En esta edición, la presidencia del jurado está a cargo de Gigliola Zecchin, una figura clave en la promoción de la lectura en la Argentina. Su presencia no es solo institucional: aporta una mirada profunda, atravesada por años de trabajo en escuelas, bibliotecas y el ámbito editorial.
Una experiencia que puede cambiar una vida
Para Canela, leer no es simplemente un hábito ni una obligación escolar. Es, en esencia, una experiencia transformadora. Su propia historia lo demuestra: de niña, escuchaba a sus hermanos leer en voz alta —y a veces inventar partes del texto—, lo que despertó en ella una necesidad urgente por aprender a leer por sí misma.
“Los que leían eran los dueños de la situación”, recuerda. En ese gesto, la lectura se le reveló como una forma de autonomía y construcción de identidad.
La escritora lo resume con claridad: tener acceso a un libro —prestado, recomendado o encontrado en una biblioteca— puede ser un acto fundante en la vida de una persona. Y no solo por lo que enseña, sino por lo que habilita: nuevas formas de pensar, de imaginar y de entender el mundo.
El rol clave de los mediadores
Si hay algo que Canela subraya con insistencia es que el encuentro entre un lector y un libro rara vez es casual. Ahí aparece la figura del mediador: docentes, bibliotecarios, promotores culturales, libreros y también familias.
Son ellos quienes detectan intereses, sugieren lecturas y generan ese vínculo inicial que puede marcar una trayectoria.
“Dentro de un libro hay una luz —dice—, y los mediadores ayudan a encontrarla”.
El Premio Vivalectura pone el foco justamente en ese trabajo muchas veces silencioso. Reconoce proyectos que, con creatividad y persistencia, sostienen el hábito lector incluso en contextos adversos. Propuestas que, como señala la autora, muchas veces nacen “contra viento y marea” y logran resultados tan inesperados como valiosos.
Leer en la era digital: el desafío de la profundidad
En un contexto atravesado por la tecnología, la lectura también se redefine. Lejos de oponerse a lo digital, Canela propone una mirada abierta, pero advierte sobre un riesgo concreto: la cultura de la inmediatez.
“El enemigo es la brevedad”, afirma. La velocidad, la síntesis extrema y la falta de paciencia atentan contra la experiencia profunda que propone el libro.
Sin embargo, reconoce el potencial de las nuevas herramientas: hoy es posible acceder a una cantidad inmensa de contenidos —“en un espacio ínfimo cabe la biblioteca de Alejandría”—. El desafío, entonces, no es tecnológico sino cultural: cómo sostener la atención, el compromiso y el placer por leer en un entorno lleno de estímulos fugaces.
Un premio que es mucho más que un reconocimiento
Asumir la presidencia del jurado implica, para Canela, una responsabilidad que trasciende lo simbólico. Sabe que detrás de cada proyecto hay comunidades enteras trabajando para sostener la lectura.
“El país es ancho y nuestro”, dice, y el premio permite recorrerlo a través de esas experiencias.
En ese sentido, destaca que el reconocimiento no es solo económico ni protocolar. Es, sobre todo, una forma de legitimación cultural. Una señal que visibiliza esfuerzos, impulsa iniciativas y fortalece una red de trabajo que sostiene la lectura como práctica social.
Medios, libros y lectores: una trama compartida
Desde su experiencia editorial, Canela aporta otra mirada clave: la lectura forma parte de un ecosistema cultural más amplio. Escritores, ilustradores, editores, mediadores y lectores integran una cadena donde cada eslabón es fundamental.
“Todo el que escribe quiere ser leído”, señala. Y en ese circuito, los medios de comunicación cumplen un rol decisivo: amplificar, instalar conversaciones, despertar interés.
Promover la lectura, en definitiva, no es una tarea aislada. Es una construcción colectiva.
Cómo participar del Premio Vivalectura 2026
El certamen, impulsado por el Ministerio de Capital Humano a través de la Secretaría de Educación, junto con la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) y con el patrocinio de la Fundación Santillana, celebra en 2026 su 19ª edición consecutiva.
Se pueden presentar proyectos en dos categorías:
- Escuelas: para instituciones educativas de todos los niveles y modalidades.
- Sociedad: para bibliotecas, ONG, organizaciones sociales y propuestas individuales o colectivas.
Además, continúa la Mención Especial Vera Rexach, orientada a experiencias de lectura en entornos digitales.
Premios
- Primer premio: $400.000
- Segundo premio: $200.000
- Mención Especial: $300.000
También se otorgarán menciones con colecciones de libros literarios y pedagógicos.
Una invitación abierta
Quienes deseen participar pueden inscribirse hasta el 30 de marzo de 2026 a través del sitio oficial del premio.
Más que un concurso, el Premio Vivalectura es una invitación: a compartir experiencias, a visibilizar proyectos y, sobre todo, a sostener una convicción.
Porque, como dice Canela —y conviene no olvidarlo—, dentro de un libro hay una luz. Y alguien, en algún lugar, siempre puede ayudar a encenderla.