Dirigir una escuela ya no significa solamente administrar recursos, organizar horarios o resolver los problemas que surgen durante la jornada. Los cambios sociales, culturales y educativos transformaron profundamente la vida institucional y colocaron a los equipos directivos frente a una tarea cada vez más compleja: acompañar a los docentes, construir acuerdos, sostener proyectos colectivos y generar las condiciones necesarias para mejorar los aprendizajes.
Ese fue uno de los principales ejes del XVII Foro Latinoamericano de Educación “Los desafíos de la gestión educativa”, organizado por Fundación Santillana y la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), con el apoyo del IIPE UNESCO América Latina y el Caribe y la Biblioteca del Congreso de la Nación.
El encuentro reunió a referentes de las políticas públicas, la investigación y la gestión educativa de Argentina y otros países de la región. Entre los participantes estuvieron Luis Scasso, director de la Oficina en Argentina de la OEI; los ministros de Educación de Misiones y Córdoba, Ramiro Aranda y Horacio Ferreyra; y especialistas como José Weinstein, Silvina Gvirtz, Claudia Romero, Bernardo Blejmar, Alejandra Cardini, Vannina Trentin, Gabriel Brener, Agustín Porres y Gabriela Azar.
La pregunta que atravesó las distintas intervenciones fue cómo fortalecer a quienes tienen la responsabilidad de conducir las escuelas sin convertir el liderazgo en una acumulación de tareas individuales.
Profesionalizar la función directiva
Uno de los principales planteos del Foro fue reconocer que la dirección escolar constituye una función profesional que requiere conocimientos y capacidades específicas.
Luis Scasso señaló que los directivos deben desempeñarse simultáneamente en dimensiones administrativas, pedagógicas, sociales e institucionales, en un contexto marcado por la incertidumbre y la complejidad.
Desde esta perspectiva, el desafío no consiste en comparar a los directores actuales con los de otras épocas, sino en reconocer que la escuela y la sociedad cambiaron, y que también cambiaron las responsabilidades asociadas a la conducción institucional.
Por eso, la función directiva necesita formación específica, carrera profesional, recursos, acompañamiento y actualización permanente.
José Weinstein, director del Programa de Liderazgo de la Facultad de Educación de la Universidad Diego Portales de Chile, presentó algunas de las principales lecciones de más de dos décadas de políticas orientadas al liderazgo escolar en ese país.
Su exposición partió de una idea respaldada por la investigación educativa: las prácticas de los equipos directivos pueden favorecer procesos sostenidos de mejora, pero también pueden tener efectos negativos sobre el clima escolar, la permanencia de los docentes y la vida institucional.
En consecuencia, las políticas destinadas a fortalecer a los directores no deberían reducirse a acciones aisladas. Se necesita un sistema coherente que establezca qué se espera de quienes conducen las escuelas y que, al mismo tiempo, alinee esas expectativas con sus atribuciones, recursos, condiciones laborales, mecanismos de selección, carrera y formación.
Liderar no es decidir todo
Otro de los grandes ejes del Foro fue la necesidad de superar una concepción del liderazgo basada exclusivamente en la autoridad del cargo.
Para Silvina Gvirtz, doctora en Educación, una cuestión central consiste en preguntarse quién decide, sobre qué decide y cómo se toman las decisiones dentro de una escuela.
En este sentido, distinguió los modelos más jerárquicos, donde las decisiones se concentran en quien ocupa la dirección, de aquellos que avanzan hacia formas de liderazgo distribuido y permiten incorporar a otros integrantes de la comunidad educativa.
La idea resulta especialmente relevante en instituciones que enfrentan problemas cada vez más diversos y complejos. Un director no puede —ni debería— resolver individualmente todas las situaciones que atraviesan a una comunidad escolar.
“Se aprende a liderar”, sostuvo Gvirtz.
Desde esta mirada, formar buenos líderes escolares supone desarrollar capacidades para escuchar, construir acuerdos, delegar, coordinar equipos y generar confianza. También implica incorporar estas competencias en la formación docente y preparar a quienes tendrán la responsabilidad de acompañar a los futuros directivos.
El liderazgo deja así de pensarse como una característica individual para convertirse en una capacidad que puede desarrollarse y construirse colectivamente.
¿Qué necesita un director para hacer bien su trabajo?
La discusión sobre el liderazgo escolar conduce inevitablemente a otra pregunta: ¿alcanza con pedir mejores resultados a los equipos directivos?
Las intervenciones del Foro señalaron que no. Fortalecer la gestión requiere también revisar las condiciones en las que se desarrolla.
Ramiro Aranda, ministro de Educación de Misiones, planteó la necesidad de revalorizar y profesionalizar la función directiva, avanzar hacia una carrera específica y acompañar a los directores mediante formación y herramientas.
Desde Córdoba, Horacio Ferreyra puso el foco en recuperar la centralidad pedagógica de la conducción y explicó las iniciativas provinciales vinculadas con la formación de directivos y la construcción de marcos de actuación junto con quienes desempeñan esas funciones.
La cuestión también fue abordada por Alejandra Cardini, jefa de Oficina a.i. del IIPE UNESCO América Latina y el Caribe, quien destacó que liderar una política educativa no consiste solamente en establecer objetivos, sino también en generar las condiciones para que puedan concretarse.
Eso supone comprender los contextos, fortalecer las capacidades de los actores involucrados, favorecer la apropiación de las políticas y aprender de la experiencia para modificar el rumbo cuando sea necesario.
El liderazgo pedagógico como motor de mejora
Las discusiones desarrolladas durante el Foro dialogaron con el documento “Por un nuevo posible en la gestión escolar. A propósito del rol directivo en tiempos de confusión”, elaborado por Bernardo Blejmar con la colaboración de Paula Coto y Julián Blejmar.
En su intervención, Blejmar recuperó la importancia del liderazgo pedagógico y planteó la necesidad de repensar la tarea de los equipos directivos frente a escenarios que muchas veces no ofrecen respuestas previamente construidas.
Una de las preguntas que propuso para pensar la legitimidad de cualquier proyecto educativo fue “por qué y para qué hacemos lo que hacemos”.
La cuestión no es menor: en contextos de incertidumbre, la conducción escolar no puede limitarse a responder urgencias. También necesita preservar el sentido de las decisiones, sostener prioridades y construir una visión compartida acerca de hacia dónde quiere avanzar la institución.
En este marco, el liderazgo pedagógico adquiere una dimensión central. Se trata de generar las condiciones para que los docentes puedan desarrollar su tarea, favorecer el trabajo colaborativo y orientar los esfuerzos de la comunidad hacia la mejora de la enseñanza y los aprendizajes.
Una responsabilidad compartida
Uno de los principales aportes del XVII Foro Latinoamericano de Educación es, precisamente, desplazar la discusión desde la figura individual del director hacia las condiciones institucionales y sistémicas que permiten ejercer un buen liderazgo.
Profesionalizar la función directiva no significa simplemente agregar cursos o aumentar responsabilidades. Implica construir una carrera, definir expectativas claras, otorgar herramientas y autonomía, ofrecer acompañamiento y generar espacios donde los equipos puedan analizar sus prácticas y tomar decisiones.
También supone reconocer que una escuela mejora cuando sus capacidades no dependen exclusivamente de una persona.
En tiempos de creciente complejidad, fortalecer la gestión educativa significa entonces fortalecer a los equipos, distribuir capacidades y recuperar la dimensión pedagógica de la conducción.
Como planteó Blejmar durante el encuentro, no es posible elegir el tiempo en el que toca vivir, pero sí es posible decidir cómo afrontarlo. Para las escuelas, esa capacidad de respuesta dependerá cada vez más de líderes preparados, equipos sólidos y políticas educativas capaces de acompañar la tarea cotidiana de enseñar y aprender.
El documento “Por un nuevo posible en la gestión escolar” puede descargarse gratuitamente desde la página de Fundación Santillana.