La formación docente no termina cuando se obtiene el título. Para muchos profesionales, se trata de una segunda carrera que se transita mientras trabajan, sostienen responsabilidades familiares y buscan sumar herramientas para ingresar o desarrollarse en las aulas.

Un nuevo informe de la Escuela de Ciencias de la Educación de la Facultad de Humanidades y Artes (FHyA) de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) permite conocer con mayor detalle esas trayectorias. El estudio relevó a 101 graduados de 16 profesorados universitarios que finalizaron sus carreras entre febrero de 2024 y marzo de 2025.

Uno de los principales datos del relevamiento es que el 81,8% de los graduados ya trabaja en actividades vinculadas con su título de profesor o profesora, principalmente en escuelas secundarias públicas y privadas, además de instituciones de nivel superior y universitario.

El informe también muestra que la formación docente funciona, en muchos casos, como una segunda etapa de profesionalización para personas que ya cuentan con otro título universitario.

Estudiar para ser docente mientras se trabaja

Los datos permiten dibujar un perfil particular de quienes transitan el Ciclo de Formación Docente de la FHyA. No se trata mayoritariamente de estudiantes que llegan directamente desde la escuela secundaria, sino de adultos que combinan la carrera con el trabajo y otras responsabilidades.

El 65,9% trabajó de manera continua durante todo el cursado, mientras que otro 25% lo hizo de manera intermitente. En conjunto, más del 90% tuvo algún tipo de experiencia laboral mientras realizaba sus estudios.

La franja etaria más numerosa se ubica entre los 30 y los 39 años, una característica relacionada con el hecho de que muchos estudiantes realizan el profesorado después de haber obtenido un título disciplinar en áreas como Derecho, Arquitectura, Ciencia Política, Historia, Letras o Bellas Artes.

Esta realidad también tiene impacto en la duración de las carreras. El promedio de cursado efectivo fue de 8,95 años, mientras que la mitad de los estudiantes señaló haber tenido que interrumpir temporalmente sus estudios.

Entre quienes interrumpieron la carrera, los principales motivos fueron laborales y personales o familiares, ambos con un 38% de las respuestas. La pandemia también tuvo incidencia, con un 19%.

La residencia, el momento de entrar al aula

Dentro del recorrido formativo, la Residencia Docente aparece como una instancia especialmente significativa. Es el momento en que los conocimientos construidos durante la carrera se enfrentan de manera directa con las situaciones concretas de una institución educativa.

El 70,5% de los graduados realizó sus prácticas en escuelas públicas, mientras que el 29,5% lo hizo en instituciones privadas.

El acompañamiento durante esta etapa recibió una valoración positiva. El 79,5% destacó el apoyo recibido por parte del profesor o profesora responsable de la Residencia, mientras que el 70,5% valoró el acompañamiento continuo del docente co-formador de la escuela donde realizó sus prácticas.

También fueron reconocidos los espacios colectivos de preparación: el 93,2% señaló que contó con instancias grupales para compartir experiencias, dudas y dificultades, y el 75% consideró de gran utilidad el taller específico previo a la Residencia.

Estos datos ponen en evidencia que el ingreso al aula requiere no solo conocimientos disciplinares, sino también acompañamiento, intercambio y oportunidades para revisar las primeras experiencias frente a estudiantes reales.

De la teoría a la práctica: qué formación piden los nuevos docentes

Aunque casi el 64% de los graduados calificó la formación recibida como “excelente” o “muy buena”, el relevamiento también identifica aspectos que los propios egresados consideran necesarios de profundizar.

Uno de los reclamos más claros apunta a aumentar las instancias de práctica áulica desde los primeros años de la carrera. La demanda aparece vinculada con una necesidad concreta: contar con más herramientas para trasladar los conceptos pedagógicos a situaciones reales de enseñanza.

También aparecen entre los contenidos que los graduados consideran prioritarios la Educación Sexual Integral (ESI), la inclusión, la diversidad y la discapacidad, junto con los marcos jurídicos y administrativos vinculados con el ejercicio de la docencia.

A estos temas se suma el impacto de la transformación tecnológica. Los egresados plantean la necesidad de profundizar la formación en nuevas tecnologías e Inteligencia Artificial aplicadas a la enseñanza, un campo que plantea nuevos desafíos para quienes ingresan actualmente a las aulas.

Presencialidad sí, pero con nuevas alternativas

La encuesta también aporta datos sobre las modalidades de cursado. El 90,9% de los graduados reafirmó la importancia de la presencialidad, aunque esto no significa que rechacen otras formas de organización.

Por el contrario, el 81,8% se mostró a favor de combinar instancias virtuales con encuentros presenciales programados.

La propuesta aparece especialmente vinculada con las características del propio estudiantado: personas adultas que trabajan y que, en muchos casos, también tienen responsabilidades familiares. Para este grupo, incorporar cierta flexibilidad podría facilitar la continuidad de las trayectorias sin eliminar el valor del encuentro presencial.

Una formación que busca mirar lo que pasa después del título

El informe fue elaborado a partir de una encuesta a graduados de 16 carreras de profesorado de la UNR y busca aportar información sobre tres dimensiones centrales: la inserción laboral, la experiencia formativa y las nuevas demandas que enfrenta la profesión docente.

Los resultados muestran una relación directa entre la formación universitaria y el sistema educativo: ocho de cada diez graduados relevados ya están desarrollando actividades profesionales vinculadas con la docencia.

Pero también dejan planteada otra cuestión: formar docentes implica revisar permanentemente qué necesitan quienes van a enseñar y qué sucede cuando llegan a las escuelas.

Desde la Escuela de Ciencias de la Educación de la FHyA señalaron que el seguimiento de graduados constituye una herramienta para la toma de decisiones académicas y para pensar mejoras en el Ciclo de Formación Docente.

En esa línea, los resultados serán utilizados como insumo para actualizar la formación en áreas como ESI, inclusión, herramientas digitales y práctica docente temprana.

La voz de quienes ya atravesaron el profesorado aporta, así, una mirada concreta sobre lo que funciona y sobre aquello que todavía puede mejorar. Porque conocer qué ocurre con los docentes después de recibirse también permite preguntarse qué formación necesitan hoy quienes están a punto de entrar al aula.