Entre tanta información del Rosario histórico, fundacional, el de las fechas y los datos precisos, hay lugares que terminan instalándose en un plano mucho más intenso: el de la experiencia cotidiana de los rosarinos. Galería Rosario, que cumple 70 años, pertenece claramente a esa categoría.

Para entrar en aquel tiempo conviene detenerse primero en la cámara de Joaquín Chiavazza. Durante la década del 50 y buena parte del 60 hizo algo extraordinario: fotografió la vida cotidiana de Rosario. La Editorial Municipal dedicó un libro a su obra. Era el fotógrafo de La Tribuna, aquel diario vespertino tan ligado a la vida local, al deporte, al boxeo, al turf, al fútbol y a los espectáculos.

En sus imágenes aparece una ciudad elegante, de hombres engominados y trajeados, mujeres distinguidas caminando el centro, una Rosario comercial intensa, todavía lejos de imaginar su futuro. Y entre aquellas escenas aparece un hecho nuevo.

Un viejo recorte de diario del día de la inauguración de la Galería Rosario (Foto: gentileza de Juan Cruz Davalle Gerkelis)

El 25 de mayo de 1956 abría sus puertas Galería Rosario. Rosario era entonces ciudad de sastrerías, grandes perfumerías, grandes salones comerciales sobre Córdoba y San Martín, cuando comenzaba a instalarse un fenómeno urbano novedoso: el de las galerías comerciales.

Hay que meterse por el ojo de cerradura de aquella época para valorar el alcance de la apuesta. Fue una obra de avanzada impulsada por Candia Construcciones, de Rafael Candia, comunicando dos arterias decisivas de la vida céntrica —San Martín y Sarmiento—. Y dentro de esa obra aparecía además la presencia de uno de los grandes artistas que dio la ciudad: Julio Vanzo.

Su obra permanece allí. Sigue distinguiendo a la galería y al propio centro rosarino. Continúa asombrando a los transeúntes, dejándose ver en los laterales, en los entrepisos, recordando todavía al caminante del siglo XXI que Rosario también se construye desde el arte cotidiano.

A Galería Rosario le tocó vivir todas las ciudades que Rosario fue siendo. La de los años 60 y su estética particular. La ciudad de los discos, del aeromodelismo, del traje de sastre y después de la ropa informal. La Rosario de los 80, con sus vaqueros importados y sus nuevas costumbres urbanas. También la ciudad del paseo.

 La maqueta del ambicioso proyecto de la Galería Rosario (Foto: gentileza de Juan Cruz Davalle Gerkelis)

La Rosario de La Favorita por Córdoba, del Gran Rex, del cine Heraldo, de la galería Broadway sobre San Martín y sus disquerías. La ciudad que salía a caminar el centro de noche, simplemente para mirar vidrieras. Y allí estaban también los escaparates de Galería Rosario, formando parte de aquella liturgia urbana tan rosarina. También la ciudad de los cines, del movimiento céntrico y de los encuentros.

Los rosarinos que salían del Radar, del Nilo, del Monumental, del Gran Rex y seguían prolongando la jornada en ese universo tan propio del centro.

Allí estaba Bridge, inolvidable en la memoria rosarina: ese puente del primer piso convertido en referencia gastronómica, con su papa suflé y su lugar ganado en varias generaciones de rosarinos.

A Galería Rosario le tocó vivir todas las ciudades que Rosario fue siendo

Y estaba el Mogambo, el bar americano sobre San Martín, recibiendo desde la entrada con el ruido de la licuadora, el café molido, el aroma de la carlitera y ese movimiento constante tan propio de las galerías céntricas.

Porque Galería Rosario también fue territorio de cruces. Allí convivían los rosarinos de barrio que “iban al centro” con quienes directamente vivían el centro como rutina diaria: empleados bancarios, oficinistas, comerciantes, trabajadores de locales, habitués del microcentro.

Como escribió Jorge Riestra, “en el barrio se vivía, pero al centro se iba”. Y Galería Rosario ocupó durante décadas un lugar propio en esa liturgia urbana. También persiste en la memoria íntima de muchísimos rosarinos: el primer reloj, el primer par de zapatos para una fiesta, la primera corbata, una compra especial, una tarde distinta en el centro.

Un carioca bien frío. Un café al paso. Un jean importado de esos que llegaron sobre el final de los 70. Una campera para el viaje a Bariloche. Las instrucciones para armar un avión en uno de esos clásicos locales de aeromodelismo, hipnóticos frente a las vidrieras viendo hace más de medio siglo las primeras filmadoras que llegaban a la ciudad. Pequeñas escenas privadas que terminan formando parte de una memoria colectiva.

Galería Rosario, el alma del centro de la ciudad (Foto: gentileza de Juan Cruz Davalle Gerkelis) 

El siglo XXI nos pasó por encima y hoy, ya bien avanzado, ahí sigue Galería Rosario defendiendo su fuerte identidad local. El centro ya no convive solo con nuestra vida comercial. Llegaron otros espacios, otros hábitos, las plataformas, las compras online, una sociedad que muchas veces pasa buena parte del día scrolleando el celular. Y sin embargo, ahí está.

Nunca está de más volver a recorrer el centro. Levantar la cabeza por Córdoba o Rioja. Redescubrir detalles arquitectónicos, alturas, pasajes, galerías.

En el barrio se vivía, pero al centro se iba

Lo recuerdan permanentemente nuevas generaciones de observadores urbanos, jóvenes apasionados por la historia local, y también espacios de Facebook como “Fotografías y estampas del Rosario antiguo” y “Rosario en el recuerdo”, donde patrimonio, vivencia y memoria encuentran una convivencia plenamente contemporánea dentro de las redes sociales.

Muy bien custodiada por ese pasado y plenamente vigente en el presente, Rosario podrá ser capital del fútbol o del Día del Amigo, pero también es la capital de las galerías. Y en esa tradición de siete décadas, Galería Rosario sigue siendo la piedra fundacional del circuito, el alma misma del centro.

Alcanza con caminar sus pasillos para advertir, sin sobreactuaciones, que uno está pisando suelo propio. Un noble brindis por nuestro querido centro. Por aquel café de punta de galería que daba la bienvenida desde ambas arterias. Por los hombres de gabardina, paraguas en mano, por aquellas señoras del café y la conversación, por la Rosario del paseo y del encuentro. Porque entre esos aromas, esas charlas y esos pasos compartidos, hace 70 años sigue nuestra Galería Rosario.