Este sábado 11 de abril, la Fragata ARA Libertad zarpó desde la Dársena Norte del Puerto de Buenos Aires y dio inicio a su 54° Viaje de Instrucción. Como ocurre cada año, el buque escuela de la Armada Argentina volvió a convertirse en el escenario de una despedida cargada de emoción, donde se mezclan el orgullo, la expectativa y también el peso de lo que implica irse durante tanto tiempo.

El Tres TV y Rosario3 estuvieron presentes en la cobertura de la jornada y acompañaron el inicio de la travesía desde el agua, a bordo del ARA Ciudad de Berisso, una lancha de instrucción que siguió a la Fragata durante sus primeros movimientos. Desde ahí, la escena se percibe distinta: ya no es solo la postal desde el puerto, sino el momento exacto en que el buque empieza a alejarse y todo lo que permanece en tierra firme empieza, lentamente, a quedar atrás.

El viaje que acaba de comenzar tendrá una duración de 161 días —poco más de cinco meses—, durante los cuales la Libertad recorrerá más de 15.900 millas náuticas y visitará puertos de Brasil, Estados Unidos y el Caribe. Entre las escalas previstas, se destaca su participación en el desfile por el 250° aniversario de la independencia de Estados Unidos. A bordo viajan 256 tripulantes, entre ellos más de 40 guardiamarinas en comisión, que atraviesan la etapa final de su formación como oficiales.

Para ellos, este viaje es mucho más que una práctica. Es el cierre de una etapa. “Es el momento que estuvimos esperando durante cuatro años. Hay mucha emoción”, cuenta uno de los cadetes antes de zarpar. Otro suma: “Vamos a poner en práctica todo lo aprendido, es un desafío muy grande. Elegí esta carrera por la posibilidad de vivir experiencias que no se dan en otros ámbitos, al servicio de la Patria”. También aparece lo que cuesta: “Sabemos que vamos a extrañar a la familia”.

El momento de la despedida

Esa ausencia empieza a sentirse incluso antes de que el barco se mueva. Desde el muelle, la despedida es difícil de mirar sin que algo se movilice. Hay carteles, banderas, abrazos largos, manos que se sueltan a último momento. Pero sobre todo hay miradas. Ojos llenos de lágrimas donde conviven el orgullo y la tristeza. Se nota en los gestos, en los cuerpos que se quedan quietos cuando la Fragata empieza a alejarse. Padres, madres, abuelos, parejas: saben que no van a volver a verse durante más de cinco meses, y aun así están ahí, sosteniendo la despedida.

La histórica Fragata Libertad 

Una embajadora en el mundo

“La Fragata Libertad no es solo uno de los mejores buques de la Armada Argentina, sino un emblema nacional. Representa a nuestro país en el exterior. Es una embajadora”, explica el Capitán de Navío Jorge Gabriel Cáceres, comandante del buque. La definición resume el doble rol que cumple la nave: formar a los futuros oficiales y, al mismo tiempo, representar a la Argentina en cada puerto.

En esa misma línea, el Capitán de Corbeta Carlos Walter Contreras, jefe de Abastecimiento, destaca el valor que tiene formar parte de esta misión: “No hay marino en la Armada Argentina que no quiera estar en la Fragata Libertad. Es un premio gigante estar acá". Y reafirma que el buque tiene dos misiones: "La formación de oficiales y la representación del país en el exterior”.

Aprender en el mar

La formación, además, es concreta. No hay simulaciones. La Fragata tiene tres palos que alcanzan los 50 metros de altura y un sistema de 27 velas que requieren maniobras manuales. El contramaestre, suboficial mayor Jorge Alejandro Castro, muestra cómo funcionan los cabos, las velas y la estructura general del buque. Todo implica trabajo físico, coordinación y precisión. Es ahí donde los cadetes dejan de lado lo aprendido en el aula y lo llevan a la práctica real.

Desde el ARA Ciudad de Berisso, ese movimiento se vuelve evidente. A medida que la Fragata avanza, deja de ser una imagen imponente quieta y se transforma en algo dinámico. Empieza a tomar distancia, a achicarse en el horizonte, a convertirse en lo que realmente es: un buque en misión.

Una experiencia que también vivieron civiles

Una de las particularidades de esta zarpada fue que no solo participaron familiares, autoridades o personal de la Armada. A través de un sorteo, un grupo de civiles tuvo la posibilidad de vivir este momento desde el agua, a bordo de una embarcación similar a la que utilizamos para la cobertura.

Esa experiencia —poco habitual— permitió que personas sin vínculo directo con la fuerza pudieran acercarse a lo que significa una salida de estas características. No desde la distancia del muelle, sino desde adentro del río, siguiendo a la Fragata en sus primeros metros de navegación.

Historias que se cruzan en el muelle

Entre quienes también formaron parte de la jornada hubo historias que conectan con distintas generaciones. Dos veteranos de la guerra de Malvinas fueron invitados a participar. “Esto me remueve muchos sentimientos. Yo volví como prisionero de guerra y ver la tecnología de hoy me llena de orgullo de haber formado parte de la Armada”, cuenta Víctor. A su lado, Jorge agrega: “Es un orgullo ver que los jóvenes sigan eligiendo las Fuerzas Armadas para defender la soberanía, como lo hicimos nosotros en su momento”.

La histórica Fragata Libertad argentina 

También estuvo presente Alberto Cormillot, junto a su hijo de cuatro años. Con pasado en el Liceo Naval y experiencia en el buque escuela Sarmiento, antecesor de la Libertad, se acercó para compartir ese momento desde un lugar personal: transmitirle algo de esa historia a su hijo.

Una historia que sigue en movimiento

La Fragata Libertad fue botada en 1963 y desde entonces recorrió más de 1,2 millones de millas náuticas, visitó más de 80 países y participó en múltiples eventos internacionales. En 2001 fue declarada oficialmente “embajadora de la República Argentina”. Su historia también incluye episodios como el de 2012, cuando fue retenida en Ghana en medio de un conflicto judicial internacional y liberada posteriormente por un fallo del Tribunal Internacional del Mar.

Hoy, con un nuevo viaje en marcha, esa historia suma otro capítulo. Cambian los nombres, cambian los destinos, pero la lógica se mantiene: formar, representar y sostener una tradición que sigue vigente.

Todos los años se renuevan las historias en torneo a la Fragata Libertad 

A medida que la Fragata se pierde en el horizonte, lo que queda es una escena difícil de olvidar. Porque no es solo un barco que se va. Es todo lo que se pone en juego en ese momento: la vocación, el esfuerzo, la distancia y también la certeza de que, cuando vuelva, ya no va a ser lo mismo para quienes se fueron.