Todavía conserva ese timbre de voz tan característico cuando se lo escuchaba por las tardes en radio Rivadavia, la firmeza con la que contaba los hechos del día en el noticiero central de la TV o las palabras justas que vienen de los años de la prensa escrita. Enrique Llamas de Madariaga (86 años) es uno de los periodistas más prestigiosos que dio el país y que, vaya paradoja, no tuvo más trabajo en Argentina y se radicó en Uruguay donde hoy pasa sus días junto a su pareja, la también periodista Denisse Pessana, quien ahora se dedica a las inversiones inmobiliarias.
Llamas de Madariaga fue, a los 22 años, el periodista más joven en ser secretario de Redacción del diario Clarín. También trabajó en La Razón y en las revistas Primera Plana, Mercado y Siete Días. Hizo programas en todos los canales de televisión abierta de Buenos Aires. Durante el gobierno militar le fue prohibido hacer notas de la Argentina, lo que le valió viajar por varios países durante años. Además estuvo en radio Belgrano y fue el director de noticias de Rivadavia durante un largo período. Ya en Uruguay, trabajó para Radio Colonia, Radio TV Miami Internacional y Millenium FM, entre otros medios. A lo largo de su carrera ganó distintos premios como Martin Fierro, tres Cruz de Plata Esquiú, dos Santa Clara de Asís, el Konex y demás reconocimientos. En 2020 publicó su libro “Serás periodista”.
Después de haber tenido duros cruces con el kirchnerismo y otros episodios violentos, se radicó en Punta del Este junto a Denisse. Desde su casa atendió a Rosario3 unas horas antes de brindar por un nuevo día del periodista y habló de la profesión, la relación del presidente Javier Milei con sus colegas y de los desafíos de la actividad.
-¿Qué es de su vida?
-Estoy viviendo hace 18 años en Uruguay cuando vine casi expulsado de la Argentina en los tiempos de Cristina Kirchner como presidenta, donde mandaban a decir desde Casa Rosada que no había más publicidad. Tenía el programa de mayor audiencia y mayor recaudación en el canal (América), “Las 20 en llamas” y me dijeron que el programa estaba bien pero iban a cambiar de conducción y me iban a mandar al cable a las 6 de la mañana. Me parecía demasiado y me fui. En radio Rivadavia me pasó otro tanto. Y acá estoy, me acogieron con cariño y me dieron trabajo enseguida (en Uruguay). Estoy desarrollando mi vida en esta querida patria. En realidad, uruguayos y argentinos somos lo mismo, nos podemos pelear por Gardel o por el dulce de leche, pero somos lo mismo.
-¿Está haciendo algo de periodismo?
-Escribo artículos para el exterior, fundamentalmente para España. Atiendo llamados de amigos por temas puntuales como esta vergüenza con lo de la jueza (Michelli cuyo pliego para su nombramiento como magistrada federal fue aprobado por el Senado pero que el Presidente aún no va firmar). Nunca ví algo tan grosero, resulta que ahora hay delito de parentesco (con el periodista Hugo Alconada Mon y por eso le bajaron el pulgar desde el gobierno).
-¿Cómo ve a los medios en Argentina?
-Los empresarios ya no son más periodistas; ahora son dueños de aeropuertos, aduanas, del petróleo. Me imaginaba el otro día que hubieran dicho Bartolomé Mitre, Alberto Gainza Paz, Félix Laiño o Natalio Botana si recibían una orden desde la Presidencia para que eche a un periodista. La respuesta hubiera sido la tapa de diario. Ahora son empresarios antes que periodistas.
-¿Cuáles son los desafíos que tienen los periodistas hoy?
-El primero de los desafíos es del propio periodista. El periodista es el que publica los hechos, es un servidor público, ser la voz de los que no tienen voz, el que pregunta lo que el público no puede preguntar, el intérprete de ese público. Resulta que después vino una camada donde todos eran editorialistas. Eso no es periodismo y no hay que mezclar al periodismo con esa historia. Los periodistas tenemos que hacer un mea culpa y entender que no somos Superman sino un cronista, un intermediario entre el público y el funcionario, que cuenta los hechos de manera lo más objetiva posible para que la gente se informe. Que haya un editorialista está bien, que se dedique a eso y que investigue para decir lo que tenga que decir. Pero resulta que ahora son todos vectores de opinión, todos hacen editoriales. Entonces de ahí viene el desprestigio. Hay que volver a la humildad del periodismo de la palabra.
-¿Cómo analiza el impacto de la Inteligencia Artifical (IA) en el trabajo periodístico?
-La IA me da mucho miedo porque no podes controlar ni supervisar el contenido. Te hacen publicaciones haciendo bailar a Trump y Putin dándose besos. Si hacen eso, pueden hacer otra cosa. No hay control. En España hay multas por la incitación a la violencia física o a la prostitución, al menos han empezado por eso. Pero hay otras cosas que no podes manejar. Te cuento una anécdota: el otro día me encontré con un ex periodista y me dijo que le iba a pedir a la IA que le haga un poema por el día del periodista. Están denigrándose. Le tengo mucho miedo.
-¿Qué siente cuando el Presidente maltrata a los periodistas?
-El Presidente es un chico caprichoso, le gusta que lo alaben y que le digan que todo lo que hace está bien. Un hombre que no acepta críticas, un sabelotodo que no quiere que nadie lo contradiga. Su figura es la de “yo soy tu papá y porque te lo digo yo es así”. Su trato cotidiano es altanero y por momentos payasesco.
-¿Le pasó alguna vez que lo maltraten como hace el Presidente con los periodistas?
-No, nunca. Una vez desde el diario La Razón me mandaron a entrevistar al Comandante en Jefe de la Armada. Un subalterno me respondió que “no estamos para pelotudeces”. Volví al diario y el director, Félix Laiño, me dijo que lo publicara textual y así salió. A la tarde llamó el Comandante queriendo pedir disculpas y la respuesta de Laiño fue que el periodista era el único que podía aceptar las disculpas o no. Pero el diario no tenía que disculparlo ya que publicó lo que había sucedido y punto.
-¿De qué manera plantarse frente al avance del poder ante el periodismo?
-Los medios tienen responsabilidad ya que deben publicar en base a la objetividad, decir lo que están viendo y sintiendo como noticia, con la mayor certeza y justeza posible, sin amores ni odios. De ello hay ejemplos como The New York Times, ellos dicen que son demócratas y punto. Acá hay una pátina o un engaño de una supuesta objetividad que en el fondo no es así. No está muerto el periodismo, hay que volver a ser el intermediario entre el que escucha y el protagonista de una noticia.
-¿Cuál entrevista de las tantas que hizo en su vida le gustaría volver a hacer?
-Kirk Douglas me dijo que sus películas son como los hijos, uno los quiere a todos pero a cada uno de manera diferente. Eso pasa con los entrevistados, más allá de los malos o excelentes tratos que uno ha recibido. Elijo dos. Una a la Madre Teresa cuando la acompañé todo un día en su tarea. La otra cuando el Papa Juan Pablo II me pidió que le hiciera una sola pregunta, le pregunté si siempre había que decir la verdad y me respondió: no siempre, ni en cualquier momento, ni a cualquier persona. Y tenía razón, hay momentos que no siempre podes decir la verdad.
-¿Qué entrevista quiso hacer y no pudo?
-Tengo una frustración con Nelson Mandela a quien corrí, fui a diferentes lugares y no pude hacerlo. Otra es que me hubiera gustado volver con Jorge Luis Borges a las pirámides en Egipto a donde fuimos una vez, con él volvería a hacer notas y además me llamaba como su amigo. Imaginate.
-¿Qué cobertura periodística haría hoy?
-Iría a Oriente. Hice muchas notas en El Líbano. Conocí el hotel Fenicia donde iban todas las celebridades, fui un año después pero ya era el cuartel general de Yasser Arafat. Dos años después regresé nuevamente y encontré los escombros del hotel. Eso está ocurriendo en Oriente, en Israel y en algunos países árabes. No entiendo por qué en esta época siguen haciendo estas cosas y no sé por qué Naciones Unidas no hace nada para impedirlo.
Me hubiera gustado volver a hacer una nota con Jorge Luis Borges en las pirámides en Egipto, a donde fuimos una vez
-¿Cómo debería formarse un periodista?
-Tiene que leer, estudiar, compenetrarse, interiorizarse de lo que va hablar, decir y escuchar. Debe haber menos improvisación e informarse antes cuando lo manden a hacer una nota. Ahora hay notas prematuras, salen a entrevistar a cada mamarracho. En eso el periodismo tiene que auto-limitarse y volver a los orígenes griegos, como ya dije, informar y contar lo que ve, sabe y lo que siente.
-¿Volverá a escribir otro libro sobre sus vivencias en el periodismo?
-Me pidieron la segunda edición, pero será post-mortem. Tengo para contar hechos muy duros para algunos y no quiero vivir en Tribunales.
-¿No tiene un anticipo para darme?
-Secretos sobre coimas, amoríos y cosas cotidianas que a los hombres le dan vergüenza. Cosas cotidianas, nada más.