la Lynch School of Education and Human Development de Boston College, que analizó durante dos años el desarrollo de habilidades vinculadas con la metacognición en más de 12.000 estudiantes y 5.000 docentes de 20 países.
La conclusión abre una discusión relevante para las escuelas: en un mundo en el que obtener información será cada vez más sencillo, aprender a pensar sobre esa información puede convertirse en una de las capacidades más importantes.
Pensar antes de aceptar una respuesta
Una de las habilidades que más mejoró entre los estudiantes que participaron del estudio fue el pensamiento crítico. A nivel general registró un incremento del 21%, mientras que entre quienes realizaban diariamente las llamadas “rutinas de pensamiento” la mejora llegó al 68%.
Estas estrategias consistían, entre otras cosas, en detenerse antes de responder, formular preguntas, analizar las estrategias utilizadas y explicar cómo se había llegado a una conclusión.
En el contexto actual, esa capacidad adquiere una dimensión nueva. Una respuesta producida por una herramienta de IA puede ser rápida, clara y convincente, pero eso no significa necesariamente que sea correcta.
Por eso, saber preguntar, contrastar información y detectar errores o sesgos puede resultar más importante que memorizar una respuesta que una herramienta puede recuperar en segundos.
Curiosidad, autonomía y perseverancia
El estudio también registró mejoras en otras capacidades que difícilmente puedan reducirse a la obtención automática de una respuesta.
La curiosidad aumentó un 20% entre los estudiantes participantes, que comenzaron a formular preguntas más profundas y a mostrar mayor interés por comprender los problemas. Además, el 76% afirmó sentirse más autónomo después de trabajar con estas dinámicas.
La autonomía implica algo que ninguna herramienta puede decidir por completo: qué problema vale la pena resolver, qué camino elegir y cuándo es necesario cambiar de estrategia.
Algo similar ocurre con la perseverancia. Frente a un problema complejo, aprender no consiste solamente en encontrar rápidamente una solución, sino también en tolerar el error, probar alternativas y continuar cuando la primera respuesta no funciona.
Aprender también es entender cómo se aprende
Otro de los conceptos centrales del estudio es la metacognición, es decir, la capacidad de reflexionar sobre los propios procesos de pensamiento y aprendizaje.
El 85% de los estudiantes consultados afirmó comprender mejor cuáles eran sus fortalezas, mientras que el 72% señaló haber mejorado su comprensión sobre cómo aprende.
Esta dimensión puede ser especialmente relevante para la escuela. Un estudiante que sabe explicar qué entendió, qué no entendió, qué estrategia utilizó y por qué una respuesta le resulta convincente cuenta con herramientas que van más allá de una materia o de una tecnología determinada.
La pregunta no es qué puede hacer la IA
La llegada de la inteligencia artificial puede llevar a las escuelas a preguntarse qué contenidos o tareas perderán relevancia. Pero existe otra pregunta posible: qué capacidades deberían ganar todavía más espacio.
Pensamiento crítico, creatividad, empatía, colaboración, autonomía y capacidad para aprender de los errores no compiten necesariamente con la tecnología. Pueden ser, precisamente, las herramientas que permitan utilizarla mejor.
En lugar de preparar a los estudiantes para competir con máquinas en aquello que las máquinas hacen cada vez más rápido, el desafío educativo puede estar en fortalecer aquello que exige criterio, reflexión, contexto y responsabilidad.
Porque si las respuestas están cada vez más cerca de un clic, quizás una de las tareas más importantes de la escuela sea enseñar a los chicos y chicas a decidir qué pregunta vale la pena hacer.