“Se distraen rápido”, “les cuesta terminar una actividad” o “necesitan estímulos constantes”. Frases como estas se repiten cada vez más entre docentes de distintos niveles educativos al describir lo que ocurre dentro del aula.

En los últimos años, especialistas en educación y salud mental comenzaron a advertir un crecimiento de las dificultades atencionales en niños y adolescentes, un fenómeno que atraviesa tanto a las familias como a las escuelas.

Aunque cada caso es diferente y no siempre implica un trastorno específico, expertos señalan que existen cambios culturales y tecnológicos que están modificando la forma en que los chicos se relacionan con el aprendizaje, la información y el tiempo de espera.

El impacto de las pantallas y la hiperestimulación

Uno de los factores más mencionados por especialistas es el uso intensivo de pantallas desde edades tempranas.

Las redes sociales, los videos cortos y los contenidos digitales diseñados para captar atención inmediata generan dinámicas de consumo rápido y estímulos permanentes que pueden dificultar la concentración sostenida en tareas escolares.

Muchos chicos pasan rápidamente de un contenido a otro, reciben múltiples estímulos al mismo tiempo y tienen cada vez menos espacios de pausa o aburrimiento, fundamentales para desarrollar atención y creatividad.

Docentes también advierten que algunos estudiantes presentan mayor dificultad para tolerar actividades que requieren tiempos largos de escucha, lectura o reflexión.

Menos descanso y más cansancio

Otro aspecto que preocupa es la alteración de los hábitos de sueño.

El uso de dispositivos electrónicos durante la noche, junto con rutinas poco estables, provoca que muchos niños y adolescentes duerman menos horas de las recomendadas.

Especialistas sostienen que el descanso insuficiente afecta directamente funciones cognitivas esenciales como la memoria, la atención y la capacidad de aprendizaje.

A eso se suma un aumento de situaciones de ansiedad, estrés y sobrecarga emocional que también impactan en el rendimiento escolar.

La escuela frente a nuevos desafíos

Frente a este escenario, muchas instituciones educativas comenzaron a revisar sus estrategias de enseñanza y convivencia.

Cada vez más escuelas incorporan propuestas que incluyen pausas activas, trabajo por proyectos, actividades más dinámicas y herramientas vinculadas con la educación emocional para favorecer la participación y la concentración.

Los especialistas remarcan, sin embargo, que el desafío no debe recaer únicamente sobre los docentes.

El acompañamiento familiar, los límites en el uso de pantallas, las rutinas de descanso y la generación de espacios de diálogo también resultan fundamentales para ayudar a los chicos a desarrollar habilidades de atención y autorregulación.

Atención no significa quietud

Especialistas advierten además sobre la importancia de evitar miradas simplistas o diagnósticos apresurados.

No todos los niños aprenden de la misma manera ni sostienen la atención del mismo modo. Algunos necesitan movimiento, pausas frecuentes o estrategias diferentes para involucrarse con las actividades.

Por eso, el desafío actual para las escuelas consiste no solo en captar la atención de los estudiantes, sino también en construir propuestas pedagógicas capaces de competir con un entorno cada vez más acelerado y lleno de estímulos.