Los hogares unipersonales: un fenómeno en ascenso
Cada vez existen más hogares unipersonales en Argentina. El Censo 2022 reveló que el 24,8% de los hogares del país son unipersonales (están habitados por una sola persona), mientras que en 2001 solo 12,2% de los hogares reunían estas condiciones. Esto significa que casi 1 de cada 4 hogares en el país es unipersonal. Un total aproximado de 3,7 millones de personas viven solas.
Estos datos de población y vivienda marcan una transformación demográfica y social en el país: en poco más de dos décadas, esta proporción se duplicó, y transformó la estructura habitacional urbana.
A su vez, según los datos publicados por el Indec, en 2022, en Argentina se contabilizaron 1.261.800 hogares unipersonales integrados por personas adultas mayores de 65 años. Si pensamos en que el envejecimiento poblacional también está en alza, en muchas personas adultas mayores crece la inquietud de quién los cuidará y quién los acompañará en los años por vivir, que quizás sean muchos.
En este contexto, en los últimos años, se conocieron diversos proyectos habitacionales con el objetivo de promover el hábitat colectivo de personas de la tercera edad, que aspiran a no depositar en sus hijos el cuidado de ellos, o que no tienen hijos que se ocupen de ellos o simplemente, que no deseen terminar sus vidas en un geriátrico.
La Tribu Plateada es uno de esos grupos, que surgió durante la pandemia con un paradigma propio encuadrado en la idea de autoprotección: “Nosotros vamos a cuidar de nosotros como pares”, explican. Se basan en el concepto de envejecimiento activo, autodeterminación y ayuda mutua y solidaria, y diseñan un hábitat propio donde puedan transitar juntos y acompañados, su vejez.
¿Qué es Tribu Plateada y cuándo se inaugura?
“Es una comunidad de viviendas colaborativas que están en construcción. Se trata de un proyecto privado que, al menos en la región que integra la provincia de Neuquén, es una experiencia pionera”, describe en diálogo con Rosario 3, Margarita Puntel, integrante de La Tribu Plateada, y la única que hasta ahora vive en el predio que, en breve, será “la comunidad”.
“Soy la primera en habitar en el lugar porque, a diferencia de los otros integrantes, tuve que vender mi casa para poder construir; entonces necesitaba resolver el problema de la vivienda antes que los demás, pero estimamos que para la primavera ya estaremos viviendo todos aquí”.
Ser protagonistas del diseño de la propia vida es una inyección de juventud.
Sostienen que vivir en comunidad previene la soledad no deseada y “genera un saludable entramado entre lo privado y lo compartido”. Por eso, el diseño arquitectónico acompaña y posibilita la vida compartida, porque las instalaciones comunes se perciben como una extensión de cada hogar, y una invitación al encuentro. “Ser protagonistas del diseño de la propia vida es una inyección de juventud”, dice Margarita.
“La idea es que esto permanezca más allá de nuestras vidas y que no se transforme en un desarrollo inmobiliario o comercial cuando ya no estemos. Por eso, la escribana está trabajando para encontrar la forma en que ese proyecto no sea dividido más allá de nuestras vidas”, agrega Julia Galván, otra de las integrantes.
“Es tan novedoso el proyecto que no hay formas jurídicas de encuadrarlo. La población de adultos mayores va creciendo; los Estados invierten un montón de dinero y las personas invierten mucho tiempo en las tareas de cuidado, pero esto se puede regular de otras formas”.
Ubicación geográfica
Para concretar el proyecto compraron dos terrenos en Rincón de los Patos, un loteo ubicado al suroeste de la ciudad de Plottier, en la provincia de Neuquén. Está a pocos minutos del centro de la ciudad y a escasa distancia del río Limay.
El proyecto de cohabitación que impulsan establece su núcleo arquitectónico y simbólico en los espacios comunes (abiertos, semicubiertos y cubiertos), los que se comparten, los que invitan a cohabitar.
Integrantes de la comunidad
Inicialmente fueron siete y siempre pensaron en ser más. Algunas disidencias hicieron que una pareja y una compañera se retiraran antes de empezar a construir.
Hoy son cuatro: Roberto, Julia, Marilín y Margarita. Tienen entre 64 y 74 años. Son dos docentes jubiladas y dos trabajadores de Pami jubilados.
Además de la cercanía geográfica, tienen en común muchas cuestiones ideológicas que para ellos son importantes: como sentirse pertenecientes al campo popular, la voluntad de poner la solidaridad y la construcción colectiva en un lugar prioritario y algunos aspectos de los feminismos vinculados con las tareas de cuidado.
“Si bien nos conocíamos previamente, no todos éramos amigos; pero a partir de las coincidencias y de las discusiones, la amistad se fue construyendo. Esto nos obliga a pensarnos a nosotros mismos en nuestras multiplicidades y ver cómo queremos convivir y también cómo conmorir".
La idea
Los estudios demuestran que el envejecimiento activo (en el que nosotros somos protagonistas de las decisiones que involucran nuestros cuerpos, nuestras vidas, nuestra salud y nuestro deseo) hace que las formas de vida sean mucho más plenas y por más largo tiempo.
A la luz de ese razonamiento se gestó el grupo. La Tribu Plateada se fue amasando desde principios de la pandemia. Se fueron reconociendo en el deseo de compartir con otras y otros esa etapa, pensando la vejez como una nueva oportunidad de vida. "Somos un colectivo integrado hoy por cuatro personas mayores de 60 años que decidimos, como grupo de convivencia, conformar una comunidad y constituirnos en una familia ampliada. Sabemos de la existencia de experiencias similares desde hace ya 50 años al menos y queremos contribuir con nuestro proyecto a alentar activamente la formación de comunidades análogas en la región".
El proyecto arquitectónico
El otro aspecto clave es la arquitectura. Entrevistaron a cuatro arquitectos de Neuquén y a una cooperativa de arquitectos de CABA, Proyecto Habitar (PH) y la elección fue una tarea compleja que les demandó cerca de un año. Finalmente, optaron por PH, una organización comprometida con las problemáticas sociales de acceso a la vivienda. “Están interesados en la construcción social y dispuestos a pensar las particularidades de las personas mayores, a diseñar los espacios de encuentro y a construir espacialmente la comunidad. Los tránsitos, la inserción de la naturaleza en la construcción y cómo se puede vivir mejor eso durante la vejez”.
El predio abarca una superficie de 2 mil metros cuadrados donde se proyectó construir una unidad habitacional para cada uno de los integrantes, con lugares comunes, como un Salón de Usos Múltiples (cocina, salón, baño), para deliberaciones, juegos, comidas y fiestas. Allí transcurrirán los encuentros con el barrio, con las familias ampliadas.
El complejo incluye una enfermería de uso común, cinco o seis viviendas que albergan la intimidad de cada núcleo familiar, un espacio exterior para jardines, bancales para huerta, senderos transitables, un parque arbolado, pileta y seis cocheras de uso común.
La construcción y los obstáculos legales
Actualmente, ya tienen construida una vivienda de 71 metros cuadrados (la que habita Margarita) y están construyendo dos más de 49 metros cuadrados, que en un par de meses estarán listas. “Todo se ha ido haciendo con fondos propios –aclaran– ya que no contamos con ningún apoyo estatal o de alguna fundación”.
Durante los primeros años, fuimos comprando el terreno en cuotas, hicimos el proyecto arquitectónico y encaramos las gestiones de aprobación de planos ante el Municipio de Plottier.
En este punto, la tarea no fue sencilla, porque el código de urbanización no permite la presencia de varias viviendas en un lote, cuestión que tiende a preservar las dimensiones de los lotes y el carácter de semi-ruralidad del loteo. “No hay en la zona experiencias de cohabitación, ni legislación que cobije otros modos de propiedad que los tradicionales. Tampoco conocemos otras experiencias en la Argentina, salvo una en Esquel, que ya tiene sus años, con la que tenemos algunas similitudes”, explican.
Prepararse para la convivencia
En el grupo no tienen jerarquías. Definen las cuestiones por unanimidad, algo que muchas veces lleva su proceso. Eso los ayuda a construir acuerdos y a aceptar los disensos en función de lo comunitario.
Algunas pautas fueron estableciendo, pero como todavía no hay convivencia, aún no terminaron de redactarlas. Margarita dice que “son de escribir” así que fueron estableciendo pautas por escrito y pensando situaciones que pueden darse, incluso en los momentos finales de la vida.
“Aunque dos de nosotras tenemos madres vivas (de 98 y 99 años, respectivamente) y eso hace que nos sintamos aún como hijas, estamos pensando, al mismo tiempo, en estos treinta años que son el tramo final de nuestras vidas, como corresponde a la naturaleza. Que siguen siendo desafiantes, llenos de vida y autodeterminación”.
¿Las puertas están abiertas a nuevos ingresos?
Aseguran que tienen el plan de ir creciendo y están abiertos a esa posibilidad. Nos estamos contactando con otras experiencias de la Comisión Nacional de Viviendas Colaborativas que se están organizando en distintos lugares del país.
En la zona, existen experiencias diferentes más cercanas al emprendimiento comercial inmobiliario. En Buenos Aires, también hay proyectos de condominio a los que se accede entregando el departamento propio, pero nosotros tenemos un concepto solidario y colaborativo que va más allá de vivir en el mismo lugar, en cercanía con otras personas adultas mayores.
“Una pregunta que nos suelen hacer es cuánto cuesta acceder y para nosotros esa debería ser la última pregunta. Primero, porque no hemos hecho los números y no tenemos esa respuesta ahora; pero, principalmente, porque hay otras preguntas previas relacionadas con esa estructura colaborativa que necesitamos lograr para ponernos a dialogar acerca de compartir la vida. Hay un trabajo de entramado, de ir viéndose y conociéndose”.
Reciben consultas y responden preguntas y dudas a través de: tribuplateada@gmail.com.